Cupones bursátiles

Economía

¿Podrá ser un buen paso dado por el sistema bursátil para recuperar el malamente desestimado «chiquitaje» inversor? Nos referimos al nuevo producto que lanza el Merval, con la base tan accesible de $ 1.000 solamente para poder estar representado por ocho empresas. Acciones de indudable gran calibre, en la economía local e internacional.

Faltará más, mucho más, para que los años donde el sistema no hizo nada por retener al inversor individual de pequeño tamaño -deslumbrado por la llegada de los fondos institucionales que todo lo iban a rebasar- se puedan ir recuperando. Sin llegar a aquella zona de la historia, los años '60, donde existían productores que vendían acciones casi casa por casa y que lamentablemente terminó en un mercado fallido que volvió a desalentar gente por demás. Una labor metódica e inteligente puede ir abonando el camino para que -dadas las condiciones de contexto- se pueda reformular esa necesaria capa protectora de los inversores de nivel popular. Que es el modo, también, de tener a la Bolsa en las calles, en los barrios, no solamente limitada por las cuatro paredes de su recinto.

Con muy poco queremos entusiasmarnos, realmente no hay un motivo tangible para hacerlo. Especialmente porque tal producto recién comenzará a rodar en estos días y habrá que ver qué nivel de éxito puede alcanzar en su primera fase. Es lo que abriría la senda a lo que está programado para salir después, formalizando un buen frente de ofrecimientos para todo público, como en las películas aptas: «sin restricciones».


A este paso le queremos dar el crédito de que haya sido diseñado que el corte popular del que hablamos, porque para grandes carteras, o para muy entrados en el negocio, ya hay alternativas por demás. Y hasta llegar a la sofisticación de los «derivados». Asociamos lo que se lanza, aunque no resultan de la misma especie, con aquello que incorporó la Bolsa de Comercio en dos pasos: el cheque diferido en el ambiente de lo bursátil. Y luego la aparición de los «plazos fijos cotizables», buscando penetrar en otra napa inversora que no tenía relación con el circuito tradicional. Empalmando con estos certificados Merval se puede encontrar un cierto círculo virtuoso para atraer sangre nueva al radio de la Bolsa. Y nos quedamos con esos deseos, con tales proyecciones optimistas; no queremos ir más lejos porque ya pediríamos una vuelta al mercado «voceado», al tradicional de las plazas, los gritos, los brazos en alto, la febril concurrencia al recinto diariamente. Y por ahora es ir demasiado a fondo, porque no advertimos que existan muchas mentes operadoras predispuestas a una «remake» de la postal aquella que testimoniaba lo de mercado popular.

Por alguna punta se comienza; el viejo amigo Balzac afirmaba que
«toda cabeza dura tiene una grieta en algún sitio». Ojalá que esa grieta esté en el sistema.

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