29 de noviembre 2004 - 00:00

El costo de China

El gobierno argentino acaba de darle el estatus de economía de mercado a un país en el que la jornada laboral puede extenderse hasta veinte horas. Allí, las fábricas están en la planta baja, y los trabajadores -muchos de ellos, niños utilizados para fabricar masivamente juguetes para estas navidades-duermen y comen -casi lo único que hacen, aparte de trabajar-en el primer piso. Esto tiene una razón simple y dramática, que demuestra la imposibilidad de competir con esa economía: si hubiese un incendio, la prioridad sería salvar la maquinaria.

Hu Jintao
Hu Jintao
Si los Reyes Magos existen, deben parecerse mucho a los empleados de la factoría de juguetes Mou Yip. El capataz los contrató en las aldeas rurales del oeste de China y desde el pasado mes de marzo los ha mantenido encerrados en este viejo y decrépito edificio de la ciudad sureña de Dongguan. Para que los regalos de estas Navidades lleguen a tiempo, y los sueños de los niños de Occidente se hagan realidad, se trabajan jornadas de 14 horas siete días a la semana. Se duerme y se come en la factoría y las visitas al baño durante la jornada laboral están limitadas a dos por turno.

Da lo mismo qué juguete pida este año su hijo por Navidad, las posibilidades de que lleve estampado el sello de Made in China son de más de 90%. Las factorías chinas empezaron a construir los juguetes de Occidente a principios de los '80 y, poco a poco, se han ido comiendo el mercado hasta monopolizarlo por completo.

Un millón de trabajadores mal pagos y casi siempre explotados, muchos de ellos menores, se encargan de mantener en pie uno de los mayores y más lucrativos negocios. Las sirenas anuncian antes del amanecer el inicio de la jornada de trabajo en las dos mayores ciudades jugueteras del mundo, Shantou y Dongguan, en la provincia de Guangdong. Ambas quedan dentro de los límites de la Juguetelandia china, que concentra más de 3.000 factorías, y es la trastienda de un mundo de imaginación y diversión que aquí no lo es.

• Rejas y candados

Las fábricas son cárceles laborales, con sus ventanales enrejados, y las puertas cerradas con candados y con guardianes que vigilan más a los empleados que el perímetro de la fábrica. El nombre de las empresas no está identificado en la entrada y los edificios están registrados como inmuebles vacíos. Los empleados no pueden salir de los edificios durante meses y los inspectores no pueden ingresar.

Dan Mei Yun
trabaja en la fábrica Regalo de Dios, en Dongguan, desde hace seis meses. Llegó procedente de la provincia de Henan con sólo 16 años y el sueño de poder enviar algo de dinero a sus padres en el campo, donde millones de personas tratan de subirse al tren del progreso que está transformando-China. «Estoy desesperada porque con el dineroque me dan sólo tengo para vivir. Me hacen pagar por la comida y el alojamiento. No puedo mandar nada a casa», dice la adolescente bajando la cabeza mientras sujeta en la mano un Teletubbie de peluche que repite su nombre y camina impulsado a pilas, uno de los previsibles éxitos de la temporada. El sueldo de Mei Yun: 49 euros al mes, 10 céntimos por cada hora extra.

El gobierno chino asegura que el salario medio en las fábricas chinas del juguete está en los 600 yuanes, cerca de 55 euros al mes.
La realidad es que ni siquiera las duras condiciones laborales que fija la ley -el sueldo mínimo está establecido en 40 euros-se cumplen. En muchas fábricas de Shantou y Dongguan los trabajadoresson obligados a memorizarun formulario con las 50 respuestas que deben dar a los inspectores laborales o los empresarios occidentales que se interesen por su situación.

Prácticamente todas las grandes empresas del sector, desde Disney hasta Hasbro o las grandes productoras de Hollywood, que han desembarcado en China para abaratar costos. Las decenas de miles de Barbie que este año vuelven a inundar las tiendas con su oferta de glamour y lujo salen de dos plantas chinas que la empresa Mattel tiene en el sur del país y que mantienen una plantilla de 8.000 empleados.

En Juguetes Mou Yip se levanta una gran montaña de osos de peluche listos para ser enviados a los supermercados de la multinacional
Wal-Mart. La empresa estadounidense, cuyo lema es «Precios siembre bajos, siempre», tiene contratada en Mou Yip la producción de dos de sus juguetes para los próximos dos años: cuatro millones de muñecos que serán vendidos a 4,97 dólares la unidad, casi tres veces más del precio de fábrica.

Xu Feng Huan
, que fundó esta factoría con 300 empleados en 1997, admite que las condiciones de sus empleados no son dignas y se defiende asegurando que la responsabilidad de los abusos recae en las empresas extranjeras. Su locuacidad obedece sólo a que no sabe que los dos hombres perfectamente trajeados que acabamos de darle nuestras tarjetas de visita somos en realidad periodistas. «Wal-Mart es muy poderosa porque sus pedidos son muy grandes y las fábricas dependemos de ellos. Cada año exigen precios más bajos y saben que eso nos obligará a tener a los trabajadores en esta situación. ¿Qué otra cosa podemos hacer?», se pregunta la propietaria de Mou Yip, segura de que así logrará convencernos de que nuestros juguetes los fabrique ella.

El
National Labor Committee, una organización defensora de los derechos de los trabajadores en el Tercer Mundo que tiene su sede en EE.UU., asegura en su informe Juguetes de la Miseria 2004 que no es extraño que los empleados del sector trabajen hasta 20 horas al día en los períodos prenavideños, que sufran constantes retrasos en el pago de sus sueldos y que sean despedidos a la mínima queja.

En las factorías de Guangdong, los empleados deben descansar en dormitorios en los que las condiciones de miseria casi siempre superan todo lo que dejaron atrás en sus pueblos de origen. Hasta 20 personas se hacinan en habitaciones de 20 metros cuadrados y decenas de ellas compartan un único retrete. El hedor es insoportable. Los empleados deben ocuparse de la limpieza y rara vez reciben suficiente comida para mantenerlos en pie al día siguiente. Los desfallecimientos y las enfermedades son constantes, pero apenas 10% tienen seguro médico. Cuando caen rendidos, simplemente son reemplazados.

• Problemas

El Ministerio de Trabajo chino reconoce que el salario medio en las zonas industriales sólo ha subido 68 yuanes (6 euros) en los últimos 12 años. Para muchos, el viaje ha dejado de valer la pena y, por primera vez desde la apertura económica de China, las fábricas de Guangdong tienen problemas para contratar a suficientes trabajadores.

Aunque las empresas jugueteras confían en que los 750 millones de campesinos que todavía viven en China mantengan la oferta de mano de obra barata en los próximos años,
el sistema vive una primera e inesperada crisis. Las duras condiciones de los últimos 20 años están ahuyentando a miles de jóvenes que no ven motivo para buscar trabajo a cientos o miles de kilómetros de sus casas.

El paisaje laboral ha empezado a transformarse y por primera vez se puede ver a muchos jóvenes varones ocupando puestos que antes estaban reservados a mujeres.
«Ellas trabajan mejor, pero tenemos problemas para conseguir gente. Ahora vale todo, niños, mujeres, hombres, gente más mayor», explica el propietario de una factoría de Dongguan.

• Menores

Los propios dueños de las fábricas admiten que la falta de empleados ha hecho que este año se contraten más menores que nunca, después de que su número se hubiera reducido hace cinco años tras una campaña del gobierno contra la explotación infantil. Los niños son especialmente valiosos en la manufacturación de juguetes, que requiere de dedos pequeños y habilidosos. Para reclutarlos, no hay más que hacerles un carné de identidad falso y ponerlos en salas de trabajo discretas.

Algunas empresas no tienen dudas: si los costos suben, y China deja de ser un regalo para sus cuentas corrientes, buscarán otros países del Tercer Mundo donde asentarse. Las hay que ya están pensando seriamente en la opción de marcharse, a medio plazo, si continúa la escasez de voluntarios dispuestos a perder la juventud por 50 euros al mes. Hasta que ese día llegue, en las fábricas del sur de China se seguirá trabajando sin descanso.

Dejá tu comentario

Te puede interesar