Otro cambio de «humor» en los vientos del mercado local, encomillado el término porque el humor no tiene nada que ver con la inversión bien encarada, aunque muchas veces aparecen operadores que tienden a reproducir los síntomas del ataque al hígado cuando actúan.
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Lo que cambió fue un hecho base del fundamentalismo: se salió de la varadura de órdenes, que impregnaba las paredes del recinto de aburrimiento peligroso, y hubo dos escalonamientos de agregado de órdenes puntuales de la demanda. El lunes quedó reflejado en los saltos de precios en Galicia y Acíndar, dos de las tres columnas del Merval actual, y como por aquel viejo «act of magic», de los ingleses definiendo a la Bolsa: el índice se puso a acariciar los «1.000» puntos nuevamente cuando un par de tardes atrás, estaba viendo de cerca cómo tomarse de la cornisa de los «900» puntos.
Una zona, una franja de indecisiones y dudas que asaltaron, y que tanto podía haber roto lanzas hacia arriba, como hacia abajo. Por fortuna para los que siguieron firmes en la vocación de cumbre, pareció quebrar la monotonía el flanco de los «toros» y subiendo la intensidad a unos $ 16 millones de efectivo, lo que era no más de $ 22 millones unas fechas previas. Con lo único que se logra una evolución que pueda consolidar, con dinero, la plaza viró de golpe y se acordó de su objetivo delineado desde octubre. Hasta que un mes que venía para funesto, haciendo honor a su pasado, se colocó en posición de tocar la cima, antes de cerrar su protagonismo de 2003. ¿Lo habrá tocado ya, al momento de aparecer estos «cupones», escritos desde el mismo lunes?... Si otra vez se resbala la posibilidad, estando tan cerca, habrá que refrendar la teoría de que se tiene fuerte desconfianza al «día después», de llegar a los «cuatro dígitos. Lo singular es que hay gente que no sólo es optimista sino que se da «rosca» de manera entusiasta. Y ya hay operadores que preguntan: cuándo se llegará a «1.500» puntos. (Esto último, lo extrajimos de un diálogo informal con gente del mercado que está siempre dentro de las ruedas, pero que -por el momento- suena a broma: aunque todo parece ir teniendo respuesta, dentro de este año tan propicio a los activos bursátiles privados). A tal interlocutor le comentamos, de paso, la nostalgia por notar la ausencia del «gran público» y que se retiró de la inversión desde hace años: para nunca volver. Todo se ha deslizado silenciosamente, nadie -fuera del circuito- pareció prestar mucha atención a una inversión que duplicó su índice en dólares, en poco más de diez meses, y hasta hay que escuchar que se va a colocaciones que han defraudado la confianza y buena fe de los creyentes (bonos del Estado, plazos fijos, entre otros) por acción directa, o indirecta, del propio gobierno de turno. No hay tampoco el debido «marketing», el sistema parece conformarse con lo que tiene y hace: dejando pasar una ocasión histórica de volver a sumar fieles. Y, bueno...
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