24 de abril 2003 - 00:00

Política monetaria: objetivo equivocado

El Banco Central ha determinado que su política monetaria es de flotación libre, con «inflation targeting». Esta política deja que el dólar fluctúe libremente y pone todos los instrumentos monetarios al servicio de un solo objetivo: lograr una determinada tasa de inflación.

Para lograr ese objetivo es necesario que el Banco Central conozca los determinantes de la tasa de inflación, que estos estén bajo su control y que conozca la función de reacción de la inflación a las variables que puede controlar.

Nada de esto parece ser aplicable a la situación actual de la economía argentina, pues existe un profundo desequilibrio que condiciona significativamente la posibilidad de procurar con seriedad un determinado nivel de inflación, pues ésta dependerá más del impacto de otras políticas que de la propia política monetaria.

Baste mencionar algunos de los problemas más significativos que no permiten asumir con seriedad una política de control de la inflación vía la política monetaria. En primer lugar, un significativo grado de desconfianza en la economía argentina, que ha llevado a una fuga de capitales sin precedentes; cualquier modificación en el nivel de confianza puede ocasionar cambios significativos en el nivel de la demanda agregada, con su consecuente impacto sobre los precios.

En segundo lugar, el hecho de que los precios relativos -en particular los salarios y los servicios públicos- están significativamente alejados de sus valores de equilibrio.

• Incertidumbre

El sistema financiero plantea una significativa incertidumbre, pues su situación patrimonial está seriamente comprometida, por lo que cualquier cambio en las preferencias de la gente puede determinar una fuga considerable de depósitos, lo que incidiría en la política monetaria del Banco Central, que debería actuar como prestamista de última instancia.

Por último, el sector público no está logrando el nivel de superávit primario necesario, sobre todo teniendo en cuenta que no se está haciendo frente a los servicios de la deuda externa, por lo que no debe descartarse que la situación fiscal incida sobre la política monetaria.

Pese a mi desacuerdo con el discurso del Banco Central, no me parecía necesario formular una crítica en esta materia, por cuanto su accionar estaba orientado a controlar aquellos instrumentos que realmente están bajo su control, dejando que la tasa de inflación fuera determinada por el resto de los factores en juego. Y estos factores que hemos enumerado han determinado, al menos en el corto plazo, una disminución significativa de la tasa de inflación.

Esto no quiere decir que no considere que el Banco Central podría trabajar con mayor decisión sobre algunos problemas, acentuando el uso de determinados instrumentos. Así, sería conveniente que avanzara más rápidamente en la apertura de los flujos de capitales, no para que salgan sino para generar la confianza necesaria para que regresen. Al mismo tiempo, implementar la normativa prudencial que atenúe el impacto del ingreso de capitales golondrina que vengan a aprovechar las elevadas tasas de interés que ofrece el sistema financiero, amparadas por un tipo de cambio que -de recuperarse la confianza- debe caer aun mucho más. También sería muy positivo avanzar en la consolidación del sistema financiero, que es crucial en sí mismo y por su impacto potencial sobre la política monetaria futura.

• Objetivo

Pero las declaraciones de sus máximas autoridades luego de la reunión del Fondo Monetario, publicadas el 12 de este mes, cambian totalmente la perspectiva de mi comentario. De acuerdo con estos dichos, el objetivo del Banco Central será lograr un nivel inflacionario que sea consistente con la pauta inflacionaria que ha fijado el Poder Ejecutivo en el Presupuesto 2003. «El objetivo es evitar una caída del dólar como la que hubo en las últimas tres semanas»... «No queremos estar tan por debajo de la inflación estimada por la consistencia deseada entre la política monetaria y la política fiscal».

Dado que, en su visión, la inflación sería de sólo 10% anual mientras que la pauta presupuestaria es de 22%, es necesario producir tanta inflación como sea necesaria para alcanzar la recaudación fiscal fijada en el presupuesto.

Sin duda, esto no es lo que se conoce como «inflation targeting», pues de adoptarse esta política, la inflación no sería un objetivo sino un instrumento (sic) de la política fiscal, y como tal estará subordinada a las metas de recaudación.

• Resultados

El gobierno del presidente Duhalde ha basado su política tributaria en los tres impuestos más regresivos y distorsivos que se conocen: el impuesto al cheque, los impuestos a las exportaciones (eufemísticamente llamadas retenciones) y el impuesto inflacionario. Los resultados de esta política están a la vista: un incremento en un año de 5 millones de pobres y de 3,5 millones de indigentes, a pesar de haber implementado un plan de asistencia social que «atiende» a 2 millones a través del plan Jefas y Jefes de Hogar. (Notemos que por primera vez en la historia, los indigentes superan a los desocupados.)

Adicionalmente, ha decidido volver a la práctica de aumentar el salario por decreto. Si bien comparto el objetivo de la recuperación salarial, el instrumento utilizado -que no toma en cuenta la realidad del mercado de trabajo- seguramente terminará incrementando el nivel de desempleo y agravando el problema.

El Banco Central, olvidando que su carta orgánica le fija como objetivo fundamental la defensa del valor de la moneda, pretende colaborar con la recaudación impositiva logrando que la inflación pase de 10% a 22% anual.

Olvida que la independencia en el manejo de la política monetaria le ha sido otorgada sujeta a ese objetivo. Cualquier otro objetivo que se autoimponga será al margen del texto legal.

Intentar aumentar la inflación para cumplir objetivos fiscales o utilizar la política monetaria para afectar el nivel de actividad económica pueden ser objetivos válidos de la política económica, pero no son de competencia del Banco Central, al menos en la actual redacción de su carta orgánica.

El Banco Central debería, por lo tanto, evitar definir políticas que contradigan su objetivo fundamental, o bien plantear una ampliación de sus objetivos.

(*) Ex presidente del Banco Central

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