Fue un pequeño paso para la Fed, pero un gran salto para la comunidad. El banco central comenzó la suba de tasas con un retoque de un cuarto de punto y Wall Street montó, no un drama sino una ofensiva relámpago, su mejor semana desde 2020. El S&P 500 trepó 6,1%, el Dow Jones, 5,5% y el Nasdaq, el más baqueteado, 8,1%. ¿Esto es una burbuja? No se sabe, la tozudez del rally no lo contesta. Resiste al estrés y a las agresiones, que son misiles tierra-aire y no alfileres. No caben dudas, sin embargo, de que la exuberancia está alentada por la Fed. Su testimonio siempre cuenta. Por extraño que parezca, el signo de su intervención importa menos. Su palabra es decisiva cuando hunde las tasas a cero y también ahora que las levanta y jura y perjura no cesar este año ni el próximo. Cuando arría las tasas, porque nos salva del purgatorio; cuando las infla, confirma la tierra prometida de una recuperación robusta (aunque Ucrania sea un infierno). De ahí que la Bolsa no aceleró hasta conocer el mensaje de Jay Powell y su cartografía actualizada. ¿Una síntesis? Urge izar la tasa de fed funds lo más rápido posible a su nivel neutral, 2,40%. Son ocho aumentos de un cuarto de punto. Si la Fed hubiera sabido lo que sabe hoy, reconoció Powell, habría empezado la faena mucho antes (como pedían James Bullard y el gobernador Waller). Bullard abogó en disidencia por un incremento de medio punto. Quiere llegar más alto: 3% en diciembre. Que nadie se sorprenda si la Fed le da la razón y duplica el calibre de sus disparos en mayo o junio. Para mayo además tendrá lista la estrategia de reducción de la hoja de balance (un endurecimiento cuantitativo más filoso que la versión pos Lehman). Que quede claro: la prioridad es combatir la inflación. Pero, si fuera el crecimiento, se debería hacer exactamente lo mismo. No hay que matar la “gallina de los huevos de oro”, la fe de hierro en la estabilidad del régimen monetario. Mientras los precios al consumidor, los últimos 30 días, crecieron a 10% anualizado, las tasas a 30 años no se despegan más allá de 2,5%. La inflación que se espera dentro de cinco años sigue clavada en la meta de 2%. Esa es la losa firme que hay que preservar, sobre ella se asientan la valuación de los mercados y la recuperación de la economía real.
La Fed subió las tasas, la Bolsa vuela y todos discuten la próxima curva
El banco central comenzó la suba de tasas con un retoque de un cuarto de punto y Wall Street montó, no un drama sino una ofensiva relámpago, su mejor semana desde 2020. El S&P 500 trepó 6,1%, el Dow Jones, 5,5% y el Nasdaq, el más baqueteado, 8,1%.
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“Wall Street, a salvo de Putin, confía en resistir a Powell”, tituló esta columna, hace cuatro semanas, tras la invasión que desató la guerra. Y en efecto, Wall Street convive con ambos. Europa recibe el gas que Rusia le suministra y fluye en paz a través de Ucrania. La contienda es feroz, se bombardean hogares y hospitales, pero nadie ataca los ductos ni cierra sus válvulas de paso. Gazprom cobra la energía; la ucraniana Naftogaz, el peaje; Europa produce y se calefacciona. La economía funciona. Así fue en 2014. Powell, por su parte, despachó la primera suba de tasas, y anuncia un alud posterior, pero tampoco incita turbulencias. Lo que en el ínterin desestabilizó a los mercados fue la guerra de sanciones, un shock de oferta efectivo moderado y otro potencial a modo de espada de Damocles de límites inciertos. Nada destruyó más valor que el pico de tensión que provocó la Administración Biden con el embargo de energía. Los destrozos bajo la superficie son importantes. La carta de la asociación europea de traders de energía solicitando a las autoridades (gobiernos o banco central) acceso a su liquidez en situaciones excepcionales (como esta) brinda una pista. Llevó un par de días comprobar, por caso, que Rusia había pagado sus vencimientos de eurobonos. La guerra de sanciones (incluyendo las medidas autoimpuestas) es una guerra de guerrillas y la navegación comercial y financiera, hasta las operaciones de rutina, se tornaron peligrosas. ¿Quién puede tener completa noción de la situación con tantos espacios ciegos? Powell, tal vez. Ya se dijo: la suba de tasas contrae la demanda agregada pero su canal de información es muy expansivo. Si Powell avanza, será que nada viene de frente. Así, los mercados pueden animarse a un sobrepaso. No habrá recesión, dijo el chairman. Sin embargo la mejor visibilidad es la de la curva de bonos del Tesoro. No hubo nunca una recesión en los EE.UU. que no haya sido precedida por su inversión (con una única falsa alarma en 1967). Y la curva se aplana, e invierte en muchos tramos. ¿Será que Powell, por domar la inflación, se comerá la curva? Todavía los bonos no contradicen a la F pero lo insinúan. Esta semana, la Bolsa, se alineó con Powell. La discusión sobre la recesión 2023 recién despunta (y seguirá todo el año).
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