La confianza de los consumidores, en el punto más bajo de los últimos nueve años. ¿Y a quién le importa? El mercado está en manos de un grupo de inversores institucionales, no de los consumidores norteamericanos. Esto tiene su lado bueno. En algunas oportunidades, como la de ayer, si bien los precios se pueden llegar a derrumbar fruto del nerviosismo que genera un dato de tamaña gravedad (minutos después del arranque, el Dow perdía 2,03%; y el NASDAQ, 2,78%), en la medida en que no se vea un flujo de órdenes bajistas, las cosas se estabilizan fácilmente. De hecho, durante casi cuatro horas los grandes índices bursátiles prácticamente se mantuvieron sin variantes, repuntando en la última hora sin que mediara ninguna noticia gravitante, más allá de la propia recuperación de los precios. Al final de la rueda, cuando sonaba la campana en el NYSE, el Promedio Industrial quedaba en 8.366,94 puntos, mostrando una mejora de 0,01%, en tanto que el NASDAQ, (castigado por Cisco y Dell) perdía 1,16%. Esto, que en otros tiempos hubiera requerido la presencia de grandes movimientos bursátiles, apenas si precisó de 1.430 millones de acciones para el sistema tradicional y 1.579 para el electrónico, dando otra vez una muestra de lo concentrado que está el mercado. Si bien ayer las cosas se puede decir que salieron bien, este mercado de profesionales presenta una contracara negativa. Es que, sin la presencia estos mismos consumidores, cuya confianza está por el piso, no será posible ninguna verdadera recuperación del mercado bursátil, y lo más que veremos es cómo se pierde el tiempo en el viejo juego de las sillas musicales, en el cual todos bailan para ir quedando fuera del partido ronda tras ronda.
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