1 de diciembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Hoy, casi puede asegurarse que las hipótesis más optimistas sobre el trayecto de 2004 quedarán bastante lejos de la meta. Recordemos que en esos chequeos entre gente del ambiente, la cifra de 1.500 para el Merval era reiterada y dejando de lado alguna todavía más entusiasta, mucho más arriba que eso. También la gran levantada de la segunda parte del ejercicio generó por algunos pasajes la sensación de que tales pronósticos podían quedar bastante más cercanos de lo que ahora se ven.

La última etapa de noviembre trajo consigo un pozo de aire bastante imprevisto, en lo que hace a su profundidad. Como para que el índice deba estar luchando detrás de sus propias líneas, en terrenos que parecían poder darse por ganados. Perforando los 1.200 puntos, utilizando el recurso de última instancia una actitud netamente defensiva, es lo que queda despidiendo al mes. Cierto que tiene fuerte connotación con la realidad que se ha estado viviendo, visto el papelón oficial con un tema de convenio con los chinos. Y agregándose las dilaciones a improvisaciones, acerca del remanido asunto de los bonistas que cada vez parece más lejano, cuanto más cercano se lo anuncia. Tomando una de las genialidades de Macedonio Fernández, podría decirse que cuando los funcionarios «gastan una tontería de inmediato la reponen en el inventario». Y así, siempre se mantiene un buen volumen disponible, inalterable, para continuar utilizándolo en otras cuestiones. La sensación de la extrema endeblez en que se apoya lo conseguido tras el epicentro de la crisis es lo que da para alentar temores y habilitar hipótesis variadas acerca de cómo nos irá en 2005. Esto le otorga un respaldo racional al tal pozo de aire aparecido y dejando en un clima de suspenso el remate del año.

Cuando estuvieron presentes los estímulos positivos, más en forma de esperanza que de realidad concreta, el mercado supo responder con muy buenos desarrollos y una escalada de volumen con muy buenos desarrollos y precios que dio vuelta el año. Y después, al resurgir los hechos fallidos y la falta de soluciones de fondo a varios temas que esperan desde hace mucho tiempo, la esperanza se vio estrujada, dando cabida a otro tipo de presunciones: viendo el lado pesimista de lo que pueda venir. Alternativamente, todo tuvo su respuesta en la Bolsa, con un comportamiento sin el gran público y con carteras que se mueven de modo drástico, en ambas direcciones. Solamente el contexto será capaz de devolver el perdido brillo.

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