Lo que se dice en las mesas

Economía

Todos acuartelados y de guardia. El rey es el cash, pero no el billete verde, sino los pesos. ¡Por favor, no me rescates! Cuidado con la segunda ola. Lo más parecido a la gripe española de 1918.

Oficinas casi despobladas. Los gestores y operadores se calzaron el guardapolvo blanco como en las guardias hospitalarias. Una gestora líder con más de 80 empleados hoy opera con sólo 10, el resto, home office. La gente de sistemas es clave y comanda para que todo funcione online. Los mercados no se aíslan y menos en las actuales circunstancias. Se intensificaron los conference calls domésticos y externos. Desde Wall Street y Londres casi “suplicando” a clientes criollos que no les rescaten los fondos. Hasta los tradicionales y conservadores “money markets” sufren la hecatombe Covid-19. Se dice que hasta Goldman tuvo que inyectar liquidez en su fondo money market ante la ola de retiros y caída de los activos ilíquidos. ¡Muchos registran pérdidas en el año! Acá la gente precisa pesos y por eso se está viendo el billete tan ofrecido, tanto el dólar MEP como el CCL.

Un legendario economista gestor cree que hasta el 10 de abril, cuando se complete el pago de salarios, el dólar seguirá tranquilo. El que sacó los dólares afuera necesita traer para pagar en pesos; los que tienen pesos los cuidan como si fueran oro; y los que tienen dólares en el banco no los quieren vender al oficial. En el medio de todo, la reestructuración de la deuda argentina, lo más inesperado, como dijo ayer Daniel Marx en una videoconferencia con los libertarios de LyP. Al fin y al cabo los bonos argentinos sufren más que por el Covid-19 por la falta de liquidez. Los precios de hoy son similares a los de la quita de 2005. Nadie sabe hacia dónde irá el Gobierno. Pero Alberto F. dejó algo claro: si no mandó más aviones a repatriar argentinos, menos le va importar no pagar un bono. Un pajarito de Economía contó que don Guzmán habló de una caída del PBI del 6% este año. Ayer OJF estimó que la pandemia costará 1% del PBI con un mes de encierro) y 2% con dos meses.

En el medio del maremágnum de los mercados fue muy comentado el análisis de Patrick Hill que al fin y al cabo termina advirtiendo que la esperanza no es una estrategia por lo que hay que planificar lo peor y esperar lo mejor. Parte del hecho de que a medida que la pandemia lleva a los mercados a los mínimos de 2018, son evidentes ciertas relaciones en las tendencias entre los mercados y el virus Covid-19: a medida que aumenta el aislamiento social, los mercados continúan cayendo, de modo que al observar los niveles esperados de ruptura del virus se pueden evaluar las posibles reacciones del mercado. El gráfico muestra la correlación inversa entre los picos esperados del virus y los mínimos potenciales en los mercados: la línea “roja” es un pronóstico de nuevos casos si no existiera aislamiento social; la “verde” muestra cómo el distanciamiento social aplanará la curva de nuevos casos y la “azul” muestra cómo el crecimiento de la pandemia puede duplicarse cada 4 a 7 días. Mientras que el gráfico inferior muestra cómo la distancia social se correlaciona con los movimientos del S&P 500. A medida que aumenta el número de casos, hay un canal relacionado en el S&P500. Mirando los niveles actuales, es probable que se vean más ventas a medida que el número de casos aumenten a un posible mínimo de 2.000 puntos entre mayo y junio. Explica que los epidemiólogos actualmente pronostican que la pandemia se desarrollará en dos oleadas, con la ruptura actual y la remisión durante el verano seguida de una posible segunda ruptura en otoño e invierno de este año.

Los investigadores piensan que el análogo más cercano a la pandemia Covid-19 es la gripe española en 1918, que regresó el siguiente invierno y provocó una segunda ola de infecciones y muertes aún mayores. El primer punto azul muestra dónde está el S&P hoy en esta etapa temprana de la pandemia. El índice puede continuar cayendo a medida que aumenta el daño económico y disminuye el PIB en el I y II trimestre. El S&P puede caer hasta 2.030 en esta primera ola; a partir de ahí, los mercados pueden recuperarse hasta 2.350 a medida que el brote se desvanece y emerge una recuperación económica. Pero ante una posible segunda ola de virus en el otoño, es probable que el daño económico empeore debido al aumento del desempleo, la disminución del gasto corporativo, la caída del gasto del consumidor y la reanudación del distanciamiento social. La segunda ola se ajusta a un modelo de declive visto en 2000 a partir del susto por Y2K.

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