Renta inesperada: un intento de agregar progresividad al sistema tributario

Economía

Así como la Constitución define la calidad de una República, el sistema tributario define la calidad de una economía. Por lo tanto, no es casualidad que en una región del mundo como Latinoamérica donde los impuestos al consumo explican la mayor parte de la recaudación de los estados haya una profusión de la pobreza frente a otras regiones como América del Norte o Europa donde la mayor parte de la recaudación está basada en impuestos a la renta donde en términos comparativos la pobreza no abunda.

La ventaja de contar con un sistema tributario progresivo, sin entrar en cuestiones morales sino exclusivamente de desarrollo económico y valorización de los activos empresarios, es que los gobiernos recaudan como comisionistas de las utilidades de las empresas radicadas en sus territorios. Cuanto más dinero ganen sus empresarios, más dinero entran en sus arcas. En consecuencia, los gobiernos se esmeran en generar políticas públicas que promueven las ganancias empresarias, inclusive invitando a sus empresarios a diversificarse territorialmente para atraer más utilidades en el exterior a través de subsidiarias que les permitan ganar más dinero lo que repercutirá en mayor recaudación para administrar en una gestión de gobierno con los consiguientes beneficios. Por el contrario, si la recaudación está basada en el consumo, las políticas públicas estarán orientadas a promover el consumo, tal como vemos que ocurre en Argentina repetidamente.

Nos debemos una reforma tributaria integral, que asocie el desarrollo de la economía de la mano de los empresarios. En ese sentido, el anuncio del lunes del Impuesto a la Renta Inesperada, que operará como un impuesto adicional al Impuesto a las Ganancias el que podrá reducirse en la medida que esas ganancias se reinviertan, es un incentivo que va en lo que considero el sentido correcto hacia donde debemos transitar.

Un sistema tributario progresivo no solamente ayudará a reducir la pobreza, porque impone una menor carga tributaria proporcional en los sectores que viven de su trabajo (el consumo tiene límites relacionados con la biología y no con la capacidad contributiva) sino que permitirá a las empresas incrementar el valor de sus activos al desarrollar mercados internos más sólidos y se beneficiará con políticas públicas orientadas a ganar más dinero.

Mientras no nos decidamos a tener un debate genuino, honesto y profundo sobre la necesidad de un cambio en el régimen tributario general y en evaluar los plazos para la puesta en vigencia de las normas tributarias (este es otro capítulo que merece reflexión porque los cambios de reglas tienen mucho que ver con establecer impuestos sin la debida anticipación) pienso que hay que mirar con buenos ojos estos intentos de brindar algo más de progresividad a un régimen tributario que sólo tiende a acrecentar las brechas sociales que son las que paradójicamente reducen el valor de los activos de nuestras empresas.

Según lo anunciado en la propuesta, la recaudación de este impuesto será asignado a rentas generales, por lo que formará parte de los fondos coparticipables, lo que traerá algún beneficio al financiamiento del sistema federal (tal como lo concebimos en Argentina que, tal como lo estableció la Constitución de 1994, es otro debate más que nos debemos).

Más allá de los condicionamientos y extemporaneidades que trae esta propuesta de Impuesto a la Renta Inesperada, le veo la ventaja de agregar algo de progresividad al sistema tributario, pero sobre todo espero que dé origen a un debate público y participativo para modificar nuestro esquema impositivo.

No es posible esperar un cambio profundo en nuestro funcionamiento económico si no modificamos nuestro sistema tributario. Por algo nuestros jóvenes, que no necesariamente son tributaristas pero son sensatos, eligen emigrar a países donde la recaudación se basa en impuestos progresivos.

(*) Contador Público. Socio de SMS Buenos Aires

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