"Nadie entiende el negocio agropecuario en el gobierno"

Economía

Según Guillermo Carracedo, consultor empresario y ex CEO de Bunge y Born, donde por diez años se ocupó de toda la operación de trading cerealero, el gobierno no conoce a fondo la situación del sector agropecuario, lo que dificulta encontrar soluciones. «Se llegó a este punto por incapacidad profesional», asegura.

Sin embargo, mantiene una cuota de optimismo al asegurar que «la Argentina tiene las condiciones para seguir los pasos de Brasil, pero está pagando las consecuencias del default y la falta de política de Estado».

A continuación, los principales pasajes de la entrevista de Ambito Financiero a Carracedo:

Periodista: ¿Por qué se llegó tan lejos en el conflicto agropecuario?

Guillermo Carracedo: Por incapacidad profesional. La Argentina en otros momentos tuvo una gran política de exportación y puede volver a tenerla. El campo está dispuesto a hablar de trigo, a ver cómo hace para que al molino no le falte trigo. Lo mismo con la carne. Ahora, si el productor hace soja para tratar de financiar las pérdidas que tiene con el tambo o la ganadería, dejémoslo. Cualquier empresa tiene un producto estrella con el cual muchas veces financia a los demás. Pero el gobierno, ¿qué quiere? Plata, plata, plata. Agarran el micrófono y dicen cualquier cosa. Aníbal Fernández dijo que en todo el mundo se grava con un plus la ganancia extraordinaria. Sí, la ganancia extraordinaria que hago, por ejemplo, vendiendo esta oficina, que no es mi negocio habitual. Pero la ganancia en mi negocio habitual no es extraordinaria. Un país serio tiene que tener una política de Estado y si la producción de trigo es de quince millones de toneladas, no se les puede decir a los exportadores: «Necesito cuatro para consumo y uno para semilla, quedan diez: no pueden exportar más de diez». El exportador sabe que el año que viene tiene un cupo. Y el comprador del exterior también sabe cuánto va a tener la Argentina para exportar. El mercado interno es muy fácil de abastecer. Pero ganar un mercado externo es un gran esfuerzo. Si después cerramos las exportaciones porque el bife está caro... Así como no fuimos serios con la deuda, no somos serios en nada.

  • Límites

    P.: ¿Hay realmente peligro de sojización?

    G.C.: No. La Argentina tiene saldos exportables de todo. Y se puede producir más. Hay zonas donde lo único que se puede hacer es trigo o maíz. Estamos muy lejos de ese peligro. Podemos producir varios millones más de toneladas de soja. Ahora, si mañana tenemos 40 millones más, entonces podemos decirle al productor que no puede extenderse más, poner límites. En cuanto a la tierra, el primer preocupado en preservarla es el dueño. Y la biotecnología avanza hora a hora.

    P.: ¿Ve avances en materia de agroindustria?

    G.C.: No. No puede ser que veamos en el supermercado galletitas noruegas o finlandesas. Tenemos que fomentar que eso se produzca aquí y se exporten las galletitas que pide el mundo. La Argentina ha perdido mercados de conservas porque el papel que envolvía la lata no mantenía una uniformidad. En eso hay que poner gran esfuerzo, capacitar a la gente. Hay países que se financian vendiendo chocolates o relojes. Y nosotros tenemos la posibilidad. Pero seguimos peleándonos, perdiendo el tiempo con una retención a la soja que es un producto que nos sobra y en la Secretaría, que es de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, no están pensando en cómo exportar alimentos. No para los pobres de África, sino alimentos que estén en Harrods, en Londres. La Argentina lo puede hacer. Tiene todo. Hay que dar ventajas impositivas. Decirle al fabricante que si se instala en Santiago del Estero por veinte años no paga Impuesto a las Ganancias. Y cumplir. No castigarlo después, por una ganancia extraordinaria.

    P.: ¿Por qué a China le vendemos poroto de soja y no aceite?

    G.C.: Eso sólo se puede evitar con convenios: yo te compro paraguas, vos me comprás aceite. Pero no tenemos negociadores.El comprador brasileñoo ruso de trigo argentino, en tiempos en que yo estaba en el negocio exportador, era siempre el mismo individuo, el mismo funcionario, de carrera, preparado. El vendedor argentino hacía tres meses que estaba. Y éste es un negocio de especialistas.

    P.: ¿Hay en el gobierno gente que sepa?

    G.C.: No. En los segundos o terceros niveles sí, los que están ganando 1.500 pesos, ésos sí saben. Fueron los que abrieron el mercado ruso, el chino.

    Ahora no hay una sola persona con la cual sentarse que entienda todo el negocio. Felipe Solá, por ejemplo, conoce el tema del campo, del acopio, pero no conoce toda la otra parte. Por ejemplo, es un negocio en el cual pesa mucho el petróleo por los fletes internacionales. Los fletes locales son muy altos porque no tenemos ferrocarril.

    P.: ¿Y qué opina del tren bala?

    G.C.: Nada de lo que dice la Presidente sobre el tren bala es serio. La necesidad que tiene la Argentina de ferrocarriles es muy grande. Pero, ¿para qué un tren bala? Para carga no es. ¿Para destruir la aviación? Porque el público que va a viajar en el tren bala es el mismo que viaja en avión. El tren bala necesita puentes o túneles, no puede haber barreras en el trayecto, pero también necesita una protección muy especial, porque un clavo en la vía y al diablo el tren bala. Y no habrá suficientes pasajeros para amortizarlo.

    P.: Usted escribió en 2005 en este diario que el «éxito» de la renegociación de la deuda lo pagaría la Argentina en falta de inversión extranjera directa en el futuro. ¿Se verificó ese pronóstico?

    G.C.: Lamentablemente sí. La Argentina no consigue créditos en Europa porque no arreglamos con el Club de París. Y tenemos colgados los hold outs. La expropiación de una empresa como Sidor antes hubiera sido una guerra. Hoy, el gobierno tiene que mirar para otro lado porque la única billetera que tiene abierta es la de Venezuela. Los países que van a default pierden seriedad. Por eso hoy hay rumores de un nuevo default aunque la Argentina tiene una situación cómoda. Las inversiones van a Brasil, México o Chile.

    P.: Se dice que a la Argentina también.

    G.C.: Sí, pero qué tipo de inversiones y a qué costo, porque a Irak también van inversores. Si en la Argentina recupero 50% por año, entonces voy. Hago una especulación, como en la ruleta, pongo una ficha. A la especulación financiera se suma la especulación productiva. Vengo, por ejemplo, a hacer una publicidad, traigo los fierros y me voy. Ahora, si veo que la Argentina me da estabilidad,me instalo. Hoy no sé si mis costos van a ser 30 dólares o 40 dólares. En los años 60, los brasileños miraban a la Argentina como una potencia y ellos no se sentían capacitados para tener vacas, ni soja, ni petróleo. Y nosotros teníamos todo. ¿Qué hicieron ellos desde los 60? Tener una política de Estado: gobiernos militares, de derecha, de izquierda; la política de Estado no la tocaron. Nosotros hicimos exactamente al revés. Por eso la Argentina está discutiendo la exportación de trigo, carne y soja mientras la Presidente va a comprar un avión brasileño. Y somos tan capaces como ellos. Pero alguien dijo invertimos en Brasil; entonces, como nosotros hacemos soja para el mundo, ellos hacen aviones. Inversiones que realmente sirvan al país e ingresen divisas con altísimo valor agregado no vienen. Hay gente capaz. Lo que no tenemos es una política de Estado.

    Entrevista de Claudia Peiró
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