25 de septiembre 2003 - 00:00

Diálogos de Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien en este diálogo se lo denomina Gordon Gekko en alusión al papel que interpretara Michael Douglas en el film "Wall Street". El tema es la política, no enunciada, de Estados Unidos de depreciar el dólar para reducir el déficit comercial y alentar a las fábricas locales. La gran preocupación es China. Bush apuesta su reelección a esta política de dólar más débil.)

PERIODISTA: El G-7 lanzó una bomba en Dubai. La prédica a favor de una mayor flexibilidad cambiaria es sólo una manera elegante de abogar por una depreciación más veloz del dólar ¿O me equivoco?

Gordon Gekko: Está en lo cierto. Es el mensaje con que machacó el secretario del Tesoro John Snow en su reciente visita a Asia.


P.:
Es inevitable pensar en el acuerdo del Plaza Hotel de 1985. Aunque se niegue la validez de la comparación...

G.G.: El objetivo es el mismo. Derribar al dólar. Pero las magnitudes son distintas. Y los instrumentos. Curiosamente, en 1985, la intervención era la herramienta apropiada dado que había que torcer el brazo de los mercados. Era la palanca necesaria. Ahora, la intervención asume el papel del villano, porque impide que se despliegue con plenitud una tendencia de baja en el dólar que ya comenzó a verificarse; que de antemano, ya está instalada...


P.:
La intervención actual obstruye la caída del dólar...

G.G.: Correcto. Uno podría argumentar que la intervención reiterada y en gran escala podrá evitar la apreciación nominal de las divisas asiáticas, pero finalmente no su apreciación real en la medida que suban los precios internos. Sólo habría que solicitar que no se esterilizara la emisión de dinero local resultante de la compra de reservas...


P.:
Eso parece demasiada sutileza...

G.G.: China supo estar en deflación, pero ahora los precios avanzan. Es un punto fácil de entender. Más bien la razón para desechar esta vía de corrección tiene todo que ver con el manejo de los tiempos. Estados Unidos quiere no sólo una solución sino una solución rápida.Y, por lo visto, han conseguido embarcar al G-7 en esta cruzada.


P.:
En 1985 la cuenta corriente norteamericana presentaba un rojo «grande y creciente» mientras Japón y, en menor medida, Alemania ocupaban la vereda opuesta ¿Quiénes son los destinatarios del nuevo mensaje?

G.G.: Es un recado para Asia. China, primero y principal. Pero no sólo China. Hay una madeja diversa de tipos de cambio más o menos fijos en la región (algunos de ellos sobrevivientes, o mutaciones, de la crisis de 1997/'98) que están siendo objetados. Y, por supuesto, Japón.


P.:
Snow estuvo en Japón hará un par de semanas y mantuvo silencio de radio sobre el particular.

G.G.: Una cortesía para con un aliado muy diligente a la hora de atacar Irak. Pero es obvio que la presión existe.


P.:
¿No es riesgoso que el secretario del Tesoro abogue por una caída del valor del dólar cuando precisa de los inversores extranjeros para financiar su creciente desequilibrio en las cuentas públicas?

G.G.: Lo es.

P.: ¿Acaso el Banco de China o el de Japón cuando, para sostener sus respectivas monedas, compran dólares no invierten esos recursos en títulos del Tesoro de los propios Estados Unidos?

G.G.: Así es. De hecho, sólo en la Reserva Federal, los bancos centrales extranjeros mantienen en custodia 964 mil millones de dólares en títulos del Tesoro (y de Agencias Federales).


P.:
Si cesa la intervención, se agota también esa fuente de absorción de deuda pública...

G.G.: La idea es que se podrán sustituir las compras oficiales por demanda del sector privado y, básicamente, que los extranjeros no dejarán de comprar...


P.:
¿Aún si el retorno que reciben -por obra de la devaluación del dólar-es negativo en términos de su propia divisa?

G.G.: Sonará extraño, pero la respuesta es sí. Como Ud. señaló es una apuesta riesgosa. Si sale mal, puede resultar muy mal. Yo diría que tome Octubre 87 como muestra. Llegado el caso las consecuencias se derramarán más allá del mercado de monedas y bonos...Y puede convertirse en un «bumerán».


P.:
¿Cómo cambia esta iniciativa del G-7 su percepción de la marcha futura de los mercados?

G.G.: No mucho. Aunque admito que esta desesperación de la administración Bush abre un flanco vulnerable más. Sinceramente yo creo que Japón y China mantendrán sus políticas.
La contribución de Japón, de hecho, ya está sobre la mesa...

P.:
El yen ha traspasado la línea imaginaria de 115 por dólar. Era el límite no escrito de la política de intervención...

G.G.: Me cuesta ver un yen moviéndose por debajo de 110.Y esto no es muy distinto de los valores actuales. No porque el mercado no lo intente -probablemente empujará para conocer la nueva frontera de lo que Japón está dispuesto a tolerar-pero porque pienso que la intervención se reanudará. Ese marco, por otra parte, es compatible con una demanda sostenida de títulos del Tesoro por parte de inversores japoneses...


P.:
¿Qué consecuencias recibirá el euro como fruto de los movimientos cruzados?

G.G.: También están a la vista. El euro pasa de estar desahuciado a tomar un buen color. Como contrapartida, los ministros europeos de Finanzas, los que firmaron el comunicado del G-7 y los que no, volverán a la carga sobre el Banco Central Europeo, tarde o temprano, para que retome la baja de tasas de interés.Y de ajustar el presupuesto, bueno, si es que abrigaba alguna expectativa, olvídese.

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