Hay que anotar dos nuevos dolores de cabeza (y prometen ser grandes). Después de tantas idas y vueltas, el “impeachment” del presidente Trump es inevitable. No por los enjuagues del Russiagate (ni por el celo del superfiscal Robert Mueller III quien no pudo recolectar la masa crítica de prueba). Tibio, tibio: Trump pisó el palito con Ucrania. Y un soplón lo dejó en evidencia (pero el juicio político estaba escrito en su destino de transgresor serial). Y, a modo de compensación mediática, se avecina otra guerra: la del mercado de capitales. Y es también con China. Washington analizaría delistar a las compañías chinas que cotizan en EE.UU. si no cumplen a rajatabla la normativa que se les exige a los locales (lo cual parece lógico, pero es gravoso, y supone duplicaciones para una firma extranjera y por ello pueden apelar a ciertas dispensas). Más aún: las inversiones de los estadounidenses en empresas chinas podrían restringirse como parte de la misma cruzada.
¿Qué pelea más le hace falta a Trump? La clave es la paz de comercio
Wall Street calla, pero otorga (crédito). Un tropezón (o dos) no es caída. Expectante, se ubica a 2,5% de su techo récord.
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Que no es sólo una obsesión presidencial: por caso, los senadores republicanos Marco Rubio y Jeanne Shaheen no quieren que los fondos de pensión de los empleados públicos de EE.UU. se viertan en China. Otra perla: ¿podrían quedarse los activos de Beijing, acciones y bonos, fuera de los índices MSCI, la referencia usual para armar portafolios de inversión? Nadie sabe hasta dónde llegará el fastidio. Llevar el campo de batalla a los mercados de capitales, tan enormes como potencialmente frágiles, no es aconsejable. Ya se vio como el mercado de pases (repos) se descompuso en los EE.UU. sin que mediara accidente crediticio. ¿Cómo descartar el contagio si se avanza con una iniciativa deliberadamente dañina? El Tesoro, el fin de semana, dijo que no son sus planes “en este momento”.
Si se les va a prestar atención a los focos de tensión, conviene llevar una contabilidad pulcra; hay dos conflictos que se deben tachar. Nobleza obliga, Trump se salió con la suya en la disputa con la Unión Postal Internacional. Tuvo que empacarse, y forzar una situación al límite de la catástrofe, pero su reclamo fue aceptado. Y China (y otros) resolvieron aumentar sus pagos por el envío de correspondencia a los EE.UU. La Casa Blanca también se aseguró que, al comienzo del nuevo ejercicio fiscal, tendrá fondeo garantizado hasta comenzado noviembre. Con acuerdo de ambos partidos, se firmó la legislación puente necesaria y se pateó el riesgo inminente de un cierre del gobierno.
El impeachment ya no es lo que era. De tanto restregar el tema, Trump le sacó todo brillo. ¿Qué se debe esperar? Mucho ruido, muchísimo, pero al final, muy pocas nueces. La veterana Nancy Pelosi, la voz cantante de la oposición demócrata (los piratas, en la jerga presidencial), se abrirá paso hasta una acusación formal con detalles que serán oprobiosos, aunque, con Trump, ya se sabe, qué le podrá hacer una mancha más a su melena. ¿Asistiremos a un Watergate II como el que acabó con la suerte de Nixon y forzó su renuncia? ¿O será un bis del caso Lewinsky que azotó a Clinton pero no le apagó la estrella? Trump controla el Senado, como entonces, y allí morirá todo. O eso se cree hoy.
¿Qué tan malo puede ser para los mercados? El traqueteo será incómodo, pero nadie olvida el rally de la Bolsa que trajo la absolución de Clinton. Es más: si en la puja de los demócratas, ventilar el impeachment favorece más a Elizabeth Warren, que al propio Joe Biden, Trump también ganaría por quedar enfrentado a una figura más “liberal”, o sea, más corrida a la izquierda.
Wall Street calla, pero otorga (crédito). La Bolsa retrocedió con las noticias de Ucrania y el soplón, y dio otro paso atrás con el rumor de la guerra de capitales. Pero un tropezón (o dos) no es caída. Expectante, se ubica a 2,5% de su techo récord. ¿Todo le resbala? Mientras la paz de comercio con China no se haga trizas, el resto cuenta poco. Que las negociaciones se retomen el próximo 10 de octubre es lo que importa. Wall Street no arruga con las fintas. O con cuestiones relevantes –como sería un tercer trimestre consecutivo de merma en la comparación de ganancias– que se pueden absorber mientras se confíe en que se evitará la recesión. Y para ello la paz de comercio es vital.
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