Trump versus Powell. La Casa Blanca versus la Fed independiente. El primer conflicto del año en Wall Street. Rotundo y sonoro, pero que tampoco es un impedimento que descarrile el mercado alcista. Gordon Gekko explica por qué.
Diálogos de Wall Street: Donald Trump desafía a Jerome Powell y la bolsa de Nueva York reafirma la independencia de la Fed
Trump versus Powell. La Casa Blanca versus la Fed independiente. El primer conflicto del año en Wall Street. Rotundo y sonoro, pero que tampoco es un impedimento que descarrile el mercado alcista. Gordon Gekko explica por qué.
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Periodista: Tenía razón. El primer problema que nos esperaba en 2026 no era el informe de empleo. Ni la geopolítica ni la inteligencia artificial. Era, en efecto, un presidente Trump “tan audaz en tantos terrenos escabrosos” y cómo se iba “a mover con respecto a la sucesión de Powell en la Fed”.
Gordon Gekko: No es lo mismo Maduro que Powell. El Departamento de Justicia tuvo que citarlo a Powell para iniciar una investigación criminal y le dio el pie para una respuesta categórica, sin pelos en la lengua, en pleno domingo. Esto es una represalia por no hacer la política monetaria que Trump quiere sino la que pensamos que mejor sirve al interés público, dijo.
P.: No se puede bombardear el banco central primero para ablandarlo.
G.G.: No es prudente usar la fuerza aérea, pero sí se puede ejercer muchísima presión. No es la primera vez que hacemos referencia a la tarea de desgaste. Michael Barr renunció a liderar la supervisión bancaria, aunque sigue siendo gobernador de la FED, para no interferir con los planes de la Administración ni perjudicar el ejercicio de la función. La gobernadora Michelle Bowman, designada por Trump en su primer mandato, asumió esa posición en junio de 2025. La gobernadora Adriana Kugler renunció de manera sorpresiva en agosto y dejó la vacante que ocupa, transitoriamente, Stephen Miran, en uso de licencia del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca. Dicho mandato termina este mes. Y la designación de su reemplazante era la chispa que veíamos más a mano para provocar un corto circuito. Trump podía sentar en la Junta de Gobernadores al futuro presidente en potencia de la Fed. Y generar un choque con Powell antes que se agote su período al timón, a mediados de mayo. No necesitaba despedirlo para marcarle la cancha.
P.: El presidente se adelantó.
G.G.: Sí, se lo observa extremadamente ansioso.
P.: Ni siquiera quiso esperar esa ocasión unos pocos días más.
G.G.: Trump despidió por las redes sociales a la gobernadora Lisa Cook. Pero a diferencia de Kugler, Cook se plantó y llevó el tema a la Justicia. La Corte Suprema tiene prevista una audiencia con los abogados de las partes la semana próxima. De repente, cuando uno analiza, el sistema de la Reserva Federal se convirtió en una usina de pleitos.
P.: Trump le hizo sentir la marca personal a Powell cuando realizó una inspección a las dependencias de la Fed cuya refacción – su alto presupuesto original (2 mil quinientos millones de dólares) y los desvíos por mayores costos - cuestiona ante la Justicia.
G.G.: Eso ocurrió a fines de julio. Unos diez días antes, Trump reunió a los legisladores de su partido y les avisó que había firmado la carta de remoción de Powell. No sé si lo recuerda…
P.: Tengo presente un posteo de Anna Paulina Luna, diputada republicana por Florida, que había estado allí, dándole difusión a la versión. Después Trump dijo que nunca había pensado en su despido. Pero la ofensiva – muchas veces verbal, llamándolo imbécil o perdedor – no se detuvo. ¿Era necesario que el Departamento de Justicia iniciase ahora una investigación criminal? ¿No se puede esperar a que termine su mandato y prescindir de su renovación?
G.G.: Cayó Maduro. Tambalea el ayatola Jamenei. Quién es Powell, cuántos regimientos comanda, para resistir sin prestarles la más mínima atención a los pedidos que la formula la Casa Blanca.
P.: Si Powell subleva a los “bond vigilantes”, si pone en pie de rebeldía al mercado de bonos, no hay guerra que se pueda ganar en Wall Street. Trump quizás no lo entienda, pero Scott Bessent lo sabe clarísimo.
G.G.: Bessent está que vuela de ira, dicen en off. Le echa la culpa a Bill Pulte, quien proporcionó la información sobre fraude hipotecario que permitió avanzar contra Lisa Cook (que esta rechaza). Pulte, un empresario de la vivienda, y ahora funcionario, dice que él no fue. En los hechos fue el Departamento de Justicia. O sea, Pamela Bondi, que no es ninguna luminaria. Y allí acusan a una fiscal que se cortó por su cuenta.
P.: Es lo tradicional. Salió mal, yo no fui.
G.G.: Salió mal porque Powell los madrugó. Recibió los cargos y los contestó yendo directo al grano. No esperó ni siquiera al lunes. “Son pretextos”, dijo. “La amenaza de cargos criminales es una consecuencia de que la Fed define las tasas de interés basada en su mejor apreciación de lo que le sirve a la población, y no en función de las preferencias del Presidente”. Más claro, agua.
P.: Hundido. La operación política zozobró antes de zarpar.
G.G.: La primera reacción de los mercados, el mismo domingo cuando la mayoría de ellos estaba cerrado, fue un calco del “Sell America” que vimos cuando se lanzó el Día de la Liberación. Todo para abajo. Dólar, bonos, futuros de acciones.
P.: Pero duró muy poco.
G.G.: Eso le da más fuerza todavía a Powell y a la independencia de la Fed. Trump puede atacarla. No hay dudas sobre sus intenciones. Y todo saben que puede ser tenaz, persistente y rencoroso. Pero si no consigue doblegarla, la vida continúa plácida. Como si acá no pasara nada. Una Fed independiente es un activo valiosísimo.
P.: Trump está jugando al filo de la navaja.
G.G.: Y se acaba de cortar. Es un tajo chico, que ya no sangra, pero muy informativo.
P.: ¿Cómo sigue la película?
G.G.: Wall Street tomó nota. Y se pronunció: la rueda cerró con nuevos récords en el Dow y el S&P 500. Los bonos recibieron hoy con beneplácito la buena nueva de una inflación alta, pero que se modera en el margen. La tasa de diez años bajó un punto base. Podría bajar mucho más. La subasta fue muy exitosa. La inflación está lista para descremar pronto si la suba de aranceles amaina. Y si Trump no tiene éxito en llevarse puesta a la Fed.
P.: O sea, que de Trump depende.
G.G.: Las encuestas lo tienen a mal traer. Hay elecciones en noviembre y la cosa no camina. Tiene razón cuando piensa que algo debe hacer. Se equivoca con lo que hace. Lo de Venezuela le encantó, pero la opinión pública lo rechaza. Quizás si logra algo parecido en Cuba, la reacción sea mejor. Pero eso es otro cantar. Habrá que ver si Marco Rubio tiene uñas de guitarrero.
P.: Con la Fed pareciera ir de Guatemala a Guatepeor.
G.G.: Si no deja que lo pilotee Bessent va a terminar muy mal. Pero el golpe avisa, y el golpe que recibió por tomar un atajo, fue muy duro.
P.: ¿Qué puede hacer Bessent en la Fed para quedar bien con dios y con el diablo?
G.G.: Dejar que dios se apriete los dedos, no está mal. Hemos hablado mucho de este asunto. La Fed debe ser independiente, y parecerlo. Bessent hizo magia manteniendo la estabilidad de las tasas largas con una política de refinanciación del Tesoro que en cierto modo invadió el terreno de la Fed al restringir la colocación de deuda a largo plazo. Más no se puede lograr si no baja la inflación. La buena noticia es que a Powell se lo puede reemplazar, y Trump lo tiene atragantado. La mala es que no se puede poner un títere. Stephen Miran como gobernador fue irrelevante. Kevin Hassett como chairman sería un incendio. Kevin Warsh es una mejor opción, pero las tasas largas no van a bajar sin evidencia de una menor inflación. Todo conduce al gobernador Chris Waller. Más ahora que los propios senadores republicanos no van a aprobar a cualquiera. Y esto lo hemos conversado hace tiempo. Trump ya se ensartó con Powell cuando se sacó de encima a Janet Yellen. Lo considera un error porque, a pesar de ser un votante republicano, no pudo manejarlo a gusto. Su mejor opción es, pues, dejar que asuma Waller, un profesional serio. Es decir, repetir el “error” y que la Fed independiente continúe la saga de los Volcker, Greenspan, Bernanke, Yellen y Powell. Es el consejo que le daría Richard Nixon, quien compartió sus mismos afanes, y que se quemó con un muy respetado, pero demasiado dócil, Arthur Burns.




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