El fin de semana poco y nada se agregó a lo que reflejaron el viernes los diarios respecto al importante anuncio del presidente Néstor Kirchner sobre cancelación de la deuda argentina con el Fondo Monetario Internacional. Apareció, sin embargo, un dato no gravitante pero dado con exactitud: nuestro país al cancelar u$s 9.810 millones al Fondo, como se anunció, se salva de un interés de u$s 842 millones (algo que el Presidente redondeó en «1.000 millones»).
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El otro dato es más importante. Lo había consignado Ambito Financiero en página 4 el viernes (nota «Mensaje de Miceli y Redrado...») pero no lo valoró bien ni lo incluyó en el resumen-comentario de Tapa donde se adelantaron todas las derivaciones de la cancelación. El dato -dimensionado mejor este domingo por el matutino «Clarín»- es que aun pagándosele todo lo que se le adeuda, el Fondo Monetario seguirá monitoreando la economía y las cuentas argentinas, algo que le resta burbujas al anuncio del Presidente y lo ratifica más como decisión política, para imagen pública, que realmente económica. Es de importancia trascendente porque sin ese monitoreo o auditoría externa el Banco Mundial obligaría a cancelar las deudas a la Argentina, algo que le significaría desembolsar más de u$s 7.000 millones de dólares (por caso, de allí se pagan los planes «jefes y jefas») y eso haría ilusorio el anuncio presidencial porque arrasaría prácticamente con todas las reservas monetarias libres de la Argentina y provocaría una estampida financiera.
No obstante, esa revisión permanente de todo país miembro se hace cada dos años. Así se salva el requisito para no tener problemas de cancelaciones onerosas con el Banco Mundial y el BID ( Banco Interamericano de Desarrollo) pero tan espaciado lapso no suele ser garantía suficiente para inversores externos en un país emergente y la carencia de estos aportes desde afuera es todavía el principal problema nacional junto a la inflación, que puede combatirse a través de la impecable solución de aumentar la producción.
La Argentina no tenía ahora acuerdo vigente con el Fondo -y no lo tendrá más al cancelar toda su deuda- pero igual estuvo sometida a ese monitoreo de situación por simple aplicación del artículo 4° del Estatuto del Fondo Monetario para todo país miembro. En esa oportunidad repitió como glosa del informe lo mismo que no le gusta oír al presidente Kirchner sobre la economía argentina: que se debe elevar la tasa de interés (algo no relevante porque el crédito bancario productivo en la Argentina a empresas todavía no supera 12%), que suprima el gasto público que consideró «expansivo» y provocante también de inflación, que elimine los impuestos distorsivos (por caso al cheque), solucionar el problema de los bonistas que no entraron al canje, le criticaba los «acuerdos de precios» y otros del mismo cartabón conocido.
Ese análisis e informe lo hizo el Fondo sobre nuestro país en junio pasado y lo volveráa repetir en junio de 2007 casi sobre la fecha de la elección de un nuevo presidente de la Nación y renovación de cámaras legislativas, por lo cual Néstor Kirchner podría enfrentar, en ese momento, un informe detonante que lo amargue en pleno proselitismo, aunque es más probable que se lance después de los comicios porque lleva tiempo elaborarlo. En este caso el Presidente calculó o le calcularon bien esta próxima cancelación de deuda dispuesta para fin de año.
Pero no le servirá para atraer inversores en el entretanto y aunque la cancelación sea de efecto casi neutro -claramente más «neutromalo» que «neutrobueno»- hizo más vulnerable al país, por caso sobre cómo reaccionará el mundo frente a los países emergentes latinoamericanos tras la elección de Bolivia.
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