17 de enero 2002 - 00:00

El PIB caerá 10% como mínimo en el presente año

El plan «Reyes Magos» tiene el mismo problema fiscal de 2001 (¡aun con menos de la mitad de los pagos de deuda pública por el default!), el que a su vez es el mismo que el promedio de la década de convertibilidad, causa esencial de su fracaso. Conclusión, si la caja de conversión nacida en abril de 1991 explotó por culpa del déficit fiscal, también lo hará el doble mercado cambiario de Duhalde.

Si seguimos dentro del capitalismo de «rapiña» que está destruyendo al país desde hace más de 60 años, Duhalde fracasará. La única opción para la Argentina es un auténtico capitalismo competitivo que le sirva al país y a la gente. Esto es apertura, tipo de cambio realista y equilibrio fiscal estricto.

1) El régimen cambiario. Para su sostenibilidad, necesita dólares y superávit fiscal. El establecimiento de tipos de cambio diferenciales como lo ha hecho la Argentina está taxativamente prohibido en el Article of Agreement del FMI, lo cual ya es todo un problema para recibir préstamos que, lamentablemente, se ve agravado por el «garganta profunda» Jorge Todesca (virtual viceministro de Economía) que mandó a que la gente del FMI se «calle la boca» en una admirable demostración de inteligencia justo cuando necesitamos no sólo de palabras de apoyo sino también de dólares contantes y sonantes antes que la crisis nos trague vivos.

Pero eso, con todo lo grave que es, no es lo peor. El hecho más preocupante desde el punto de vista de la técnica macroeconómica es que hoy la situación fiscal está totalmente fuera de control en el inicio del plan «Reyes Magos» de Duhalde. Sólo a nivel de gobierno federal (todo se agrava agregando a las provincias) la recaudación en pesos está cayendo por efecto de la implosión de la economía $ 12.000 millones en términos anualizados. Si la devaluación del peso genera una inflación de 20%, los impuestos en pesos estarían cayendo hoy 5% ($ 2.500 millones), con lo cual el déficit primario en pesos tiende a ser hoy de $ 7.000 millones. Con pagos de intereses del orden de $ 6.000 millones, el déficit global en pesos del gobierno federal hoy es de $ 13.000 millones, cuya única manera de financiación es la «maquinita» de la emisión monetaria (los que querían recuperar la soberanía monetaria pues ¡aquí la tienen!). Recordemos que en 2001 el déficit global fue de $ 12.500 millones, con $ 500 millones de déficit primario y $ 12.000 millones de intereses devengados.

O sea, en el arranque, el plan «Reyes Magos» tiene el mismo problema fiscal de 2001 (¡aun con menos de la mitad de los pagos de deuda pública por el default!), el que a su vez es el mismo que el promedio de la década de convertibilidad, causa esencial de su fracaso. Conclusión, si la caja de conversión nacida en abril de 1991 explotó por culpa del déficit fiscal, también lo hará el doble mercado cambiario de Duhalde. Para evitar el fracaso casi cantado de la nueva política cambiaria, el gobierno tiene que hacer un ajuste fiscal monstruoso del orden, de nuevo, de $ 10.000 millones como hace años debería haberse hecho. Sí, aunque parezca mentira, no estamos en el túnel del tiempo sino que estamos viviendo las consecuencias de la «buena onda» vacía de contenido, de la era del envase y el marketing sin sustancia. O sea, no hacemos lo que hay que hacer y pretendemos sustituirlo con «clicks» de optimismo o con la nueva versión del disparate de que «la Argentina está condenada al éxito» del presidente Duhalde. ¿Llamará el Presidente «éxito» a una caída del PIB de 10% como la que tendremos como mínimo en 2002?

2) El «corralito». Está claro que si no se libera el corralito, la gente, y con razón, prenderá fuego los bancos. Al mismo tiempo, no se lo puede abrir ya sea porque los bancos se caen (y no existe ningún país sin sistema bancario, más allá de que algunos banqueros argentinos deberían quedar en la calle) o se arma un fuego hiperinflacionario (como a De Mendiguren le gustaría para licuar las deudas de sus amigos) debido a la emisión monetaria que el BCRA debería hacer por más de $ 3.000 millones (que habría que sumar a los $ 13.000 millones de déficit fiscal del gobierno federal). En definitiva, estamos frente a un choque de trenes, en apariencia sin solución.

Aquí es importante decir varias cosas. Dos desde el punto de vista ético. Resulta patético y repugnante (pensando en el país) ver cómo economistas, periodistas y empresarios que jamás abrieron la boca sobre lo que podía pasar con el país si se seguía con la demencial política fiscal que los tuvo a Menem y Cavallo como artífices y que la ineptitud biológica de De la Rúa no supo contener, hoy salieron del «agujero» y no paran de hablar sobre lo nocivo del default y de la devaluación. Pregunto: «¿Qué pretendían que pasara con la política fiscal más irresponsable de la historia mezclada con un régimen de convertibilidad durante 10 años? ¿Verdurita?». Es malo el default y mala la devaluación pero son consecuencias lógicas e inevitables de lo mal que se hicieron las cosas en materia fiscal 3.650 días y no sólo un par. Resultaría patético y repugnante la estrategia de pesificar todo, emitir y flotar porque eso sería un fuego hiperinflacionario que licuaría por completo los ahorros de la gente, y ahí pregunto: «¿Qué país podemos construir sin crédito externo por el default, sin inversión extranjera directa por el control de cambios y con los depósitos de los argentinos en el exterior por una posible estafa?». Si alguien dice que sí es posible o merece el Premio Nobel por inventar el círculo cuadrado, o la cárcel por asesino. No puede ser que los que tienen poder de lobby siempre ganen a costa de los que no lo tienen como los pagadores de impuestos que sufrieron 6 impuestazos en la última década y los depositantes que fueron violados 2 veces en los últimos 20 años. Esta política económica de espaldas a la gente está destruyendo a nuestro querido país y no tienen derecho a hacerlo.

LOS ANTERIORES DOS PUNTOS NOS LLEVAN AL TERCERO.


3) El crecimiento sostenible. La Argentina está en decadencia desde hace por lo menos 60 años con algunos efímeros períodos de bonanza sobre una tendencia claramente de empobrecimiento. Pero la caída se profundizó desde que luego de la Segunda Guerra Mundial, en vez de elegir el modelo de las democracias ganadoras del conflicto (comerciar con alto ahorro interno en base al equilibrio fiscal) elegimos el modelo de capitalismo corporativo, prebendario, corrupto, demagógico y populista de la Alemania nazi y la Italia fascista. Este capitalismo de «rapiña» vive obsesionado con la redistribución de ingresos desde los ganadores de un plan fracasado hacia los perdedores del mismo. Hoy los «progres» de turno encontraron como ganadores a los bancos y a las privatizadas. La solución: defaultear la deuda y pesificar tarifas de los servicios públicos. Pero son tan ignorantes que se olvidaron que detrás de los bancos a los cuales odian tanto están los depósitos de la gente (más allá de que muchos de los que sienten rechazo por la «patria financiera» por el déficit fiscal que hicieron o que no denunciaron son parte del problema) y que detrás de las privatizadas están miles de millones de dólares invertidos en la última década que ahora se harán puré.

Con la muerte de la presidencia de De la Rúa y con la muerte de la convertibilidad reemplazada por el plan «Reyes Magos», ha muerto algo mucho más «grosso» que una presidencia y un régimen monetario. Lo que no va más es el capitalismo de rapiña que nos está matando como país desde hace más de 60 años. La solución, recomendada por quienes nos pueden prestar dinero para devolverles a los ahorristas en tiempo y forma (FMI y G-7) y adoptada por aquellos países a los cuales les va bien (Chile duplicó su ingreso real per cápita en los últimos 20 años y la Argentina 0%), es un auténtico capitalismo competitivo que le sirva al país (en definitiva a la gente) y no a cuatro gatos locos que se benefician desde hace décadas con este capitalismo infame que tenemos hoy.

En general, todos vivimos del fruto de nuestro trabajo y del ahorro. ¿Cómo se traduce eso para un país? Vivir de lo que producimos para exportar y equilibrio fiscal estricto. ¿Qué política económica es funcional a este capitalismo competitivo? Para poder exportar hay que importar y para ello tenemos que poner los aranceles de importación en no más de 1%/2% para todo tipo de bienes (y no como hoy, donde se importan bienes de capital a 0% y muchos bienes finales pagan 35% o más). Para poder abrir economía en el peor atraso cambiario de la historia el tipo de cambio tiene que ser bien realista y claramente el oficial de 1,4 no lo es sino que hay que depreciar mucho más todavía nuestra moneda. Para tener equilibrio fiscal estricto hay que: a) tener convertibilidad de la moneda (a otro tipo de cambio). No podemos volver a darles el instrumento monetario a los mismos irresponsables que nos llevaron a la hiperinflación. La prohibición de emitir moneda para financiar al fisco es innegociable; b) eliminar la ley de coparticipación federal de impuestos y que si los amigos de Menem y Rozas en La Rioja y Chaco quieren hacerse millonarios como empleados públicos que salgan a «reventar» a impuestos a los riojanos y chaqueños a ver si lo pueden lograr (seguro que no); c) hacer que exista una cuarta parte de los políticos que existen (igualmente se puede vivir en democracia) y d) mandar a la quiebra a varios bancos públicos pero, particularmente, al Banco Provincia, que acaba de crear una generación de nuevos ricos amigos de Duhalde, Ruckauf y compañía a costa de todos los pagadores de impuestos sin poder de lobby de la Provincia con el bono que Buenos Aires le colocó al BAPRO a cambio de su cartera «podrida».

Este capitalismo competitivo claramente tendría apoyo internacional en dólares suficiente para evitar la estafa al ahorrista y al mismo tiempo gozaría de tanto beneplácito internacional que podríamos recuperar parte de la credibilidad que hemos sabido aniquilar y que los ahorristas se calmen un poco para evitar una corrida bancaria apenas sepan que sus dólares están a su alcance. Además, dado que una parte sustancial de este capitalismo competitivo se «nutre» del equilibrio fiscal estricto (y no la mentira de hoy donde tenemos equilibrio fiscal en pesos en el resultado primario porque pagamos gran parte de los gastos de salarios y jubilaciones en patacones, LECOP y todas esas monedas truchas que se han inventado en los últimos tiempos) también se evitaría la explosión del «engendro» cambiario que armó el gobierno de Duhalde.

Por lo tanto, dentro de este capitalismo de rapiña que tenemos hoy, no hay solución al problema de la sostenibilidad del dólar a 1,4 peso y tampoco será fácil evitar la estafa al ahorrista porque para eso hacen falta dólares, que si no se cambia el modelo no vendrán. Como dirían los chicos: «Si no cambiás, 'alpiste, perdiste'». El problema es que los perdedores posibles de esta versión «rancia» de capitalismo de rapiña que tenemos desde Rodríguez Saá hasta ahora se lleva «puesto» al país y no a quienes tendrían que desaparecer.

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