2 de diciembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Salvo que algunas carteras mayores se dispongan a ejecutar alguna partitura no escrita, improvisando sobre la marcha, parece haberle caído cierta pesada piedra a la tendencia. La posibilidad de que el reinicio semanal mostrara alguna rehabilitación parcial, del tipo «fin de mes», en realidad fue otra «liquidación de fin de mes». Quedan colgados, como para un marco, los intentos fugaces de marcar el índice hacia arriba de lo anterior, y en medio de la trepada se vuelve a quedar seco de combustible. Con muy poco se lo busca renacer, con muy poco se lo barre, sin que ahora exista una oferta desmedida y con los negocios manteniéndose en la cota mínima y a la mitad del tanque lleno que poseyeran ruedas de primera quincena.

El lunes hubo aflojada en puntos que parecían firmes, como Acíndar, ya sin necesidad de que decaiga la plaza principal del Galicia. Con eso sólo, el Merval se arrugó en más de 1%, mientras el grueso de las líderes tiende a deambular sin sentido, como pérdidas en un vaho que todo lo invade y donde no se alcanzan a distinguir cuestiones estimulantes. Se hace difícil interpretar el momento, donde el mercado puede estar con el ya cansador ejemplo del «medio vaso» --lleno, o vacío- y lo que se comprueba en el volumen puede ser válido en los precios.

Por largos pasajes, la creencia de que el vaso está medio lleno todavía -como para perder más volumen- aún tiende a prevalecer, sobre los que creen que ya el vacío ha sido bastante y lo que puede quedar es que gane medida oportunamente. Como esto no depende del mismo mercado, sino de lo que aporte el escenario, solamente aquella música improvisada y seductora podría crear un jardín, donde hay sólo arenas.

Extender, todo se extiende en lo que podría considerarse el poder más dilatorio de la historia. Hasta en casos tan triviales, como resolver un conflicto entre empleados y empresa de subtes, las cosas se alargan con esa costumbre de las «conciliaciones obligatorias» que aumenta las presiones y harta a los involucrados. Imaginar de qué manera se pueden dilatar las cuestiones realmente de fondo, es ver lo que ha seguido sucediendo con los bonistas, con el Fondo, con la urgencia en saber si volvemos -o no- a estar dentro de un tablero al que miran con asco, pero es lo que hay en el mundo. Y China, con su histórico pedido de ser considerada «economía de mercado», ha puesto el broche de oro, y aquí mismo, en nuestro medio... La teoría del que no está conmigo está en contra de mí parece ensayarse con sistemático entusiasmo. No se han modificado ni un ápice los modos desagradables de exteriorizar posiciones sobre los asuntos, y los asuntos se van haciendo desagradables.

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