Es como si odiáramos el círculo virtuoso de hacer reserva de la prosperidad para poder soportar los valles y solemos resolver por el lado de: «La vida hay que vivirla», repartamos lo que hay, consumamos, después Dios dirá. Y en un mundo tan cambiante e impredecible como es el de estas épocas, donde todo está en permanente flotación, lanzamos proyecciones de crecimiento, dando por supuesto que una proyección es un resultado. Y no pasa de ser la forma menos criticada y más sofisticada de la tan vituperada « especulación». Cuando se proyecta, esto se ha visto muchísimo en la década pasada con los « research» bursátiles, se toman determinados datos de la realidad y se los transporta a futuro, considerando que las condiciones de ese desarrollo estimado permanecerán estables. Por caso, proyectar un crecimiento de 2005 dando por sentadas determinadas cifras de recaudación fiscal, de nivel de exportación, de precios de productos, de ritmo de consumo interno, y aparecer con una cifra que a casi todos seduce. En tanto, parece razonable utilizar dineros del presente y darles destino de dispersión, como queriendo ir cobrando a cuenta por la felicidad futura. Algo así como que un agricultor hubiera imaginado que el precio de la soja iba a permanecer en los máximos históricos y -en base a su bonanza futura-hubiérase endeudado hasta la coronilla.
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Sabemos qué sucedió en el año con uno de los baluartes de nuestras cuentas favorables, de qué modo han retrocedido los precios. Sobre el recorrido de 2005, en el mundo y aquí, no es mucho lo que se puede establecer de antemano. Y, menos, intentar que esto sirva de pronóstico de ingresos y egresos. Sentados sobre una pila de problemática bien pesada, la sensación que se dispersa es la del «Estado proveedor» y que tanto puede dejar que «las empresas las coaccionen para extraerles aumentos como analizar enderezar la situación, dando oficialmente incrementos por voluntad. La intentona de recrear la máquina del movimiento perpetuo desde la incentivación del consumo interno es una solución tan trillada en la historia mundial que cuesta imaginar que se la desempolve con tanta liviandad. De la «inflación de costos» ni hablar. Ver una sola cara de la moneda -la demandatuvo su época de apogeo que liquidó aquella primera crisis del petróleo. La Bolsa, el mercado, sus fuerzas, no se han dejado todavía endulzar los oídos por esa tendencia, lo que no quiere decir que no se deje. Pero su marcha muy mesurada no se ha visto cambiar de ritmo en estos días. Prevalece más la preocupación. Y es una buena idea evitar los cantos de sirenas... Informate más
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