¿Qué fue el Consenso de Washington que tanto critica Cristina Kirchner?
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Cristina Kirchner
Williamson convocó a más de cincuenta economistas de varios países, entre ellos algunos latinoamericanos, a una conferencia el 6 y el 7 de noviembre de 1989, en la capital de Estados Unidos. Se analizaron los avances y retrocesos de la aplicación de las políticas de ajuste y de las reformas estructurales. De las conclusiones surgió el libro, editado por el Institute of International Economics, «What Washington Means by Policy Reform» («¿Qué significan para el Consenso de Washington las políticas de ajuste?»).
• Objetivo
El economista era inglés, los convocantes internacionales, la sede norteamericana, pero por esto último quedó para sus críticos como « imposición norteamericana». Aparte, era una síntesis de principios de libertad económica que arrancan con David Ricardo y Adam Smith, en el siglo XVIII, o sea más de 200 años antes.
El objetivo principal, entonces, fue mejorar las economías emergentes, inspirándose en las de América latina. Era un modelo liberal, en definitiva, para todo el mundo en desarrollo. Como todo modelo de este tipo resguardaba la libertad: si quieren inversiones, proponemos esto. Asignaba énfasis a la disciplina macroeconómica -particularmente fiscal-, la economía de mercado y la apertura. Todo referido a temas de ajuste estructural que terminaron formando parte de la adecuación a los programas del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, entre otras instituciones internacionales.
El Consenso de Washington (que podría haberse llamado «de El Cairo», «de Londres» o de cualquier otro lugar de reunión) buscó cubrir la necesidad de un marco de política económica que sustituyera a las desacreditadas estrategias semisocialistas de planificación centralizada (híbridos que no llegaban a los «gossplash» del marxismo soviético, pero dañaban el desarrollo de los países). También iba contra la política «de sustitución de importaciones» (hoy vigente en la Argentina tras nacer en 1930, después de la crisis mundial).
Una de los aplicantes pioneros o inspiradores de aquel consenso fue Margaret Thatcher, en Inglaterra. Inició aquella primera ministra el proceso de bruñir la economía libre que ya era, obviamente, de ajuste económico y reformas estructurales en Inglaterra. Tuvo tal éxito que por primera vez en el Reino Unido la reeligieron por dos períodos.
En la región, Chile se destacó con los llamados «Chicago Boys», economistas provenientes de la Universidad Católica chilena con posgrados en la de Chicago. Tampoco le fue mal en aplicar aquel consenso. Chile es hoy la economía mejor encaminada de Latinoamérica.
• Vulnerabilidad
A principios de los '90, otros varios gobiernos de América latina adoptaron el Consenso y las políticas aplicadas dieron algunos de los resultados que supuestamente debían arrojar: presupuestos públicos más saludables, menos inflación y mayor crecimiento económico. Pero en muchos países, el desempleo y la pobreza crecieron.
El énfasis en la apertura hizo que los países se tornaran vulnerables a los efectos secundarios de la globalización, por caso los flujos de capitales privados de corto plazo.
En Chile se limitaron siempre. En la Argentina no, y así su salida brusca agravó la crisis inevitable de diciembre de 2001. Hoy el ministro Roberto Lavagna también trabó su movimiento.
Pero no se cree que sean consideraciones que guiaran las críticas demasiado genéricas a aquel consenso de decenas de economistas en la ciudad de Washington.
El Consenso merece críticas, ya se ha dicho, pero raramente pueden ser sólidas desde el lado ideológico.




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