29 de mayo 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Amigo lector, la luz que echaban los antiguos sobre todos los aspectos de la vida queda muchas veces sepultada por gente moderna que utilizando la esencia de lo dicho por aquéllos, le cambia la fachada y lo presentan como nuevo elixir de alguno que gane "chapa" de sabio, o de filósofo. Es sorprendente cómo, cuando se vuelve la vista atrás, y a cientos de años, se tropieza con enunciados fundamentales -sin ninguna pompa-de los que uno ha oído repetir en nuestros días, maquillados, y con marca registrada actual. Como están las cosas en nuestros días locales, y en el mundo, por ejemplo convendría tener presente a Antístemes cuando apuntaba: "Hay que hacer provisión. O de seso, para entender, o de cuerda, para colgarse...". No pasa semana sin que en alguna región no afloren hechos de la más alta corrupción, todo -obviamente-ligado a dineros públicos, o a mercados. Mientras aquí nuestro Presidente clamaba turbios manejos diciendo que "son entre privados", al unísono se iba devorando funcionarios (llegando de última, y por ahora, el Enargas). Le llegó oportuna ayuda, al explotar el caso de la corrupción en el vecino Brasil, donde la vorágine se llevó puesto a un ministro poderoso del gabinete de Lula. En lo que hace a hechos turbulentos relacionados con mercados, hemos comentado lo de casas bursátiles desesperando en inyectar optimismo a mares y aconsejar pases de posiciones en dirección de bonos a acciones como contrapartida a un porfiado Alan Greenspan, que no cesa de clavarles banderillas sobre el lomo. El momento de "el matador", clavando la espada y reclamando la oreja del toro, llegaría en cuanto los mercados alertados arriben a un punto de estallido y nada puede ya desactivarlo. Lo que ubica a todos los operadores del mundo en la posición que apuntaba Antístemes: o al seso para entender, o la cuerda para colgarse. No parece haber término medio. Es hora de tener que elegir...

La información llegada de Ecuador acerca de un grosero caso de utilizar información confidencial y participar -además-en la confección de la misma, lo que es mucho más grave, nos imponía de las idas y vueltas que habían dado en el gobierno de ese país para anunciar qué haría con el pago de su deuda y sus bonos. Una firma de Nueva York, pero dirigida por un argentino joyita y de los que abundan, reunida con altos funcionarios de Ecuador tuvo la gran idea de que se lanzara "la duda" sobre los mercados acerca del pago o no. Hacer fortuna en base a instalar una duda no deja de resultar original -o poco habitual-y el negocio pasaba porque, ante la incertidumbre, esta gente vendería "seguros sobre bonos". Eran buenos. Prometían dejarle una parte de la ganancia al gobierno. Pero la duda hizo estragos: los bonos bajaron y apareció otra variante. Comprar bien abajo y llenarse. Así son.

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