10 de febrero 2004 - 00:00

Ministro rindió examen en Casa Rosada

La plana mayor del gobierno, Néstor Kirchner y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le reclamó a Roberto Lavagna, horas antes de su encuentro con Horst Köhler de ayer en Coconut Groove (Florida), aclaraciones precisas sobre dos capítulos que conduce el Ministerio de Economía: por qué no avanzó el sindicato de bancos y por qué se creó el registro de acreedores. El motivo de la preocupación habría surgido en los últimos días, luego de que otros funcionarios habían recogido desde el exterior, y a pedido del jefe de Estado, opiniones sobre qué quería decir el G-7 sobre la necesidad de negociar de «buena fe». Las primeras explicaciones fueron que esos dos proyectos, cuyo manejo es exclusivo de Economía (más exactamente, del secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen), fueron factores negativos para el avance de las negociaciones con los acreedores. Las versiones recogidas desde el exterior, especialmente desde los Estados Unidos, fueron que la marcha tanto del sindicato de bancos como del registro de acreedores hasta ahora sirvieron más para espantar y rechazar la oferta de quita de 75% (en realidad, 90%) de la deuda en default que para conseguir adhesiones.

Lavagna
se vio de esa forma obligado, a horas de comenzar sus reuniones con la cúpula del Fondo, a dar explicaciones sobre los dos puntos en cuestión, intentando, además, defender su papel en los dos proyectos; hasta ahora, con muy poco éxito.

El ministro habló así el domingo a la noche y ayer a la mañana sobre los dos temas, fundamentalmente sobre cómo pueden evolucionar; más allá de lo que sucediera en el encuentro de ayer en Coconut Groove.

Sobre el tema de los sindicatos de bancos, las explicaciones del ministro rondaron sobre los temores de las entidades de recibir cataratas de juicios en su contra por ser representantes del gobierno argentino. Según el ministro, su cartera necesitaba más tiempo para poder armar una estrategia legal internacional sólida para poder cubrir la actuación de los bancos. Dijo, además, que si seguían las deserciones (hoy sólo quedan el UBS Warburg y el Barclays como interesados en permanecer), se llamaría a otras entidades, aunque reconociendo que serían de menor categoría.

Sobre el registro de acreedores, se reconoce tanto desde Economía como desde el ala política que no fue una idea positiva. Pero también se sabe que esta situación no puede plantearse públicamente, porque se vería afectada seriamente la credibilidad de la posición del gobierno. Por esto, el registro nunca se cerraría. Lo que se buscaría son otras alternativas que lo «complementen», y que lentamente el fallido registro vaya desapareciendo de la atención del público y los acreedores.

También hay reclamos desde Economía hacia el «ala política», aunque no hayan sido expuestas aún ni pública ni privadamente.
Entre los colaboradores de Lavagna se habla sobre las consecuencias negativas de haber «politizado» el tema del tratamiento de la deuda. Concretamente, lo que se critica entre los hombres de Economía son las declaraciones sobre la comparación entre la compra de un bono de la Argentina y las visitas a los casinos.

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