7 de junio 2005 - 00:00

Dos causas poco conocidas agravan tensión laboral

Hay dos elementos a contemplar en todo el cuadro de agitación social que no sólo pasan por las reivindicaciones atrasadas o la cercanía electoral. Uno lo constituye el coincidente proceso de votaciones interno en numerosos sindicatos, en el próximo trimestre, y que afecta la posible continuidad de sus mandantes (de los «gordos», por ejemplo, bancarios, gastronómicos y Luz y Fuerza). La otra cuestión se refiere a una cláusula incluida en las últimas negociaciones colectivas, poco conocida (al menos por los que serán castigados con una quita) y que incrementa el patrimonio de los gremios: se trata de un porcentaje extraordinario o mensual de afiliados o no afiliados que se desvía a favor de éstas cada vez que se produce un aumento salarial.

Veamos los dos casos que inclusive amenazan una mayor proliferación de conflictos:

• Aunque las cabezas sindicales gozan de buena salud electoral en sus respectivos dominios y, por lo tanto, no enfrentarían situaciones de riesgo en sus urnas bien custodiadas, igual el advenimiento de los comicios promueve listas opositoras, aspirantes a un mejor lugar en las distintas asociaciones, transacciones y peleas. Y, como hoy el mapa exhibe divisiones de todo tipo que se manifiestan con paros, huelgas u ocupaciones -gremios del interior contra gremios nacionales, comisiones internas contra las propias organizaciones, comisiones internas contra otras comisiones internas y hasta núcleos no inscriptos opuestos a las comisiones o a las organizaciones-, los sindicatos que deben renovar sus mandatos no pueden prescindirse de las demandas y, en muchos casos, no sólo acompañan reclamos sino que hasta deben encabezarlos (recordar la frase del general: «A la cabeza o con la cabeza de ellos»). La inminencia de las fechas electorales, en muchos casos, vuelve belicoso hasta al más pacífico -porque hacer delgados a los gordos ya es tarea imposible- para anular disidencias extremas de la oposición, cobijar almas dubitativas que podrían fugarse y, sobre todo, otorgar por ese nuevo espíritu de lucha menos lugares en las listas y ni siquiera perder la minoría en la confrontación electoral. Lo mismo que hacen los políticos cuando se avecinan estos hechos.

• Con cierto sigilo y particular talento para obtener beneficios -y con la adhesión obvia de las organizaciones empresarias-, muchos convenios colectivos han incorporado una cláusula que oxigena las finanzas de los gremios y de sus autoridades: es un artículo que recoge el aporte solidario de afiliados o no afiliados cuando se produce un aumento salarial. Si bien antes era común el traslado de un porcentaje de los incrementos a los sindicatos, por única vez, ahora la nueva moda consiste en que esa mejora fuerza al pago de los afiliados y de los no afiliados y, en algunos casos, ese porcentaje (1,5, 2 o 3%) se deberá repetir mensualmente como una tasa por los servicios prestados por el gremio para obtener mejoras. Se pueden cuestionar las formas para sostener las arcas de las organizaciones, el sistema poco democrático que lastima a los no inscriptos, pero el mecanismo se va instalando de a poco entre las organizaciones empresarias y laborales, bendecidos por el Ministerio de Trabajo. Como se advertirá, este nuevo instrumento -al margen de las protestas que pueden gestarse entre los «no afiliados» por ser obligados a solventar compulsivamente estructuras a las que no adhieren- es un bocado de particular interés para los gremios, los que para comérselo requieren de una imprescindible mejoría en los sueldos. Y como los sindicalistas son gente que vive el presente, cuanto más rápido mejor: por lo tanto, están en la lucha.

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