El mercado de Buenos Aires ha dejado de reaccionar a los estímulos que provienen del esquema de globalización y de cuando nuestros gráficos parecían actuar en simpatía con lo que generaban las plazas rectoras en el mundo. Pero, también, ha ido tomando cuerpo la falta de reacción a estímulos precisos y hechos a la vista, propendiendo a una serie de altibajos desordenados. Cuando se sube, incluso en ruedas donde se dan saltos hasta de más de 2% en el índice ponderado, o cuando se vuelve a introducir en un pozo de plena oscuridad en volumen y precios, no aparecen los motivos para cambios tan repentinos. Una marcha convulsiva, que está en una zona de anarquía plena y como si la propia Bolsa fuera capaz de crearse sus estímulos o depresiones, algo que, se sabe, no le es posible a quien es simple instrumento medidor de las circunstancias que la rodean. Y que recibe la mención de resultar un «espejo» del contexto, y un espejo no puede crear imágenes, solamente reflejarlas.
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A falta de ver claro, y ante la imposibilidad de darles vacaciones al sistema y a la tendencia, todo se ha transformado en un juego del acierto y del error, apuntando a algunas plazas, variando por otras, pero huérfanos de argumentación fundamental los operadores y, quizá, solamente sostenidos por las deducciones de la técnica. Algo de esto último sigue estando vigente, una rama que sigue viva en el árbol que se seca. Lo cierto es que atreverse en tal campo, desprovisto de armas racionales, convierte una incursión de inversión bursátil en un singular «safari» hacia los confines de la plaza de riesgo. Puede uno salir indemne, victorioso o escaldado. Y no tiene que ver con ello la preparación que se traiga, sino un buen golpe de vista, mucho de olfato y -bastante- de suerte...
Yendo y viniendo, cayendo y levantándose, se han ido ocho meses del año, y el resultado obtenido es un mercado sumamente escuálido -porque come pocas órdenes- y manos nerviosas que tanto son tomadoras como vendedoras. Balances, como podía presumirse, no han dejado su marca nítidamente grabada en las plazas. Ni las muy buenas en cifras se han llevado al panel por delante ni las que vinieron decepcionantes se han derrumbado. Tampoco se insistió con el pase de posiciones, que en algunas fechas de agosto pareció advertirse -cuando había una corriente firme hacia Tenaris, en desmedro de otras- y que después volvió a convertirse en una sola masa respondiendo a mejoras o caídas de tensión. Y si el volumen se presta para hacer tanto $ 14 millones por rueda como trepar a más de $ 30 millones, el escenario se completa para insistir sobre lo mismo: zona anárquica, donde hay que llevar casco.