27 de mayo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos acercamos ya a la mitad del ejercicio 2008 y los mercados del mundo siguen en una zona de tendencia turbulenta, a pesar de que arrecian las baterías mediáticas para inyectarle optimismo en dosis, a la gente, respecto de la economía norteamericana.

Sin embargo, no se refleja la parva dialéctica en cuanto suenan las campanadas de apertura de Wall Street. Con la locomotora que parece querer volver a mover sus ruedas, empujada por todo tipo de personaje apareciendo en los diarios, todavía cuesta demasiado poder redondear alguna secuencia de ruedas realmente sólidas. Y sin la locomotora bursátil, se sabe, el convoy del mundo solamente se mantiene sobre los rieles, como la única meta plausible. Salvo la Argentina, nosotros somos un «vagón» especial en la caravana... No solamente precisando de la tracción general del trencito de colegas, sino debiendo quitar el propio freno que persiste en las ruedas de nuestro medio. Primero, la expectativa por el domingo que pasó: pero, después del domingo, ¿qué es lo que llega?, y -más todavía-lo que llegue ¿será capaz de saldar situaciones de enconos, que calaron hondo?. Estamos, y más que los otros, en situación de hallar una bisagra para el año. O quedarnos con la nariz contra una puerta que no se abra.

Nuestro medio si algo ofrece, a manos llenas, son: complicaciones. Y lo peor es que varias de ellas, y delicadas, no resultaron derivaciones de causas ingobernables. Sino de algunos hechos urticantes, que podrían haber tenido soluciones drásticas. En vez de dejarlos inflar y hasta convertirse luego en lo que algunos de ellos tienen: un pronóstico abierto, peligroso.  

Y si se mira bien el escenario, y las alternativas para inversiones, no existen argumentos válidos para discutir a los que prefieren colocar lo suyo en otros marcos. Que, al menos, les aseguren un contexto donde el riesgo pase por el ganar, o perder, del propio negocio encarado. Y no de lo que proviene de causas lejanas a lo bursátil, que terminan por distorsionar ánimos y decisiones. Ver como «triunfo» que el Banco Central pueda controlar cómodamente el dólar, es ponderar un triunfo vacuo. Porque por vez primera se ha notado un tironeo de demanda de la divisa, que obligó a bajar reservas y que indicó --claramenteel grado de inquietud al que se fue llegando. Medir como si se tratara de un partido de fútbol, en función de los actos simultáneos programados, una fecha que marcó el tremendo clima de división que se formó en el país: es, justamente, pensar lo explosivo de la situación, con la mentalidad de un hincha desaforado de cualquier tribuna vociferante. Lamentable.

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