23 de marzo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

La nota de Jacques Cousteau, reportaje de 1996 que reseñamos ayer, colocaba como un riesgo cercano aquello que sólo ocho años después el «sistema de mercado» está teniendo que aprender a manejar: la irrupción de China y sus 1.300 millones de habitantes, que están conociendo y ampliando sus posibilidades de consumición. Justamente, acaban de dar otro paso trascendental para integrarse de lleno al mundo occidental: reconocer la «propiedad privada» en su territorio. La Argentina es uno de los países que puede estar festejando ese ingreso y la suba de «commodities» como la soja, la que no consume y casi toda exporta. ¿Qué mejor que incorporar consumidores de a cientos de millones? Es lo mismo que se desea «a priori», con los papeles cotizantes en una Bolsa: el gran sueño pasa por una demanda que se multiplique y se multiplique. Y que siga así, aunque los precios comiencen a subir. ¿Dónde terminan esos sueños de ciclos, dónde se quiebran las leyes de oferta y demanda? En explosiones. Mejor dicho, en el caso de la Bolsa, en implosiones. Y lo paradójico es que se van forjando el explosivo y la «burbuja», a partir de una crisis de oferta; la cantidad de títulos en venta es siempre insuficiente. Es cuando las sociedades tratan de implementar algún mecanismo como para surtir a la plaza, ávida de papeles. Realizar suscripciones, por caso, pero los trámites no son veloces como la trepada del ciclo. Entonces, pasa.

Sin ser economistas, sólo tomándonos de los peligros que mencionaba Cousteau -que tampoco lo era-, la pregunta sería: ¿podrán estar preparadas la economía y la producción mundial para cubrir a tiempo la demanda china?
Todo bien que escasea se encarece, pero esto forja el circuito de la inflación de costos, hace pocas décadas sufrida por dos veces con la «crisis del petróleo», desencadenada por una OPEP que advirtió su poder. Y la primera, recuerde el lector, fue del petróleo: la segunda resultó potenciada, porque se hizo también una crisis financiera y un reflujo de los « petrodólares» que hizo temblar al mundo, en 1987.
Cousteau acentuaba, en lo que conocía como nadie: la producción del mar. Y decía que no habría modo de abastecer la demanda china de pescado, menos todavía con un mundo de 5.000 millones de habitantes; que se duplicaría hacia 2050. Y 2050 está allí nomás. Pero, cuando se anexaran consumos en rubros donde los chinos vivieron marginados por su política cerrada -como automóviles, electromésticosesto llevaría a otro tipo de explosión: la ambiental.Y es una buena pregunta saber si la «economía de mercado» está ya operando sobre esto o si sólo se festeja que los chinos hagan «tironeos» de demanda. Petróleo, siderurgia, plásticos, goma, una serie de productos esenciales, con precios por los aires y, en varios de ellos, con plantas desactivadas. El peligro chino puede venir ahora, con otro aspecto.

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