7 de diciembre 2004 - 00:00

Diferencias en última oferta a los bonistas

¿Hasta dónde el presidente Néstor Kirchner quiere, realmente, pagar la deuda externa? ¿Su «ofuscación» contra el FMI y los acreedores es parte de una estrategia que lo sitúe en mejor posición negociadora o sólo trata de ganar tiempo por cuestiones políticas internas? ¿Demoniza al FMI pero, a su vez, les paga más que sus predecesores a cambio de nada? Estas preguntas no sólo surgen en círculos financieros, sino que comienzan a aparecer en las columnas económicas como la del periodista Julio Nudler en la revista «Veintitrés». Veamos los párrafos más importantes:

• Si lo que contara fuesen las palabras, el gobierno argentino sería, en la cuestión de la deuda, un gratificante ejemplo de coherencia. Pero si lo que importa son los hechos, y la relación del discurso con éstos, la incongruencia es clamorosa.

• Hace mucho que ambos (el Presidente y su ministro de Economía, Roberto Lavagna) aseguran que su última oferta es la definitiva. Pero, en los hechos, el país no ha hecho otra cosa que ir mejorando su propuesta y elevando así la hipoteca que resultará del levantamiento del default.

• Otro tanto sucede respecto del Fondo Monetario ... Hoy la perspectiva más benigna es que, antes de poder firmar un eventual nuevo acuerdo desde Buenos Aires, se le remesen, contra nada, unos 2.500 millones de dólares en capital e intereses. En estas condiciones, ¿por qué sentiría el FMI prisa alguna por acelerar un arreglo de la Argentina con los bonistas?

• ... El tiempo ha pasado a jugar en contra del deudor. Cuánto más se demora el final del default, más ofrece pagar el país, incluyendo parte de los intereses que se van devengando, y mayores transferencias que sin contrapartida alguna efectúa a favor del Fondo.

• Casi tres años después de decretado el cese parcial en los pagos de la deuda, el país se halla atrapado en una pinza que se llama «aceptación-». Esto significa que, a juicio de los tenedores de títulos nacionales, y de los financistas que los asesoran, la oferta del deudor tiene que ser percibida como tan satisfactoria, dentro de las circunstancias, que una nítida mayoría de bonistas la acepte.

• El FMI exige que esa mayoría sea no inferior a 80 por ciento, aunque tal vez flexibilice un poco el número, que la Argentina ubica en 70. En cualquier caso, ello quiere decir que el Fondo no juzgará superado el default si el grado de aceptación le pareciera insuficiente y generara, por tanto, una perspectiva de litigios judiciales...

• ¿Qué camino (el gobierno argentino) podría tomar entonces? ¿Cesar en sus pagos al FMI? ¿Enfrentarse así, ya no sólo retóricamente, a toda la comunidad financiera internacional? No es del todo descartable que
Kirchner opte por esa «fuite en avant». Sin embargo, 2005 podría no ser el mejor momento para desafiar de ese modo a los mercados.

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