2 de julio 2003 - 00:00

"FMI hizo fracasar la globalización"

Madrid - El profesor Stiglitz se ajusta los anteojos y dispara: «Todavía existen mentes colonialistas. Por ejemplo, dentro del Fondo Monetario Internacional (FMI)». De la mente de Joseph Stiglitz emana un torrente de ideas. Amasó sus teorías en la Casa Blanca, donde asesoraba a Bill Clinton, y en su despacho de vicepresidente del Banco Mundial.Y acabó recogiendo en Estocolmo el Premio Nobel de Economía de 2001. Stiglitz las enseña hoy en su aula de la Universidad de Columbia, todo un laboratorio de mensajes contra un planeta económico bipolar. «Hay motivos para ser optimistas», afirma.

Periodista:
¿Vamos por el buen camino con esta globalización?

Joseph Stiglitz: Hay países en los que ha funcionado bastante bien, como Polonia, porque se han controlado las condiciones en las que se produjo. Pero en la mayor parte del mundo no ha tenido éxito, porque las instituciones internacionales que se han encargado de difundir este fenómeno promulgaron una serie de políticas que no han hecho más que perjudicar, sobre todo, a los países en desarrollo. En general, lo que ha conseguido la globalización es aumentar la injusticia.


P.:
¿Qué es la globalización?

J.S.: La defino como la mayor integración de todos los países del mundo. Tiene varias dimensiones, una de las cuales es la económica, que es en la que yo me centro. Se refiere a los transportes y las comunicaciones, que acercan a los países; a la eliminación de todas las barreras artificiales creadas por el hombre. También es una integración de ideas, de tecnologías. Es un fenómeno muy antiguo, que se ha potenciado y amplificado muchísimo en los últimos años.


P.:
La brecha entre países ricos y pobres aumenta. ¿Se le puede echar a alguien la culpa?

J.S.: Las dificultades son tantas como para poder repartir bastante la responsabilidad. Los países en desarrollo no han hecho lo que debían y en muchos subsiste la corrupción. Tampoco han cumplido los desarrollados. Pero a quien más culpo es a las instituciones internacionales, sobre todo, al FMI. Muchos de sus reglamentos crean unas condiciones de competencia desiguales que, a su vez, han generado mayor dificultad económica a los países en desarrollo.


• Misión del Fondo

P.: ¿Para qué sirve el FMI?

J.S.: Su finalidad inicial era proporcionar ayuda monetaria a países que estuvieran en apuros. También, fomentar la expansión de políticas fiscales que contribuyeran a estimular estas economías. El FMI debería recuperar esos objetivos; debería fomentar una mayor estabilidad y eficiencia de los mercados de capital global. Pero está haciendo lo contrario, con lo que se aumenta el riesgo para los países pobres. Actualmente, los mercados de capital tienen unas características muy extrañas, en el sentido de que son los países menos desarrollados los que tienen que soportar las fluctuaciones de los tipos de cambio y los tipos de interés. Algo para la que no están preparados, al contrario de los países ricos.


P.:
Pero, para que el FMI cambie, se necesita voluntad por parte de las naciones más ricas, ¿no?

J.S.: En efecto. El control del FMI está en manos de unos pocos gobiernos. Y además, Estados Unidos es el único país con derecho de veto. Hay otro problema: las administraciones estadounidenses y, en especial, la actual han demostrado que tienen muy poco interés en el desarrollo de los países más pobres. Sin embargo, en otros se ha conseguido un equilibrio más satisfactorio, en parte, por la presión social. Italia es un buen ejemplo. Creo que hay motivos para ser moderadamente optimistas. En muchos países europeos o en Canadá cada vez hay mayor conciencia en relación con esta situación.


P.:
Hay quien dice ya que el Brasil de Lula se convertirá en paradigma de la nueva globalización...

J.S.: Existe esa posibilidad. El gobierno de Lula está acometiendo una serie de reformas económicas de muy amplio calado y por otra parte intenta promulgar políticas sociales. Son reformas absolutamente esenciales. Pero el éxito que tenga no está bajo su control, sino que depende más bien de la influencia de los mercados financieros globales. En caso de que fracase, que espero que no, el efecto que puede tener sobre las economías latinoamericanas puede ser bastante devastador.


P.:
Sea realista. ¿Es posible un mundo mejor?

J.S.: Claro que es posible un mundo mejor. Cuando yo era estudiante en Estados Unidos, había segregación racial y discriminación por sexo, y los estudiantes nos manifestábamos en la calle contra ello.Ahora la situación es muy distinta: hemos cambiado para mejor.

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