27 de enero 2003 - 00:00

Para el FMI, el acuerdo serio es con nuevo gobierno

Davos, Suiza (enviado especial) - Anne Krueger llegó a la cita con Eduardo Duhalde sacudiéndose unas enormes botas de esquí que, sin amedrentarse por la presencia de varios testigos, se sacó, puso en una bolsa de compra de la cual extrajo unos zapatos de vestir mientras empezaba a escucharlo al Presidente en una escena que vista de afuera parecía el diálogo de alcoba de un matrimonio mufado. Cierto, el gesto de ambos era tenso. Era la primera vez que se veían las caras después de haber mantenido una guerra de posiciones por casi un año. Agregaba tensión que no aparecía el tercer invitado, el titular del Banco Central Alfonso Prat-Gay, que llegó diez minutos tarde, desenredándose bufanda y perramus. Era en realidad el dueño de la cita, a la que se agregó Duhalde cuando armó a las apuradas el viaje a Davos -una gira a la que opusieron varios ministros con el argumento de que debía condicionar venir a que se firmase el acuerdo del viernes con el FMI-. Tras los sombrerazos de ocasión («Fue una dura negociación», «Sí, costó», «Costó, pero salió», «Bueno, tenía que salir», etc,) siguió una explicación de Duhalde de cuáles eran las expectativas de más colaboración por parte del FMI. «Vamos a necesitar más ayuda de los organismos internacionales.» « La van a tener, lo que se firmó va a ser sometido a tres controles bimensuales y los vamos a ayudar a que cumplan», afiló Krueger, que no da puntada sin hilo.

•Explicación

Cuando se había sentado ya Prat-Gay, dominó la escena el titular del Central que arrancó una explicación sobre el compromiso que había asumido la Argentina para firmar este acuerdo. Habló en inglés, lo cual forzó más el trabajo de la intérprete Ana Braun, que debió traducirle al Presidente lo que dialogaban los otros dos. Krueger respondió con lo más agrio de la reunión. Primero que sabe que éste es un acuerdo de corto plazo y que un nuevo gobierno, que espera asuma el 25 de mayo, ¿no? («Sí», responde Duhalde), discuta un acuerdo de mediano plazo que debe incluir los asuntos pendientes. Como recitando de memoria el documento del FMI del viernes enumeró lo que hubiera querido que la Argentina hubiese resuelto y no resolvió para un acuerdo en serio que quedará para más adelante: 1) suba de tarifas; 2) reforma del sistema bancario; 3) renegociación de la deuda defaulteada; 4) amenaza de la Corte de dolarizar el «corralón». Duhalde y Prat-Gay intentaron justificar el no cumplimiento de esos puntos quitándole importancia: sobre tarifas Krueger había dicho que debía restablecerse la rentabilidad de las empresas pero sin alentar la inflación. «Hemos calculado que un aumento de 50% en las tarifas implicaría un aumento de 7 puntos del índice de precios». Duhalde respondió con el argumento de que la crisis golpeó a todos por igual pero que ninguna empresa pensaba en un aumento de 50% de la tarifa, porque además hay una tarifa social que no aumenta. Sobre la eventual dolarización de los depósitos del corralón, Prat-Gay explicó que no debían temerse sobresaltos porque la gente no va al dólar cuando vence un depósito porque en la Argentina el público tiene más dólares de los que necesita o quiere tener. Eso, dijo, se probó cuando se abrió el «corralito» y parte del «corralón» y no pasó nada. Dependerá de los bancos, agregó, y citó el anuncio que había adelantado este diario y que confirmó en un desayuno más temprano sobre la Argentina el titular del Citibank (William Rhodes banquero leyó en esa oportunidad el comunicado sobre la devolución de depósitos hasta $ 42 mil). Duhalde agregó que cree «que la Corte va a dictar una sentencia razonable sobre la dolarización de los depósitos». Prat-Gay echó mano de la biblioteca y remató con la cita erudita sobre cuántos años le costaba a Franklin D. Roosevelt sacar medidas de este tipo de la Corte Suprema de su país en los años '30.

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