10 de febrero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Parece que la orfandad de conocimientos, en las reglas básicas de los mercados, ya no reconoce personalidades, ni banderías políticas. A la larga lista de apelaciones oficialistas desparramando por el mundo una sarta de tonterías para defender una negociación que podía haber sido más potable aferrándose al raciocinio ahora se anotó Rodolfo Terragno en la carrera de argumentar queriendo calificar al acreedor, antes que conseguir un puente. «Hay acreedores con ganancias exageradas...», dijo el ex funcionario, como si esto resultara algún impedimiento para que reclamen lo suyo. ¿Quién puede penalizar una ganancia «exagerada», en un título con cotización? En todo caso, bien podría perseguirse a los videntes que supieron tomar un Merval de 500 puntos y se fueron de viaje hasta los 1.200 puntos largos, en un año. ¿Fueron demasiado codiciosos, no merecerían que las empresas les paguen dividendos porque han hecho tal diferencia? Es posible que de tanto repetir argumentos vacuos, que no merecen ni analizarse, resulta que van prendiendo en la gente.

Seguro que dentro del propio ambiente de los negocios porteños, más de uno comprará la idea de que la quita está bien, «porque ganaron mucho». O porque esos papeles les daban una renta «exagerada». Tímidamente, pero al fin, alguien de la esfera oficial lanzó algo más razonable al sugerir que «deberíamos salir al exterior y pedir disculpas...». Ciertamente, sería un mucho mejor comienzo para una « carta abierta al acreedor», que colocarle en el inicio: «Señor atorrante...».

¿No convendría que empiecen a pensar que los verdaderos «atorrantes» y «jugadores de casino» fueron los gobernantes que emitieron parvas de títulos careciendo de responsabilidad y respaldo razonable? Además, persiste la insólita argumentación de excusarse diciendo que este gobierno «heredó» el default y el endeudamiento. Es como si todo debiera arrancar de cero, ante cada cambio de autoridad, pasando por encima del principio de deuda soberana, que es lo único que le importa a un inversor que toma papeles de deuda de un país. Lo que le garantiza que el emisor seguirá existiendo y no llegando a desaparecer, como una Enron o una Parmalat. Por el ambiente fue rodando la causa más a mano, a la que endosar la baja del mercado bursátil, en función de la palabra «embargo» que se instaló días atrás. En verdad, se puede relacionar mucho más con un «embargo» de subas excesivas, que hizo sacudir del árbol del Merval a mucha fruta que, de madura, ya se estaba pasando. Tan simple como eso. Un principio de física. En cierto momento debía sobrevenir la fuerte poda de diferencias, el detonante era lo de menos. Los gases explosivos, como en un silo, estaban asfixiando el recinto y las pantallas; solamente faltaba que « alguien», o algo, se pusiera a fumar por la zona. En el medio, hubo ciertas torpezas en reacciones descomedidas, antes de dejar asentar bien los pisos.


Recaídas, llamando a prudentes « enchufes» de posiciones, y tampoco interesa el origen, más que para saber de dónde viene el cachetazo.Y ya saben: los « codiciosos», abstenerse (línea K).


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