23 de agosto 2001 - 00:00

De ayuda cero a un rescate para la Argentina

A pesar de los 12 días de negociaciones, muchas de las personas involucradas en las conversaciones para rescatar a la Argentina de su crisis económica salieron a almorzar el martes con la idea de que Estados Unidos le diría que no a una nueva ayuda.

Los funcionarios del gobierno de Bush asumieron sus cargos con la intención de ponerle un fin a la política del presidente Clinton de rescatar economías alicaídas como la de Argentina. El secretario del Tesoro Paul O'Neill se lamentó por que nadie parecía estar pensando creativamente métodos para aliviar los problemas de la deuda del país sin tener que recurrir a más préstamos. O'Neill se mostró preocupado por los "plomeros y carpinteros" que pagan impuestos y "se preguntan que estamos haciendo con su dinero".

Pero en la tarde del martes, O'Neill habría cambiado de opinión y el Tesoro dio su apoyo al plan del Fondo Monetario Internacional para otorgar a la Argentina $8,000 millones adicionales a los $13,700 millones del blindaje que el país recibió hace ocho meses.

El cambio de postura se produjo cuando la Argentina acordó reestructurar su deuda. El nuevo programa de préstamos del FMI también presiona a las entidades crediticias privadas que ayuden a la Argentina a reprogramar algunos préstamos.

De todas maneras, esas nuevas previsiones para obtener un rescate internacional representan un giro de 30 grados y no de 180 grados como pretendía el gobierno de Bush con lo que respecta a los prestatarios que se presentan recurrentemente a pedir rescates financieros.

La decisión puso de relieve que incluso cuando los Estados Unidos tiene todas las cartas en su poder (cuenta con la mayoría de votos en el Fondo y por lo tanto tiene el poder de veto sobre nuevos préstamos) se le hace difícil negarse a un pedido urgente de un aliado. Tampoco puede alejarse de la política financiera intervensionista del gobierno de Clinton. Al menos en parte, por que después de una década de procesos vertiginosos de integración económica es difícil separar rescates financieros de otras prioridades de política extranjera de la agenda del gobierno de Bush como el libre comercio, la apertura de los mercados de bonos y acciones, incluso la democracia.

"Hay que preocuparse por los daños colaterales causados por la situación financiera global, el libre comercio, y las economías abiertas," expresó Edwin M. Truman, un ex funcionario del Tesoro y de la Reserva Federal que trabajó en la negociación de varios rescates financieros internacionales. "No se puede rechazar los rescates categóricamente como si nada".

El presidente Bush ha resaltado la necesidad de expandir los lazos con los países latinoamericanos y ha impulsado un plan para crear una zona de libre comercio hemisférica tomando el ALCA como modelo. Ese objetivo habría desaparecido si la Argentina hubiera colapsado después de que sus dirigentes recibieron un afable 'no' como respuesta al pedido de ayuda, expresaron hoy algunos de los funcionarios involucrados en las negociaciones.

No es coincidencia que Robert B. Zoellick, el representante comercial de Estados Unidos, haya invitado hoy a la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay a sumarse a Estados Unidos para revivir el llamado grupo comercial cuatro-más-uno que impulsó la expansión comercial en el primer mandato de Bush. Zoellick dijo que el libre comercio sería un motor del crecimiento económico de la Argentina y de los países de la región y un complemento del rescate financiero del FMI.

El gobierno de Bush ha sido criticado, especialmente por aliados europeos, por haber abandonado los compromisos internacionales acordados durante el mandato de Clinton, entre los cuales se encuentran los acuerdos para reducir el calentamiento global y eliminar la evasión. En el último tiempo, los funcionarios de la Casa Blanca han hecho esfuerzos para demostrar que valoran las relaciones cooperativas con los principales aliados. Sabotear el rescate para la Argentina hubiera debilitado esa posición.

Curiosamente, muchos economistas están de acuerdo con el modelo escéptico de O'Neill. Los problemas de Argentina se han profundizado tanto que no se espera que los nuevos préstamos tengan más éxito -quizás menos- que el último blindaje acordado durante los últimos meses del mandato de Clinton. La economía Argentina ha sufrido la recesión por tres años. La caída de las exportaciones y la fuga de depósitos ha amenazado la capacidad del país de pagar los préstamos en dólares por $128.000 millones.

Sin embargo, mientras difícilmente sea un modelo para el desarrollo económico de los países emergentes, Argentina ha seguido varias veces el consejo del FMI. A principios de los 90, se comprometió a mantener la paridad del peso con el dólar para bajar la inflación y reestructurar el sistema bancario cuya administración era deficiente.

Además, no existe un fuerte apoyo político a la austeridad fiscal y a los mercados abiertos tanto en Argentina como en su país vecino, Brasil. Algunos le temen a una reacción popular violenta si el experimento falla.

"Si las negociaciones no hubieran tenido un resultado positivo, habríamos obtenido los efectos políticos, económicos y en otras áreas- que todos queríamos evitar," afirmó hoy el ministro de finanzas argentino, Daniel Marx, quién encabezó las negociaciones del equipo económico con el Fondo.

O'Neill presionó a los funcionarios del FMI, a Marx y a su equipo durante varios días para encontrar una solución a los problemas de Argentina sin tener que recurrir a nuevos préstamos. O'Neill analizó la idea de reestructurar la deuda de ese país con el apoyo del FMI u otra institución crediticia multinacional sin la necesidad de comprometer fondos.

O'Neill acepto el desembolso de los fondos pero quería asegurarse de que el dinero resolvería los males de la Argentina a largo plazo. Debido a la incertidumbre en los mercados, el Fondo y los funcionarios argentinos no lograron formular las proyecciones a largo plazo demandadas por O'Neill.

El tiempo también obró en contra de O'Neill. Los funcionarios argentinos habían dejado claro que buscaban $9,000 millones. Como las negociaciones se extendieron, los inversores perdieron la fe en una nueva ayuda.
Las duras palabras de O´Neill con respecto a la dependencia de Argentina en ayudas extranjeras -en referencia a un registro de préstamos durante 70 años y con resultados pobres- también sacudió la confianza. Las acciones argentinas y los bonos cayeron.

En última instancia, la Casa Blanca aceptó el apoyo financiero solo para controlar la situación. La ayuda gana tiempo para que la Argentina y el FMI busquen la solución creativa a largo plazo de la que hablaba O'Neill.

"Las negociaciones se extendieron por que O'Neill realmente quería hacer algo creativo y de mayor duración," dijo William R. Rodees, vicepresidente del Citigroup que siguió de cerca las negociaciones. "Pero para conseguir eso se necesita calma y tranquilidad en los mercados.

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