Diálogos en Wall Street
(Para Gordon Gekko, el especialista en mercados internacionales personificado por el célebre banquero de inversión de la película «Wall Street», el mercado ya ha digerido las malas noticias del frente de batalla. Gekko mantiene una postura optimista a pesar que 2003 se presenta más complicado y con la guerra en desarrollo. Este fue el diálogo con este diario.)
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Gordon Gekko: A mi gusto, hay demasiada excitación. Un exceso de ansiedad. Lo que abre una oportunidad interesante porque la urgencia -esa sensación de apremio que hoy parece gobernarlo todo- es muy mala consejera.
P.: Esto no se suponía que funcionara así. Con Rumsfeld en la picota y el plan de guerra tachado de inservible en la primera semana de la contienda...
G.G.: Esa aceleración es la que conviene matizar. No creo que proporcione muy buenos elementos de juicio. Más bien pienso que hay que tomar las decisiones de inversión en sentido contrario al humor imperante...
P.: No recuerdo tamaña andanada de opiniones críticas durante la guerra del Golfo. Ni tampoco en Afganistán. ¿Por qué irrumpe ahora cuando brilló por su ausencia en los anteriores conflictos?
G.G.: Porque las cosas no marchan bien. Esa sería la respuesta más simple. No estoy convencido, sin embargo, que sea la respuesta correcta...
P.: ¿Por qué?
G.G.: Tanto en el Golfo como enAfganistán -en su fase inicial- la guerra consistió sólo en bombardeos aéreos masivos. Durante todo el primer mes y la mitad del segundo. Las operaciones terrestres de envergadura comenzaron después. Ahora bien, es imposible evaluar la efectividad de los bombardeos (a menos que Ud. pertenezca al Estado Mayor). ¿Quién podía entonces argumentar que el plan original no estaba funcionando como sí se alega ahora? Esta es una diferencia crucial...
P.: Pero el hecho es que las fuerzas terrestres ya se pusieron en marcha. Y encuentran una oposición que no es la que enfrentaron en 1991...
G.G.: Correcto. Pero en Afganistán -el año pasado- la situación no fue tan distinta. De hecho los primeros avances no fueron nada espectaculares. A decir verdad, las tropas aliadas están más cerca hoy de Bagdad que lo que estaban de Kabul en igual momento.Aún así yo no veo ninguna necesidad de establecer un récord de velocidad. Si las líneas de abastecimiento corren peligro, lo sensato es mejorar su seguridad aunque haya que frenar la marcha.
P.: Siempre sostuvo la conveniencia de una guerra corta...
G.G.: Primero hay que asegurar la victoria. Después importa la duración. Con todo, a dos semanas de haberse iniciado las operaciones militares, es difícil hablar de que existan graves atrasos.
P.: No luce muy preocupado...
G.G.: Esta presión que se abate sobre Rumsfeld, sobre el Pentágono y, por qué no, sobre el presidente Bush, justificada o no, obliga a ajustar las clavijas. No sé si Rumsfeld erró en el tamaño de las fuerzas de la invasión, pero sí sé que ahora compromete a 120 mil hombres adicionales. Es una dinámica que corrige el problema. Mire, desdeVietnam, ningún conflicto bélico en el que EE.UU. se haya involucrado se ha extendido por más de tres meses. No veo razones -al menos no todavía- para pensar que estamos ante una excepción.
P.: Han sido contiendas de menor envergadura...
G.G.: Todo el mundo se olvida que Afganistán fue el Vietnam de la Unión Soviética.
P.: ¿Cómo ve a los mercados?
G.G.: Menos entusiasmados, desde ya. Masticando las dificultades. Que han surgido hasta de debajo de las baldosas. Me refiero a la huelga en Nigeria o a la decisión del Senado de moderar la poda de impuestos que pide el presidente Bush. El balance, sin embargo, es muy sugestivo. De los 1.000 puntos que trepó el Dow Jones en su rally bélico original, el índice ha devuelto 500. En este marco, no está mal.
P.: No está muy bien tampoco.
G.G.: Tenga en cuenta el rápido viraje hacia el pesimismo. Es un retroceso de precios importante, pero en un contexto en el que las noticias han revertido su signo. En todos los frentes. De repente Ud. escucha que el plan militar es un fiasco, que Rumsfeld pasa por alto los consejos de sus generales, que las bajas aliadas van a ser importantes...
P.: ¿Esa hipótesis está ya incorporada?
G.G.: Una guerra más larga y más cruenta. Sí. La encuesta de «Washington Post»/»ABC» es un buen indicador de cómo se ajustaron las expectativas en los EE.UU...
P.: ¿Cómo?
G.G.: El 20 de marzo sólo 37% de la población pensaba en una guerra que durase meses; una semana después la cifra saltó a 57%...
P.: Eso no dice mucho sobre las bajas...
G.G.: Déme tiempo. 55% de los consultados sostenían que no habría bajas significativas en el sondeo del 20 de marzo; una semana después sólo 13% mantenía esa postura. Hoy 82% de las opiniones predicen que habrá más bajas y que serán importantes en número.
P.: ¿Cree que Wall Street ha terminado la digestión de las malas noticias?
G.G.: Me parece que sí. Lo que no puedo saber es si se habrá agotado la oferta de malas noticias. O si hay más en camino. Con todo, retengo una visión favorable. La realidad de 2003 es más ácida que la de 2002. No hay dudas. La guerra dejó de ser una amenaza y, se teme, quizás sea larga. En cambio la tan anunciada recuperación de las economías avanzadas sigue siendo una promesa que se escabulle. Todo el mundo acota que la posguerra en Irak será escabrosa.Y comparto. Pero, ¿por qué razón Wall Street cotiza hoy por encima de los mínimos de julio y octubre del año pasado? Si la economía mundial no mejora y además Medio Oriente hoy es un polvorín. Los mercados están navegando contra corriente. Es obvio que les falta un disparador. Ese es el rol que debería cumplir la guerra cuando la polvareda se asiente y se puedan medir los resultados.




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