Periodista: La incursión de EEUU en Venezuela y la detención del presidente Maduro son las noticias fuertes con que despunta 2026. Trump, no satisfecho con ello, adelanta el próximo paso de su agenda. “Necesitamos Groenlandia, sí o sí”. Después de esta movida en el Caribe, no suena a una frase de compromiso. Denota una urgencia inusitada. ¿Vuelve la geopolítica a dictar el pulso de los mercados?
Diálogos de Wall Street: mucho ruido geopolítico, pocos nervios en los mercados
La detención de Maduro, la presión sobre el petróleo y la amenaza de Trump de ir por Groenlandia sacuden los titulares globales. Sin embargo, Wall Street sigue otro libreto: récords en el Dow Jones, tasas bajo control y una agenda que mira más a la Fed y al empleo que a las demostraciones de fuerza en el tablero internacional.
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Gordon Gekko: De los titulares de prensa, sí. De los mercados, no.
P.: No lo discuto. Porque es evidente. ¿No es increíble?
G.G.: Puede ser. Pero también es lo habitual. A esta altura, uno ya debería saber que los mercados no se interesan tanto por la geopolítica. Y cuando lo hacen, porque no les queda más remedio, es por poco tiempo. En cuánto pueden, se desligan y ponen su interés en otros asuntos.
P.: Venezuela es sinónimo de petróleo en la escena financiera internacional. ¿Y qué pasó con el precio del barril? No pasó nada.
G.G.: El crudo Brent, últimas cinco ruedas, 0,70% arriba. Es obvio que no es por Venezuela.
P.: No influyó para nada.
G.G.: En la micro, mucho. Pregúntele a Chevron o a los productores canadienses sino les cambia la ecuación de sus negocios. Eso sí se reflejó en los precios. En la macro, el impacto de inmediato, no es muy relevante, se diluye fácilmente.
P.: Es más oferta de crudo, tarde o temprano.
G.G.: Sí. Pero en un mercado que está muy bien abastecido. En otro momento, un flujo muy pequeño podía definir el día o la noche. No es el caso en la actualidad.
P.: Perfecto. ¿No debería tranquilizar el frente inflacionario?
G.G.: Por el lado de la energía, ya estaba tranquilo. Trump se aseguró la colaboración de la OPEP plus en acrecentar la producción desde el comienzo de su mandato. La presión inflacionaria de los commodities viene por el lado de los metales y eso no varía. Lo que cambia ahora es que la Casa Blanca puede ser más agresiva en la región si se asegura el control del millón de barriles venezolanos. Será muy útil si la idea es ir por Cuba, por ejemplo.
P.: Si los mercados no se asustan, si no se arruinan con estas demostraciones unilaterales de fuerza, se puede ser también más audaz en la búsqueda de los objetivos geopolíticos.
G.G.: La seguridad nacional importa. Pero puede esperar. No hay una amenaza urgente. Y sí hay elecciones en noviembre. Las encuestas son adversas. La gente se queja de la carestía de la vida. O sea, de lo mismo que enterró a Biden y a los demócratas. La clave en un año electoral es la política interna. Téngalo presente.
P.: Ok. En ese sentido, ¿está bien rumbeada la política exterior? Solo un tercio de la población de EEUU apoya la idea de intervenir en Venezuela. ¿Cuán popular es pelearse por Groenlandia con democracias como Dinamarca y Europa?
G.G.: Por eso no descartaría que la consecuencia más directa sea una proyección regional. Cuba depende sobremanera del petróleo que ahora va a manejar Washington. Y la modalidad de intervención adoptada – cambiamos la cúpula y le compramos el pase a los demás, que ahora juegan para nosotros – puede ser una solución estupenda para aplicar en Cuba. Si Putin es prescindente, que es la gran novedad. ¿No le parece?
P.: ¿Funcionará?
G.G.: Esto es prueba y error. La prueba está a cargo de Marco Rubio, el secretario de Estado, que es alguien que conoce el terreno y tiene interés directo en el éxito electoral de noviembre.
P.: Para suceder a Trump en 2028.
G.G.: Tal cual. Es un experimento. Un esquema así, a distancia como si fuera por control remoto, puede zozobrar a la vuelta de la esquina. Pero es lo que la Casa Blanca está probando en Caracas. Sin invasión, sin tropas en el terreno, y sin cambio de firma, se diría.
P.: ¿Alcanza con bajar la foto del presidente de la marquesina? ¿Y qué lo reemplace un lugarteniente? Es el mismo régimen, en principio, y deliberadamente, pero con un cambio de lealtades.
G.G.: Recuerda a la sucesión de Trujillo en República Dominicana en 1961. Lo dejaron a Balaguer, el vicepresidente, que además era un poeta y suavizaba de algún modo la imagen del régimen. Y postergaron al líder popular, Juan Bosch. Balaguer se encargó de tutelar la transición. La democracia debió esperar. Es una solución criticable, pero tiene la ventaja para Washington que puede resolver el problema estricto de seguridad nacional y hacerlo a un costo módico. Si Trump lo consigue aplicar en Cuba, no solo en Venezuela, ahí sí puede aspirar a un enorme rédito electoral.
P.: Si los mercados no se dejarán llevar por la geopolítica, aunque produzca novedades de alto voltaje, ¿de dónde van a aferrarse?
G.G.: No van a cambiar de agenda porque ya tienen una. El Dow Jones Industrial estampó un nuevo récord. Y está a un tris de los 50 mil puntos. La inercia del mercado bull se abre camino. La tasa de diez años en 4,19%, por su parte, se ubica a un paso de encender una luz amarilla. No es que no pase nada.
P.: Los ojos están puestos en el informe de empleo que se conocerá el viernes.
G.G.: No se espera un número tan vibrante – 54 mil nuevos empleos netos -como para que las tasas largas se arrimen a 4,20%. Y creo que a Wall Street le sirve casi cualquier cifra. Un registro más firme le confirmará la solidez de la economía. Y uno más débil alentará la idea de una baja de tasas en el horizonte. Si va a haber un problema, no es por ahí. Un Trump tan audaz en tantos terrenos escabrosos mantiene viva la incertidumbre de cómo se va a mover con respecto a la sucesión de Powell en la FED. Esa es la principal espina.
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