Podía ser previsible que existiera un rebaje de marcha, después de semejante aceleración de órdenes en tan corto recorrido. Pero, lo que quizá no se estimaba con tanta claridad, era lo que sucedió ayer: un rebaje de por lo menos dos marchas, en una sola maniobra. Y la «caja» del mercado expelió ese desagradable roce de engranajes, en tanto el gráfico registro la convulsión. No tanto, en verdad puede decirse que lo que mejor actuó en la víspera fue la línea de cotizaciones.
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Perdidos así, en 2% al cabo de la rueda. Pero, muy sobria si se considera que el volumen negociado retrocedió desde los $ 107 millones de efectivo -en acciones-a solamente $ 68 millones. La relación de contracciones, puso en un plano de resistencia interesante a precios que se negaron a la baja.
La rueda fue armoniosa en las bajas, en una banda que se movió de uno a tres por ciento, según las plazas, pero sin casos discordantes. Una decantación ordenada, cuidando de no arrojar más ventas que las asimilables en buena medida. Ratificó su presencia la masa de la oferta, que ya había estado ratificada en los altos montos de negocios anteriores. Una prudente vuelta al ritmo más gobernable de parte de la demanda, antes de que la plaza se fuera de madre y exigiera más esfuerzos cada día. Acaso el balde de agua fría arrojado por Aznar, sobre funcionarios que suelen contar adhesiones exteriores incondicionales a las políticas que se llevan, tuvo que ver con tal detención llamativa. Una pausa, para digerir.
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