6 de marzo 2001 - 00:00

Debacle ideológica de Alvarez y de Alfonsín

¿Qué harán los hombres que tiene el Frepaso en el Banco Nación si López Murphy insiste con privatizar la entidad? Por ejemplo, el vice Lorenzo Donoe. ¿Seguirá al frente de las PyMEs Enrique Martínez, quien piensa en la necesidad de bajar los encajes para aumentar los salarios como forma de reactivación? Todo lo opuesto a lo que piensa el nuevo equipo económico. Estos son sólo dos de los interrogantes, apenas dos islas en el amplio archipiélago de ese partido, que se pueden trasladar a otros ejecutivos de esa fracción, esencialmente a la cúpula que ostenta Carlos Chacho Alvarez -también obviamente a Raúl Alfonsín y no en menor medida-, quienes han decidido por conveniencia no resistir el advenimiento del nuevo ministro de Economía. Ni un gesto en todos estos próceres, quizás unas líneas de prevención en un comunicado trasnochado.

En verdad, no se trata de cuestiones instrumentales sino de fondo, ideológicas, de vida. Y el partido que presume de ética, de alta moral para investigar la conducta de otros, parece distraído ante un problema de principios que lo afecta: López Murphy al frente del Palacio de Hacienda encarna todo lo opuesto a lo que ellos han proclamado.

¿Cuántas clases de ética tiene Alvarez, por no hablar de Alfonsín? Para la gente, para los incautos, elementales o primitivos, existe una sola.

Los que piensan y defienden lo que piensan sin concesiones. Responderá el ex vicepresidente como explicación que ésas son opiniones maniqueas, pero ha sido él quien instaló en la sociedad -al igual que Alfonsín que todo lo liberal o neoliberal es una mala palabra, o una acepción cargada de sospechas. ¿Y ahora?

Deberán acompañar el nuevo curso económico, ser cómplices de una gestión y, lo que es peor, como parásitos aprovecharán ese posible éxito -si se produce-para favorecer sus propios intereses electorales.

Hoy el caso más notorio es Alfonsín, quien se presenta como aspirante a la Senaduría por Buenos Aires con la expectativa de que López Murphy mejore las condiciones económicas y, por lo tanto, las personales en el terreno de los comicios. Lo mismo sucede con Alvarez, aunque él se haya marginado de la contienda. Gozarán sin pudor de las ventajas producidas por alguien a quien desprecian, al que en más de una ocasión denostaron, hasta trataron de excomulgar del partido y de la entente.

Alfonsín
no pudo o, en todo caso, aceptó magnánimamente conservarlo en la UCR por no mancillar la tradición radical que supone la historia del padre del ministro, quien además se llama Ricardo (por Balbín) e Hipólito como segundo nombre, por Yrigoyen.

Hará esfuerzos el flamante ministro para que Fernando de la Rúa mantenga la Alianza en tiempos electorales -aunque de hecho, se trata de un pacto contra natura-, sin detestar a sus oponentes con la repugnancia que ellos le manifiestan, pero con la certeza de que será funcionario sin que ninguno de ellos le desee buena suerte en el cargo (aunque carecen de una alternativa, sea idea o persona, para reemplazarlo).

Se podrá decir que son contingencias de la política, es cierto, pero no será hora de que los santones de la ética -incluyendo a Elisa Carrió-, disminuyan esa creciente y nefasta influencia que ejercen contra los que piensan distinto, esos liberales o neoliberales venidos a cardiocirujanos cuando llega el momento del infarto.

Hay un ciclo final para la hipocresía política y el acceso de López Murphy -más allá de los resultados de su labor- indica que el Frepaso y la obediente franja alfonsinista se mantienen en la Alianza para preservar cargos y, si es posible, obtener nuevos y más numerosos gracias al nuevo ministro, su gran odiado.

Tanta pugna loable por la Justicia, la transparencia, por desinfectar instituciones e higienizar el mundo, por descabezarlo de ídolos paganos del liberalismo, tropieza hoy con un dilema interno de convicciones profundas.

Sorprende la facilidad con la que han evitado esta revisión introspectiva y se asimilan -casi crematísticamente, como cualquier venal de regímenes ante-riores-por someterse a uno de los tótems por ellos más criticados, a depender de su conocimiento y responsabilidad. Un poco de justicia en la propia casa no vendría mal, al menos como ejercicio.

Dejá tu comentario

Te puede interesar