La misión del FMI ya llegó a Buenos Aires para negociar un nuevo programa

Economía

La Argentina buscará renegociar un programa con el Fondo por al menos 43.900 millones de dólares, a través de un programa de Facilidades Extendidas. Pero hay otros temas en agenda.

La misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) arribó esta mañana a la ciudad de Buenos Aires para comenzar a negociar un nuevo programa de financiamiento con el Gobierno argentino, confirmaron a Télam fuentes del organismo multilateral.

La comitiva del Fondo, encabezada por los funcionarios Julie Kozack y Luis Cubeddu, mantendrá a partir de hoy una serie de encuentros con autoridades del área económica y política, en el marco de una visita que se extenderá al menos por espacio de dos semanas.

La Argentina buscará renegociar un programa con el Fondo por al menos 43.900 millones de dólares, a través de un programa de Facilidades Extendidas (EFF, según sus siglas en inglés), que tendrá al menos 4 años y medio de gracia para comenzar a girar los pagos, según precisó ayer el ministro de Economía, Martín Guzmán, ante medios internacionales.

En cuanto a la duración de la estadía de los funcionarios del Fondo, "no hay fechas establecidas para finalizar las negociaciones", indicaron fuentes del organismo, aunque voceros consultados por Télam indicaron que podrían permanecer dos semanas en el país.

Por último, desde el FMI no descartaron que la delegación mantenga "reuniones con otros sectores a lo largo de los días que se queden en Buenos Aires".

Alberto Fernández comenzará a jugarse esta semana una de las grandes metas que se autoimpuso desde que asumió, ahora sí en serio, para intentar lograr un acuerdo de largo plazo para que el país devuelva los u$s44.800 millones que debe, desde el fallido stand by que firmó la gestión de Mauricio Macri en septiembre de 2018.

El Presidente buscará replicar el acuerdo que en 2003 cerró Néstor Kirchner con el organismo financiero, con términos diferentes a todos los contratos clásicos del listado habitual del Fondo. Esto es, sin la obligación de aplicar ajustes fiscales, monetarios, previsionales o laborales, sino extendiendo los pagos y logrando una flexibilización de los intereses. La relación entre Kirchner y el FMI terminó el 3 de enero de 2006, cuando se pagaron u$s9.800 millones.

Ahora, en 2020, Alberto Fernández quiere volver a vivir esa experiencia política, y cerrar un acuerdo con el FMI basado en la extensión de los plazos, una mejora sustancial en las tasas de interés y un tiempo de gracia hasta 2025. Se aceptará que la plataforma de trabajo sean las clásicas “Facilidades Extendidas”, pero sin las exigencias de reformas duras que impliquen ajustes que el Gobierno no está dispuesto a aplicar. Especialmente en los terrenos laborales y previsionales, donde además de la falta de voluntad política se considera que no existen (ni existirán por mucho tiempo) condiciones sociales y económicas para que el país avance en medidas de ese tipo. A cambio, el Gobierno no reclamará más dinero del acuerdo firmado en 2018, aunque queden unos u$s11.000 millones sin entregar, y suspendidos desde septiembre de 2019 por el levantamiento unilateral de los compromisos firmados con el organismo, por parte del entonces electoralmente perdidoso Mauricio Macri. Lo que sí podría tramitar la Argentina son unos u$s3.500 millones, que el FMI tiene disponibles para los socios con las cuotas al día, destinado a paliar las consecuencias del covid-19.

La misión que volverán a encabezar el jefe de la misión argentina, el venezolano Luis Cubeddu y la norteamericana Julie Kozac, será, ahora sí, definitoria. A diferencia de la visita de octubre pasado, formalizada dentro de las características de una “Staff Visit” (y como tal una mera recolección de datos para luego desarrollar un paper destinado a la conducción del organismo), los dos economistas tendrán el poder de negociar condiciones para un acuerdo. Y de intercambiar opiniones, online, con el jefe máximo del caso argentino, el director gerente para el Hemisferio Occidental, Alejandro Werner. Si bien no habrá fumata general durante la presencia de ambos técnicos (que estarán acompañados por un ejército de asesores designados en Washington), lo que se discuta en los encuentros con las autoridades argentinas será de alcance profundo para luego determinar las posibilidades ciertas de un acuerdo final.

A diferencia del clima político y económicamente enrarecido con que terminó, durante la primera semana de octubre, la “Staff Visit” de Cubeddu y Kozac, el gabinete de Alberto Fernández espera ahora que los encuentros se desarrollen en un marco más proactivo para un acuerdo. O al menos para que la imagen local sea mucho más atractiva que la que se llevaron los dos economistas el mes pasado. Eran tiempos en los que el Ministerio de Economía y el Banco Central batallaban, sin señales de éxito, contra la última tormenta cambiaria; y donde las internas entre ambos despachos eran la moneda corriente. Para peor, el fin de la visita coincidió con la disputa dentro del propio Gobierno por la posición oficial ante la condena al régimen venezolano de Nicolás Maduro. Se insiste en el Gobierno en que la situación actual es diferente. Se menciona que Economía puede mostrar el dominio del mercado cambiario, un segundo mes de recaudación real positiva y, fundamentalmente, la alternativa de un déficit fiscal para este año menor al 8% estipulado. Incluso, quizá, una diferencia negativa entre ingresos y gastos menor al 4,5% presupuestado para el año próximo. Todo esto, se sabe, a los ojos de la directora del organismo, Kristalina Georgieva, es lo que Argentina debe ofrecer.

Se debe apuntar, según el deseo del propio Presidente, a la posibilidad de repetir la experiencia de 2003. Alberto Fernández ya se lo deslizó, cara a cara, al organismo el 27 de junio de 2019, cuando el aún candidato recibió Alejandro Werner en Buenos Aires. El mexicano- argentino había sido enviado por Christine Lagarde para sondear qué era lo que pensaba Fernández sobre el futuro del acuerdo con el FMI firmado por Macri. Ese día, el ahora jefe de Estado fue directo: “Nosotros negociamos muy duro con Horst Köhler en septiembre de 2003. Finalmente, llegamos a un acuerdo y lo cumplimos. Y en diciembre de 2005 ya no le debíamos nada al FMI. Lo que hicimos fue poner en marcha el aparato productivo del país. Ahora proponemos lo mismo”. Antes había sido muy crítico en un capítulo central: la habilitación para que se puedan utilizar los dólares del stand by para contener reservas. Fernández dejó claro que “deberá aplicarse una política de crecimiento que le permita al país generar los dólares para pagar la deuda. Todo lo contrario del acuerdo actual”.

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