16 de septiembre 2003 - 00:00

Muy duros por el final de Cancún

¿Habrá pagado ayer la Argentina la primera cuota del favorable acuerdo logrado con el Fondo Monetario con el apoyo irrestricto de Estados Unidos? Se sabe que George W. Bush habló con el presidente Kirchner el viernes, inmediatamente después de concretado de palabra el acuerdo. Se dice que Bush, que veía venir el mal final de la reunión de la OMC en Cancún, le solicitó colaboración. ¿Para evitar el derrumbe que tuvo esa cumbre o para pedirle que no se sume a la protesta? Lo cierto es que ayer Lula Da Silva, de Brasil, y Lagos, de Chile, entre otros, se lanzaron con duras críticas, pero no la Argentina, que fue fundador del Grupo de los 22 (G-22) que quieren que los países desarrollados no gasten 280.000 millones de dólares anuales en subsidiar la ineficiencia de sus productores en contra de las exportaciones de alimentos de los países en desarrollo.

«Perdimos todos.» El comisario de Comercio, Pascal Lamy, resumió así el fracaso de la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Cancún.

Todo indica que la OMC va a cambiar sus reglas, porque se le han cargado más culpas de las que tiene, entre ellas, permitir que los países más chicos puedan bloquear cualquier iniciativa. Lamy calificó a la OMC de «organización medieval» por este privilegio de los más débiles.

La realidad es que son todos perdedores, algunos más que otros. El plan era concluir la Ronda de Doha, iniciada en 2001, dentro de 15 meses con acuerdos que les permitirán a bancos y compañías aseguradoras de Europa, Japón y Estados Unidos operar en todos los mercados del mundo, mientras «avanzaban» hacia una rebaja de subsidios agrícolas.

Era un intercambio desigual: los países en desarrollo abrían sus mercados a las empresas de servicios a cambio de promesas.

El Banco Mundial imaginaba al término de Cancún un acuerdo que incrementara en 520 mil millones de dólares los ingresos del mundo dentro de 12 años; los economistas apostaban a que las reactivaciones se verían reforzadas por la mayor apertura de los mercados
. La realidad dijo que las propuestas de Doha quedaron desbaratadas y el comercio mundial está entrampado. En Cancún lo único que se aprobó es la entradade dos nuevos miembros. Ahora son 148 países los que integran la OMC.

A corto plazo puede ser costoso para la Argentina y el Mercosur, pero a mediano plazo ganarán porque es el primer golpe serio a los subsidios agropecuarios.

Estados Unidos se favorece en parte porque ama los acuerdos bilaterales, al revés de Europa, que se fascina con las negociaciones en bloque.

Otro de los acusados por el fracaso es el canciller mexicano Luis Ernesto Derbez, que presidió la reunión, por interrumpir las conversaciones el último día, antes de que los negociadores tuvieran oportunidad de tratar los subsidios agrarios. Derbez no hizo nada que no quisieran los países emergentes.

La OMC lleva dos fracasos en cuatro años, demasiado costo. Esta organización nació en 1994 desde el GATT, una entidad menos ambiciosa pero que consiguió ocho rondas de liberalización del comercio en medio siglo
.

• Presiones

La Ronda de Doha era la más ambiciosa de la historia del comercio mundial y con el mayor número de países presentes, y ahora es el mayor de los fracasos. El centro de atención en Cancún fue el G-22, integrado por los países en desarrollo que rechazan los subsidios agrícolas, liderado por Brasil, la Argentina y la India. El G-22 representa 50% de la población mundial y 65% de los agricultores del planeta.

Fueron a la V Conferencia Ministerial de la OMC con una posición más firme distinta a la del borrador de Ginebra, que complacía a las empresas de Europa y Estados Unidos
. Sus miembros actuales son la Argentina, Brasil, Bolivia, China, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, India, Indonesia, México, Nigeria, Pakistán, Paraguay, Perú, Filipinas, Sudáfrica, Tailandia, Venezuela y Egipto, pero su composición fue variando a medida que avanzaba la reunión.

Hubo presiones sobre este grupo.
Se incorporó Turquía, pero se fue El Salvador presionado por Estados Unidos, con quien negocia un acuerdo bilateral junto al resto de los países centroamericanos. Brasil lo tentó con un acuerdo para que se quedara, pero fracasó. La compensación vino por el lado de Nigeria e Indonesia que agrandaron el grupo.

Hasta la imprevista ruptura de las negociaciones que se produjo el domingo por iniciativa de un centenar de países africanos, caribeños y asiáticos, el G-22 lideró la ofensiva contra el borrador de una Declaración de Cancún que, obviamente, jamás se aprobó.


El G-22 alertó que el borrador perpetuaba los subsidios y dijeron que no avanzarían en otros acuerdos si no se resolvía el tema. En el camino quedaban los acuerdos que más ambicionaban Estados Unidos y Europa: inversiones, política de competencia, ley de patentes, transparencia en las compras gubernamentales y facilitación del comercio.

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