La estrategia política de Ricardo López Murphy es bastante convencional, según observaron sus colegas ayer, en la reunión del gabinete nacional, durante la cual el nuevo ministro de Economía hizo un «solo» prolongado e inquietante. Esa estrategia consiste en proyectar un panorama sombrío sobre la economía argentina, capaz de conseguir a través del temor las reformas que se propone llevar adelante. Claro, la táctica puede conducir -como le sucedió a José Luis Machinea cuando recién se instaló el gobierno-para aumentar el problema que se quiere remediar por la imagen que, voluntariamente o no, se le traslada al mercado sobre la situación del país.
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López Murphy planteó ayer delante del resto del gobierno un pronóstico dramático para el país, que sólo sería evitado si se adopta el programa de medidas que él mismo propondrá en las próximas horas y que gestiona dentro del gobierno. «El aumento del riesgo-país nos está llevando al momento en que todavía no se había ido (José Luis) Machinea, la tasa con la que nos están prestando va en aumento y para abril no llegamos con los recursos; de esta situación sólo saldremos si se toman medidas muy duras, muy drásticas, para las que es necesario todo el apoyo político», predicó el ministro.
Después pidió formalmente lo que se venía haciendo saber a cada cartera desde que aceptó el cargo: un programa de reducción de gastos severo. Además, insistió en que se establecerá una especie de intervención en todas las áreas sensibles en materia de déficit: desde la ANSeS hasta el PAMI, con lo que López Murphy se propone tener ojos y oídos en cada rincón del Estado, como había adelantado este diario la semana pasada.
Si bien el ministro no hizo ayer precisiones sobre las medidas que quiere llevar adelante, sí se conoció que se propone un nuevo acuerdo con los gobernadores para la reducción del gasto provincial. Atentos a la dirección de la bala, los peronistas ya resolvieron congregarse este fin de semana en La Pampa para prevenir o contrarrestar los anuncios que se realicen mañana y que puedan involucrarlos. Enterados de este movimiento, los funcionarios del gobierno se propusieron convocar a los gobernadores (o por lo menos contactarse con ellos) antes del fin de semana para explicarles las medidas que se adoptarán.
Ayer todo el oficialismo giró en torno a una de las pretensiones que se le atribuyen a López Murphy y que se analizó con el Presidente el martes en la Casa Rosada: la privatización del Banco Nación. Los funcionarios recordaron que esa medida está expresamente prohibida por una ley especial, lo que obligaría a un esfuerzo considerable para llevarla adelante.
Los voceros del gobierno juraban anoche no haber escuchado jamás esa propuesta de labios de López Murphy, pero dos indicios actuaban en su contra. Primero, Chrystian Colombo anunció oficialmente que se buscará un socio privado para el Banco. Segundo, la reunión del bloque de senadores de la UCR que se realizó anoche se cifró casi exclusivamente en esa posibilidad. Para rechazarla, claro.
El jefe de la bancada venía de un ácido debate que, muy puertas adentro, se realizó en la Casa de Gobierno en ausencia de Fernando de la Rúa. Jorge Agúndez debatió ese asunto con el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich.
Tras una larga exposición de razones a favor, en contra, y sobre las trabas que encontrará esa idea en el Congreso, Agúndez regresó con las manos vacías al Congreso.
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