16 de mayo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

A ver si alguna mente brillante nos puede explicar cómo pueden compatibilizar las ideas de incrementar producciones, dar más trabajo, fomentar el crecimiento económico y -al unísono- salir a penalizar gravemente un aumento de consumos en el gas y la electricidad. Por si fuera poco, aquello descripto como supuestas metas a alcanzar deberán ser verificadas, sin propender a aumentos que tonifiquen la incipiente inflación surgida. Se formaliza así un esquema sólo manejable desde lo metafísico (otra vez, se encuentra un tema para superar el genial Macedonio Fernández) y donde los empresarios de todo tipo tienen que buscar crecer, aumentar la producción sin saber del abastecimiento de fuentes de energías imprescindibles. Y con otra incertidumbre, no saber en cuánto se le encarecerá el producto si es que transgreden el umbral del ahorro de energía. Además, saber que deberán asumir todo incremento, porque si lo trasladan a precios podrán ser flagelados públicamente, por gobernantes que no titubean en arrojar a los leones a los que consideran hacedores de inflación.

Un juego que, ciertamente, no le envidiamos a ningún empresario tener que estar jugando en estos tiempos: el de tener la permanente duda atroz de rechazar demanda o exponerse a pasar por la cámara del sufrimiento por el «delito» de querer expandirse.

El algún momento deberá definirse a qué tipo de principios económicos se responde, o si todos son arrasados de cuajo por el predominio de la ideología, que se da el lujo de defecar sobre todo concepto de mercado.

Los empresarios, en tanto, se alinean en tratar de ir a quejarse a Brasil, mientras se guardan muy bien sus quedas sobre los que les plantean escenarios inviables. Cómo es que no se oyen voces de reclamos por tener que lidiar con metas que resultan imposibles, es la consecuencia del sólo mascullar en los pasillos, pero subordinarse a la irritación que derraman los que quieren torcer las leyes básicas y no soportan que las consecuencias resulten indeseadas.


Si se sabe de quienes pueden producir más, sin energía segura o con penalizaciones altísimas, asumiendo un aumento de costos y los incrementos salariales, pero sin modificar su lista de precios: que los traigan, porque deberán repartir la fórmula y será como haber hallado el «código Da Vinci». Estos son los temas que están bullendo por debajo de la superficie de la economía, aunque la opinión pública en general prosiga siendo entretenida con temas que puedan hacer «tapa» por algunos días. La baja de peso de Maradona, el trillado asunto de los sobresueldos, la excarcelación de Alsogaray (curiosamente, después de haber prendido el ventilador con ese tema). Hilván de «sucesos argentinos» que sirven como los de antes: hasta que llegue a verse la película de fondo.

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