Sombras sobre el futuro del euro
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De un lado, el afán de los políticos que querían desarrollar más su nuevo juguete para así adquirir a través de él una posición de más poder a nivel planetario, para contrastar con las grandes naciones como EE.UU., Rusia y China.
De otro lado, si el pueblo no quiere -tampoco quería el euro, pero nadie se lo preguntó-, no quiere y con seguridad tiene sus buenas razones, sean éstas más históricas que prácticas.
En realidad el No irlandés fue dado por razones equivocadas y superficiales, pero fue como «una bofetada» para los políticos que con su rol paternalista siempre creen que «saben» lo que es bueno para sus ciudadanos.
No cabe duda que el tema volverá dentro de dos o tres años en alguna otra forma, o en etapas.
Los problemas que está enfrentando el euro, sin embargo, pueden demorar el proceso. La moneda única fue introducida por los mismos políticos desesperados, que en tantos años de tratados y discusiones, no habían logrado soluciones en muchos aspectos fiscales, tales como el IVA o las tasas de los impuestos a la renta, que serían las bases para lograr una armoniosa unión monetaria.
En 2002 «se puso el carro delante de los caballos», imponiendo una moneda única que nadie quería y que a los seis años de vida está dando fuertes señales negativas.
El problema principal reside en los países del sur de Europa y en particular en Italia, un país que siempre vivió bien con su moneda débil, devaluándola regularmente y pagando altas tasas de interés a sus jubilados que tenían sus ahorros en «Buono del Tesoro».
Con el euro, la deuda interna se volvió deuda externa y la moneda, gracias a la libre circulación de capitales, pudo salir de las fronteras. Como el dinero es inteligente, siempre se va donde más seguridad tiene y donde las posibilidades de ganar son mayores. Este lugar, claramente, es Alemania, que con la expansión al Este se encuentra ahora también físicamente en el corazón de Europa.
Por la escasa credibilidad de sus políticos y sus prácticas, el gobierno italiano hoy tiene que pagar 0,50% más de intereses que Alemania sobre sus abundantes deudas.
Pero eso no es todo: en Alemania muchos ciudadanos han comenzado a rechazar billetes de euros «italianos» o «españoles», detectables por los números de serie. Sólo aceptan euros cuyos números comienzan con una «X» impresos por el Bundesbank y no los que empiezan con «V» de España o los con «S» del Banco Central Italiano.
El problema es aún más profundo; sin embargo, Italia no va a soportar al euro y podría pedir su salida dentro de los próximos cinco años, volviendo a algún otro tipo de moneda nacional que le permita un manejo mas «flexible» («a l'italiana», diríamos) de su economía. Esto no sería catastrófico; por el contrario, con el tiempo llevaría a una situación más natural y no impuesta por los políticos. El proceso, sin duda alguna, creará mucha incertidumbre y la incertidumbre lleva generalmente a la desvalorización de la moneda. Lo que es difícil hoy es escoger cuál es el menor de los males. Por las dudas, diversificaría en francos suizos.




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