27 de diciembre 2001 - 00:00

La nueva moneda complica tarifas de servicios públicos

La introducción del argentino y la eventual devaluación que tendrá con respecto al peso y al dólar plantean un serio problema en las empresas privatizadas de servicios públicos, que hasta ayer no tenían definiciones por falta de información pero que de entrada ya coincidieron en que harán «todo lo posible para que se respete la letra de los contratos».

Las tarifas de los servicios públicos esenciales: la luz, el gas, los servicios de agua y cloacas, y el teléfono fijo están expresadas en pesos en las facturas que reciben los usuarios, pero están fijadas en dólares y se ajustan periódicamente por índices de inflación de EE.UU.

En el caso de la telefonía móvil se considera que no es un servicio público, por eso las tarifas no están reguladas y están expresadas directamente en dólares en las facturas que reciben los clientes. De este modo, en caso de una devaluación, las empresas de celulares, al igual que las que comercializan productos importados (desde electrónicos, hasta medicamentos, perfumes y alimentos), trasladarían inmediatamente la nueva situación a los precios, y de hecho ya desde el lunes hay remarcaciones en artículos de consumo final (ver aparte).

Dentro de los servicios públicos, sólo la telefonía fija se privatizó antes de la Ley de Convertibilidad. Cuando se dictó esta norma, los contratos con Telefónica y Telecom se renegociaron, eliminando la cláusula de indexación trimestral por inflación interna, por la dolarización de las tarifas y el ajuste semestral por precios de EE.UU. En los demás servicios (luz, agua y gas), las tarifas se fijaron desde el comienzo en dólares.

• Especulaciones

En una de las telefónicas, se especuló ayer que en caso de que el argentino se generalice y la devaluación sea un hecho, el gobierno debería volver al contrato original. El resto de las compañías, en cambio, aseguró que va a defender la vigencia de los contratos.

En lo inmediato, las empresas esperan la reglamentación y la emisión de los argentinos. Según dijeron los voceros empresarios, falta saber quiénes recibirán la tercera moneda y en qué monto. Por ejemplo, es distinto si sólo reciben argentinos los empleados públicos, o si el Estado decide afrontar todos sus pagos, incluidos los servicios públicos, con esa moneda.

• Experiencia

También, según las empresas, falta saber para qué van a servir los argentinos, en primer lugar si se podrá pagar con ellos todos los impuestos nacionales, provinciales y municipales, o algunos estarán excluidos. Las compañías tienen la experiencia de los patacones: en ese caso firmaron un acuerdo con el gobierno de la provincia de Buenos Aires para recibir patacones hasta la cantidad que les sirviera para liquidar impuestos. También Repsol-YPF aceptó canjearles LECOP por efectivo a las provincias por el monto de impuestos a pagar.

Sin embargo, si hay una generalización del argentino, la situación sería distinta. Un vocero dijo que un escenario de ese tipo «cambiaría totalmente el panorama empresario: los créditos son en dólares, no en pesos y menos en argentinos», y dejó flotando un interrogante: «¿De dónde van a salir los dólares para pagar los créditos y enviar dividendos a los accionistas del exterior?».

En algunas compañías fueron más explícitas. Dijeron que «estamos haciendo todo lo posible para acompañar en la actual crisis, cambiando fechas de vencimientos y flexibilizando los plazos para cortar el suministro por falta de pago, pero esa actitud está muy lejos de implicar que se acepte un cambio en los contratos».

• Depreciación

La idea que manejan las empresas es que los argentinos se van a depreciar muy rápidamente con respecto al dólar y que en ese caso corresponderá trasladar la devaluación a tarifas «o en caso contrario rene-gociar los contratos de concesión».

En una de las compañías se afirmó que «éste es el desafío más grave desde las privatizaciones porque está en juego el modelo mismo». Esto explica que desde las casas matrices de Francia, España, Italia y Estados Unidos haya insistentes llamadas sobre la eventual devaluación. Por ahora, los gerentes que operan a nivel local, no tienen respuesta cierta, y la posibilidad de una depreciación gradual (por el porcentaje y por el monto que se vaya emitiendo mes a mes) aumenta la alarma en las casas centrales.

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