Lo que no hizo el gobierno en ocho meses lo pagó ayer con violencia
Nada es gratis y menos en las lides crueles de la política. El gobierno se cebó con una falsa mansedumbre en el trato de las alteraciones del orden público. Toleró durante casi todo este año que activistas de la izquierda ultra, que dominan el sindicato de estudiantes FUBA, impidiesen la elección del rector de la Universidad de Buenos Aires. Los argumentos eran desopilantes, como que los estudiantes deben tener la mayoría en la conducción de la casa. Tan peregrino argumento prosperó por el incumplimiento del gobierno de su misión de impedir que un grupúsculo limitase -como los piqueteros en las calles- las libertades del conjunto. Como no es gratis, se pagó ayer con violencia a las puertas del Congreso (fotos). El peronismo logró imponer a dos de sus militantes en la conducción de la UBA (nunca ocurrió en toda su historia en regímenes electivos; sí los hubo interventores), pero costó detenidos y heridos al atacar activistas a policías. Tras su elección, Rubén Hallú (rector) y Jaime Sorín (vice) no pudieron ingresar en la sede del gobierno universitario porque había sido temporalmentetomada por los exaltados. Una lección para las autoridades que creen que la inacción no tiene consecuencias cuando el orden es la primera misión del Estado. El gobierno buscó evitar ante un sector de la opinión los costos políticos de exhibir dureza, pero para permitir la elección de ayer -quizá porque consagraba a dos peronistas- debió desenterrar lo carros hidrantes con agua coloreada, un emblema de la represión que pudo evitar actuando antes en esta crisis.
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Pero esta vez los militantes estudiantiles fracasaron en su objetivo de impedir el ingreso de los asambleístas, quienes, en medio de un operativo sorpresa, fueron llevados hasta el Congreso en la línea de subte A.
«Vamos a iniciar en febreropróximo el debate sobre la reforma de los estatutos, porque hay que corregir ciertas cosas que son injustas», fue el primer anuncio de Hallú tras ser electo rector por 170 votos a favor, 2 en contra y 15 abstenciones (Psicología, Ingeniería y Medicina).
«Voy a luchar por una universidad pública, gratuita y cogobernada», afirmó Hallú, entre lágrimas, al ser nombrado rector. Y desestimó así las acusaciones de la FUBA que lo señalan como un interesado en privatizar la casa de altos estudios.
A las 10.30, minutos después de su consagración, en un salón contiguo se reunió el Consejo Superior, que nombró como vicerrector a Jaime Sorín, tras aceptar la renuncia del ex decano de Veterinaria, Aníbal Franco.
Antes, el clima de tensión en el salón del Senado había alcanzado su pico de mayor intensidad: varios dirigentes fueron repudiados a los gritos por asambleístas de la FUBA y hasta se revoleó una silla. Fue entonces cuando el decano de la Facultad de Farmacia, Alberto Boveris, hizo una moción para que Hallú fuera consagrado rector, a lo cual el titular de Ciencias Económicas, Jorge Barbieri, llamó a la votación y al menos 170 personas, de las 190 presentes, votaron afirmativamente, de pie y con su mano levantada.
De esta manera, la UBA logró destrabar la crisis institucional que registraba desde abril pasado, cuando se inició el proceso para elegir al nuevo rector que debía reemplazar a Guillermo Jaim Etcheverry, cuyo mandato expiró el 7 de mayo.
De cara a 2007, el principal desafío de Hallú será la reforma del estatuto universitario, cuyo tratamiento comenzará en febrero. «Todos los puntos del estatuto serán revisados. Hay muchos de ellos que son muy injustos», confirmó ayer Hallú.




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