26 de octubre 2001 - 00:00

Hoy el contrabando afecta más al Estado que toda la evasión

El discurso político habitual -lamentable en la Argentina en cuanto a calidad- tiende a centrar el problema de los menguados recursos impositivos del Estado en la evasión. «Cobrarles a los ricos lo que evaden» es latiguillo constante de nuestros políticos, los economistas que los asesoran, y hasta el propio presidente de la Nación suele prenderse en esta oratoria fácil. Por insuficiencia de recaudación hubo que ajustar salarios en empleados públicos y eso azuzó la intemperancia de los discursos políticos que ven afectar lo que creen es su «clientela electoral». Ignoran, por caso, que 60% de lo que recauda el Estado proviene de apenas 1.600 grandes contribuyentes, que están permanentemente inspeccionados y bien controlados por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), con casi nulas posibilidades de evadir.

Los propios funcionarios recaudadores del Estado acostumbran caer en creencias similares contra «ricos y famosos», entre otras cosas porque son más fáciles de controlar los que ya declaran bienes y pagan impuestos. Se les suele buscar hasta la quinta pata de la mesa para usarlos «como ejemplo» de severidad fiscal para amedrentar a los más difíciles de ubicar que son precisamente los «no grandes» y que, a veces, hasta ni están inscriptos porque jamás pagaron.

Sin embargo, un muy alto funcionario del gobierno, con «blindaje» frente a discursos facilistas, le aclaró a este diario que hoy por hoy en la Argentina el mayor problema en cuanto a baja en la recaudación del Estado es el contrabando con un agravante: a los políticos no les interesa el tema por autores indefinidos como votantes y a la población no le cae antipático el contrabandista. En primer lugar, porque no sabe cuánto lo afecta. Al privarse el Estado de ese ingreso frente a la producción legítima y derechos de importación debe aumentar los impuestos en general, no puede reducir el IVA y debe mutilar porque no le alcanza la recaudación para pagar sueldos de empleados públicos y prestaciones a jubilados o darles sus fondos a las provincias. En segundo lugar porque desde la época de «la plata dulce» y aun antes, desde los años de los «precios máximos», «controles de precios», «mercados negros del dólar», «prohibición de importar autos» y otros barbarismos socioeconómicos de los gobiernos estatistas de las últimas décadas, en el país ha crecido una generación íntegra de argentinos hoy maduros, acostumbrados a contrabandear productos o comprar dólares en la clandestinidad.

Sólo el puente Encarnación-Iguazú, en Misiones, hace perder 600 millones de dólares por año en contrabandos a la vista de todos.

Esta actividad ilegal, que tanto cuesta a los argentinos, aunque la mayoría no lo sepa cuando lamenta sus padecimientos, enfrenta la misma problemática que el otro tema candente, la seguridad. Se gasta en equipos tecnológicos y en formas (en Misiones existe hasta una fosa por donde deben pasar los camiones para ser investigados inclusive desde abajo) pero se pretende que los apliquen gendarmes sometidos a desarraigos por 600 pesos por mes que no les alcanza para vivir y, además, son continuamente desplazados de su vigilancia específica para enfrentar piqueteros (inclusive se dice que muchos piquetes lindantes a zonas fronterizas son incitados y pagados por contrabandistas en días de pase ilegal de grandes volúmenes o los más valiosos para no tener riesgos de incautación).

También en la utopía argentina se quiere que un policía se juegue todos los días la vida para brindar seguridad por similares $ 600 y, además, deben enfrentar las campañas de desprestigio -exagerando sobre claudicaciones que en cualquier grupo existen- por una alocada izquierda criolla que sigue soñando con una «revolución y dictadura del proletariado» al estilo de viejo marxismo; y, mientras aguarda que venga, trata de desgastar a toda fuerza de orden del Estado, desde la SIDE -hoy reducida a la mitad de su potencialidad- a las Fuerzas Armadas
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• Latiguillos

Se mantienen latiguillos absurdos como que «las mismas fábricas nacionales de cigarrillos exportan y cobran por ello para luego contrabandear de nuevo esos productos y venderlos baratos sin pagar impuestos». La realidad es que en las fábricas de cigarrillos, en esta época, han recurrido en su desesperación frente al contrabando hasta a la denuncia pública, quiosco por quiosco, con sus direcciones para frenarlo porque los está demoliendo.

Las naftas compradas con subsidio, que las hacen más baratas en la Patagonia, son contrabandeadas al resto del país con tranquila circulación por rutas nacionales.

El Estado tiene sus culpas en no atacar de raíz el contrabando, su principal afectador en ingresos al Fisco
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• Opciones

El equipo económico o se limita a acosar a los mismos y conocidos contribuyentes de siempre que ya pagan -lo fácil- o circunscribe la búsqueda del déficit cero a comprimir más el gasto estatal mientras lucha contra el contrabando, como hoy el mundo contra el terrorismo, requiere esfuerzo largo y constante, abnegación, hombres mejor pagos, directivos en la lucha con mucha autoridad al frente de la tarea capaces de vivir trasladándose permanentemente. No significa no luchar contra el déficit cero, algo inevitable, ni controlar el gasto público sino actuar también para mejorar el ingreso que haría menos socialmente doloroso el otro resguardo.

En esto el equipo económico de Cavallo adolece de nítida tendencia a medidas macro y gestionar créditos o prórrogas financieras que hay que pagar con intereses exorbitantes, exceso teórico del manejo económico del país, y no con practicidad recaudando más con sólo combatir el contrabando.

¿No sería mejor dar un plan Trabajar de $ 200 por mes a informantes sobre contrabando en la extensa frontera argentina, sobre todo la del Norte y especialmente la lindante con Paraguay?
¿No se sabe que en ese país hay un diario menor, «La Nación», que publica dos cotizaciones de autos, legales o robados? ¿Que en Paraguay con sólo presentarse ante un escribano público y anotarse dos personas se vende un auto robado en la Argentina sin poseer antes ningún papel legal? ¿No se sabe, aunque han sido hasta fotografiadas, que hay fábricas clandestinas de cigarrillos en países sobre el norte argentino que utilizan tabaco de baja calidad y mezcla y los venden, vía introducción por contrabando en competencia con las mismas marcas argentinas legítimas que tributan al Fisco? ¿Por qué no se actúa si hasta en el Norte se conoce una imprenta famosa que falsifica estampillas fiscales argentinas?

¿Vamos a seguir bajando haberes de empleados públicos y jubilados y comprimiendo el gasto del Estado, que resta demanda a empresas y comercios que pagan menos IVA y ganancias que, a su vez, obliga al Estado a volver a ajustar más por menor ingreso mes a mes y así seguir en un círculo decadente, cuando se podría recaudar más por aduanas impidiendo la ilegalidad? ¿No sabemos, además, que nuestras empresas producirían más si se les evita la competencia desleal del contrabando y que ello traería menor desempleo e inicio de la ansiada reactivación?

Manejar la economía con «medidas tras medidas» y «paquetes» es insuficiente y más sacrificado si no se opera también con efectiva y enérgica practicidad en ese campo.

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