Se comentaba en el ambiente bursátil de días pasados, cuando los activos en general parecían no tener demasiado entusiasmo por la mejora, que en el segmento de los bonos se verificaba cierto cambio de portafolios y que se está arbitrando en cuanto a rendimiento, con o sin inflación incluida, y en virtud de la «duration»: tal término, muy obvio aunque sea en inglés, responde al período que debe esperar un inversor para recuperar lo invertido. Pensamos para nuestros adentros (porque había en la mesa ciertos bonistas entusiastas) la «duration» para un bono argentino puede ser... la eternidad. No por afán de ser pesimistas, sino por la experiencia más reciente -que muchos quieren dejar olvidada, aunque voces del exterior repiquetean con terminar de arreglar lo que quedó fuera del canje- y que, al menos a nosotros, nos indica simplemente que dentro del tipo de mentalidad inaugurada en el default: resultamos del tipo de emisor/deudor que honrará los compromisos, en la medida en que no se sienta apretado. No es ningún despropósito imaginar que si las variables que ahora favorecen se dieran vuelta, un nuevo llamado a la emergencia y a repugnar deudas podría aparecer en el escenario. La mentalidad es la misma del canje, lo único que varió en suplantar unos papeles por otros, más la emisión de otros nuevos por default. Hablar de «duration» de plazos cortos, tres años es entrar a terrenos pantanosos. Bonos a cancelar entre el 2007 y el BOCON, lleva a pensar si estaremos como ahora. O mejor, o peor. Y, más todavía, lleva a imaginar qué escenario se estará teniendo que vivir con gobernantes que estarán -esa vez sí- buscando su reelección. Es como entrar a lo inimaginable, donde ni siquiera la fantasía tal vez alcance a la realidad que se produzca. • Pero, bueno, parece que cuando se transa y comenta sobre papeles oficiales, se tiende a considerar que son títulos de cualquier país más o menos normal. Mientras tanto, las acciones tienen que rendir exámenes mucho más duros -empezando por los balances- y no cuentan con los favores de inversiones importantes. Puede ser que estemos muy equivocados, al pensar que un título de una sociedad anónima resulte activo más confiable que un bono del mercado posdefault. Que salió del mismo ahorcando poseedores de títulos predefault. Y que quiere restarse de su deuda aquello que se quedó afuera, por no estar de acuerdo con las condiciones.Y por eso que cuando se había de elegir por « duration» lo asociamos a que eso puede ser tres años, o la eternidad. Según de qué modo les vaya a las cuentas públicas, de quienes consideran que un bonista pasa a ser un socio solidario de las malas cuentas. Para ser socio, al menos de la minoría y no en el estricto sentido del término, se inventó la acción. Los otros, son simples papeles de deuda, sin garantías reales, expuestos a los designados de turno.
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