20 de diciembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

No duran nada ya los considerandos para una rueda, que en la siguiente el discurso debe cambiar. Terrible labor para agentes bursátiles y asesores de cartera, que debían ser receptores de la oleada compradora del jueves para tener que «dar contención» a los reclamos después del cierre del viernes. ¿Y qué podría uno explicar, frente a lo sucedido? No puede argumentarse que «el mercado se equivocó» con la euforia desatada en la última hora del jueves, sabido aquello de la ley de rigor sobre que el mercado «nunca se equivoca». Pero los intervinientes sí. Y después de lo observado el viernes, cuando era el primer día de decantación de la noticia del pago al Fondo, la conclusión sería que los operadores del día anterior forzaron una suba que el mercado no convalidó en la rueda inmediata.

Pero ya suena a extraño tanto error de pronóstico, cuando algo similar sucedió con el viernes de la trepada de volumen a $ 135 millones, diluida el lunes.

Ahora, con sumas coincidentes de negocios, la jornada de clausura desdijo la impresión previa. Y la baja de casi 2% estuvo refrendada con otros $ 135 millones de negocios. Es decir, la trepada de volumen resultó muy generosa para enmarcar una plaza líder que sufrió, especialmente, en sus tres especies vitales.

En relación con el movimiento, lo que quedó más en pie fue el porcentual de caída, como denotando que existió un poder de asimilación todavía amplio, aunque desbordado. El ambiente bursátil se convirtió en un foro de desconciertos y asombros, observando la inmediata respuesta negativa a la suba entusiasta del final del jueves.

 

¿Qué queda por pensar, respecto de la opinión bursátil en función de la noticia? Observando opiniones variadas de distintos analistas y «gurúes» consultados por los medios, no se advierte una opinión masiva en torno a lo positivo del anuncio. Tampoco una conclusión adversa y lapidaria. La que dio el mercado resultó mucho más drástica que hasta el más escéptico de los personajes consultados. Se « compró» la novedad y se la « vendió» al día siguiente.Así de fácil. Sin dar tiempo a ningún desarrollo más alcista y que produjera buenas diferencias para el descreme. Casi nadie se dio al respiro; desde que la campana anunció la apertura estaban los vendedores con órdenes dispuestas.

Haber echado a los «auditores» de los libros nacionales que es lo que puede quedar más claro de la jugada ensayada, parece tan riesgoso para la salud económica como cuando en un balance empresario sus auditores dicen «abstenerse» de opinar.Aquí se fue más allá, se paga una fuerte suma como precio para quitárselos de encima. Que va en línea con un estilo gobernante que no admite ni críticas, ni sugerencias, ni límites. Esto ya enciende una luz amarilla para el futuro. La rueda del viernes pareció dar muestras de tal inquietud. Y todo se cayó patas para arriba, por la gran sorpresa.

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