Paulmann: "Gané el derecho a que me consideren argentino"
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• Hasta 2002 la facturación en la Argentina representaba 66% del total, y Chile 34%; hoy (sobre todo por la devaluación y por la compra de Santa Isabel) esa relación es exactamente al revés. Pero si compramos Disco, será 50/50.
• No quisimos endeudarnos para comprar por u$s 350 millones, por todas las compras y aperturas de nuevos centros que hicimos estos dos años; por eso nos asociamos con los fondos. Haber pedido créditos hubiera sido un gran riesgo.
• AIG nos dijo que no invertían en la Argentina, sino en nosotros porque somos una empresa multinacional.
• No creo que los presidentes Kirchner y Lagos tengan tiempo para hablar de temas como supermercados.
• Tampoco que Ahold reconsidere una suba del precio de Disco: sería inaceptable y un gran desprestigio para el banco ABN.
• No sabemos aún qué haremos con las marcas de Disco (Vea, Plaza Vea, Sol) porque son formatos que no tenemos. Lo estudiaremos cuando nos hagamos cargo de la empresa.
• Yo empecé de abajo, de telefonista en Buenos Aires a los catorce años, y me echaron por no saber castellano. Me siento acá igual que en Chile. Somos el Mercosur: siempre creí que tenemos que acercar los países, no separarnos.
• El año pasado, cuando estábamos todos cagados (sic) de susto, yo seguí invirtiendo acá; creo que me gané el derecho de que los argentinos me consideren argentino: doy trabajo a 8.000 argentinos y cuando en el '92/'93 llegaron todas las cadenas internacionales (con financiación a 2%), seguimos acá, reinvirtiendo todo lo que ganamos.
Un estilo extrovertido
El extravertido «estilo Horst Paulmann» contrasta con la habitual parquedad de sus colegas empresarios. En un momento dado, explicando sus inicios como dueño de un supermercado en Temuco (Chile), sorprende a su auditorio; cuenta que un profesor húngaro les explicaba a él y a otros minoristas cómo enfrentar a los poderosos proveedores; se para de la silla, levanta los brazos al cielo y grita (tres veces) ¡Viva Chile, mierda! mientras hace una reverencia inclinando su torso. «Ese era el método del húngaro para ganar autoestima: había que repetirlo todos los días frente al local.»
No es el único recuerdo que motiva el uso de sus poderosas cuerdas vocales: «Con mi hermano Jürgen teníamos el súper Las Brisas, e impusimos 'la bolita embrujada'. Si el cliente sacaba una amarilla de una bolsa, descuento de 20%; si sacaba la blanca, la compra iba gratis, y si era negra, le regalábamos un chivo vivo. Y todos los días salíamos con mi hermano y el chivo a recorrer las calles, yo gritando (lo hace): '¡Gánese el chivo, ya lo ganaron varios¡ ¡Compre leche, que la tenemos más barata que todos!'», y sigue durante algunos instantes más para sorpresa de quienes lo escuchan. Paulmann recuerda que instaló dos containers en lo que iba a ser el estacionamiento de su primer Jumbo en la Argentina, en Villa Lugano, «para usarlos de oficina».
Por esa época, dice, era suscriptor de Ambito Financiero, pero en diciembre del '83 deja de comprarlo: «Me daba bronca que lo 'mataran' a Raúl Alfonsín desde el primer día. Yo decía: '¿Por qué no lo dejan gobernar? Cuatro meses después, volví a comprar Ambito Financiero, porque todo lo que decían de Alfonsín y su gobierno tenían razón...».
Después de treinta años de sociedad con su hermano -que comenzó cuando convirtieron el restorán familiar Las Brisas en una deli y luego en supermercado-, la construcción del primer Jumbo en Santiago los separó: «Yo quería hacer un híper de 4.000 m², y él cuatro locales de 1.000; él se quedó con la cadena Las Brisas y yo con Jumbo».
Ahora Jürgen, un año mayor que Horst (68), vende (a través del Citi) y su hermano aparece como uno de los principales candidatos a comprar la cadena.




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