Apuntaba a ser una buena semana. Después de todo, apenas la primera rueda había sido negativa y si bien las cosas arrancaron el viernes con un ligero tono bajista, esto lo podíamos achacar al comportamiento de los días en que vencen los cuatro principales contratos de opciones. Incluso hacia las doce los principales índices volvían a colocarse del lado ganador y, si bien no había demasiado interés de parte de los inversores, la apuesta general era una sesión que podríamos calificar de "neutra". Sin embargo, para cuando sonaba la campana de cierre marcábamos nuestra segunda semana consecutiva de baja, merced a 1,06% que perdía el Dow al finalizar en 10.186,6 puntos. Los dos principales argumentos que se escucharon para explicar lo acontecido, la verdad es que no convencieron. Para algunos fue el malhumor al confirmarse que no se encontraría acorralado en el frente afgano-paquistaní el Nro. 2 de Al-Quaeda, idea que utilizaron para explicar la suba del jueves. Otros, tal vez con algo más certeza, se enfocaron en el efecto del vencimiento de las opciones, algo que podría ser sino fuera que esto es tanto causa como efecto del ánimo de los inversores. Lo concreto es que cuando esperábamos un incremento en lo operado -al menos es lo que suele ocurrir cuando asoman "las brujas"apenas se realizaron operaciones con 1.400 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.600 en el electrónico, reflejando el paso al costado de los inversores. Cada uno sabrá por qué decidió que las acciones valían menos, pero lo concreto es que por primera vez en el año el S&P 500 quedó del lado perdedor, arrojando un baldazo de agua fría al primer aniversario de la Guerra Golfo II.
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