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Salarios: tras la caída de febrero, se agranda la brecha entre sectores y persisten las dudas sobre una recuperación
Al asumir el nuevo ministro de Economía, sus primeras declaraciones señalaron que los aumentos salariales «son un factor central para el crecimiento» y que la inflación surge «de las inconsistencias y no de la política salarial». Sin embargo, la principal inconsistencia básica del modelo actual es pretender una economía cerrada para las importaciones y, a la par, abierta para las exportaciones.
La política cambiaria deteriora el salario real, porque la estructura del consumo de los asalariados se circunscribe a productos que conforman el núcleo de la exportación agropecuaria (carne vacuna, cereales y lácteos). El gobierno cree que puede superar esta antinomia aislando el mercado interno del externo y fijando precios máximos, prohibiendo exportaciones o subiendo retenciones. Mientras tanto, utiliza cualquier ardid para esconder la emisión que infla el consumo. La teoría cuantitativa del dinero data de 1526. En un opúsculo en latín titulado «Monete Cudende Ratio», Nicolás Copérnico argumenta que «la moneda pierde su valor especialmente cuando se la multiplica en exceso», y que éste se encuentra en razón inversa de su cantidad. Como tenía bastantes complicaciones con su teoría del sistema heliocéntrico que casi lo lleva a Galileo a la hoguera, pasó inadvertido para el Tribunal del Santo Oficio, porque era canónigo y no clérigo. Además, Clemente III estaba ocupado con Lutero y no con la inflación.
En su «Lezione delle Monete» de 1588, Davanzatti, buscando la ecuación de Fisher, decía que sólo Dios podía desde el cielo descubrir la regla de las proporciones matemáticas que las cosas guardan entre sí y con el oro, ya que hay sobre la tierra tantas cosas, tantos hombres, tantas necesidades y tanto oro.
Por su parte, el Abad Ferdinando Galiani en 1750 llega a indicar que no es el costo del trabajo lo que determina el valor, sino a la inversa. Pero como Marx odiaba a cualquiera que se relacionara con los curas, ignoró todas las obras -además de la Summa de Aritmética, Proportioni y Proportionalitá del fraile Lucca Paccioli de 1497- y subyugó a varias generaciones con la plusvalía.
Cuando algunos gobiernos creyeron esto último, llegó la inflación: Irving Fisher no tuvo la culpa, sólo se le ocurrió medirla y transformarla en un índice, que es el que tanto preocupa al gobierno. Fue entonces cuando, para evitarle preocupaciones al Presidente, a Guillermo Moreno se le ocurrió actuar sobre el índice, debido a que no tenía voz ni voto en la política salarial ni en la monetaria, ni en los precios internacionales.
Como también cayó en la trampa de la plusvalía, fue él quien manipuló los métodos tradicionales de fijación de precios y después del INDEC.
Lo que cualquier observador pretende es contar con su propia estimación acerca de lo que sucederá después de las elecciones, para proteger su activo. Como decía Maquiavelo, a la gente no le importa tanto la pérdida de su padre como la de su patrimonio.
Y si el ministro de Economía hace tamañas declaraciones, el Banco Central se «autosuscribe» sus propias obligaciones (lo cual, efectuado por un emisor privado, originaría un sumario de la CNV), y el gobierno pone el grito en el cielo porque tiene que vender menos de 1% de las reservas (como si no se acumularan para regular la liquidez), el pánico de cualquier observador es qué harán después del 28 de octubre con las tarifas, los precios, los salarios, la tasa de interés y, por supuesto, el índice de precios.
Nadie puede «manipular» el índice ya manipulado para tener mayores ganancias, porque ni siquiera las podría reflejar en su contabilidad, habida cuenta de las normas internacionales sobre volatilidad de activos. Pensar en buscar una solución para todo en un mes, pegado a la asunción de un nuevo gobierno, es no aprender la lección de los dinosaurios y pensar que la plusvalía de Marx existe. Sólo la vigencia de la seriedad puede evitar un colapso. Como bien decía Einstein, si buscan resultados distintos, no hagan siempre lo mismo.




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