22 de septiembre 2005 - 00:00

¿Qué fue el Consenso de Washington que tanto critica Cristina Kirchner?

Cristina Kirchner
Cristina Kirchner
Cristina Kirchner estos días atacó en Estados Unidos el Consenso de Washington, algo lógico porque fue un protocolo de libertad económica, algo que no fanatiza, ni mucho menos, al actual gobierno.

Si se miran los 10 postulados base de aquel acuerdo, este gobierno no puede coincidir en los puntos 2 (subsidios), 3 (impuestos bajos), 5 (cambio libre), 7 (entrada de capitales), 9 (seguridad jurídica) ni 10 ( privatizaciones), o sea en 60%.

Es obvio, entonces, que desde un gobierno de izquierda se lo ataque. Pero la realidad es otra. Aquel consenso concluyó porque fue previo a la globalización y sus efectos. También previo al boom de China y tuvo una gran falla: se pedía a los países en desarrollo importaciones libres cuando nunca las permitieron los países desarrollados a los productos agropecuarios que caracterizan las ventas externas de los mercados emergentes.

• Principios

El turbulento período de 1989 se prestaba a los excesos, cuando Francis Fukuyama proclamaba «El fin de la historia», y caían el Muro de Berlín y los regímenes comunistas de Europa oriental. Inclusive en China, los militares sofocaban con violencia y muerte las protestas en la Plaza Tiananmen. El mundo presenciaba asombrado el desafío de un joven chino, en esa plaza, que pretendió detener el avance de una columna de tanques. Murió aplastado.

En esa época de cambio, del capitalismo triunfante y el fin de la Guerra Fría, el economista inglés John Williamson acuñó la expresión «Consenso de Washington» para describir una serie de principios que las economías estatizadas de América latina deberían aplicar para atraer nuevamente a los capitales privados, después de la crisis de la deuda de 1982.

Williamson
convocó a más de cincuenta economistas de varios países, entre ellos algunos latinoamericanos, a una conferencia el 6 y el 7 de noviembre de 1989, en la capital de Estados Unidos. Se analizaron los avances y retrocesos de la aplicación de las políticas de ajuste y de las reformas estructurales. De las conclusiones surgió el libro, editado por el Institute of International Economics, «What Washington Means by Policy Reform» («¿Qué significan para el Consenso de Washington las políticas de ajuste?»).

• Objetivo

El economista era inglés, los convocantes internacionales, la sede norteamericana, pero por esto último quedó para sus críticos como « imposición norteamericana». Aparte, era una síntesis de principios de libertad económica que arrancan con David Ricardo y Adam Smith, en el siglo XVIII, o sea más de 200 años antes.

El objetivo principal, entonces, fue mejorar las economías emergentes, inspirándose en las de América latina. Era un modelo liberal, en definitiva, para todo el mundo en desarrollo. Como todo modelo de este tipo resguardaba la libertad: si quieren inversiones, proponemos esto. Asignaba énfasis a la disciplina macroeconómica -particularmente fiscal-, la economía de mercado y la apertura. Todo referido a temas de ajuste estructural que terminaron formando parte de la adecuación a los programas del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, entre otras instituciones internacionales.

El Consenso de Washington
(que podría haberse llamado «de El Cairo», «de Londres» o de cualquier otro lugar de reunión) buscó cubrir la necesidad de un marco de política económica que sustituyera a las desacreditadas estrategias semisocialistas de planificación centralizada (híbridos que no llegaban a los «gossplash» del marxismo soviético, pero dañaban el desarrollo de los países). También iba contra la política «de sustitución de importaciones» (hoy vigente en la Argentina tras nacer en 1930, después de la crisis mundial).

Una de los aplicantes pioneros o inspiradores de aquel consenso fue
Margaret Thatcher, en Inglaterra. Inició aquella primera ministra el proceso de bruñir la economía libre que ya era, obviamente, de ajuste económico y reformas estructurales en Inglaterra. Tuvo tal éxito que por primera vez en el Reino Unido la reeligieron por dos períodos.

En la región, Chile se destacó con los llamados «Chicago Boys», economistas provenientes de la Universidad Católica chilena con posgrados en la de Chicago. Tampoco le fue mal en aplicar aquel consenso. Chile es hoy la economía mejor encaminada de Latinoamérica.

• Vulnerabilidad

A principios de los '90, otros varios gobiernos de América latina adoptaron el Consenso y las políticas aplicadas dieron algunos de los resultados que supuestamente debían arrojar: presupuestos públicos más saludables, menos inflación y mayor crecimiento económico. Pero en muchos países, el desempleo y la pobreza crecieron.

El énfasis en la apertura hizo que los países se tornaran vulnerables a los efectos secundarios de la globalización, por caso los flujos de capitales privados de corto plazo.

En Chile se limitaron siempre. En la Argentina no, y así su salida brusca agravó la crisis inevitable de diciembre de 2001. Hoy el ministro
Roberto Lavagna también trabó su movimiento.

Pero no se cree que sean consideraciones que guiaran las críticas demasiado genéricas a aquel consenso de decenas de economistas en la ciudad de Washington.

El Consenso merece críticas, ya se ha dicho, pero raramente pueden ser sólidas desde el lado ideológico.

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