22 de febrero 2021 - 00:00

El final de la Gran Desconexión. La Bolsa tenía razón, dicen los bonos. Y ahora, ¿siga su ruta o marche presa?

En noviembre, el triunfo de la fórmula Biden-Pfizer le puso punto final. "Es la economía, estúpido", hubiera apuntado James Carville,

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La Gran Desconexión. Así se rotuló la intriga en la tapa de Bloomberg Businessweek, el 15 de junio pasado. ¿Por qué las acciones siguen subiendo?, se preguntaba. ¿Cómo conciliar un avance de 43% del S&P500 desde los mínimos de marzo (a valores del 9 de junio, calculada a hoy es de 74%) con una economía diezmada por el covid-19? Siempre se sospechó de una burbuja. Antes y después de la pandemia. Nunca, hasta el presente, se pudo confirmar. Wall Street trepó 30% en abril cuando el mercado de trabajo destruyó 20,5 millones de empleos netos. Sostenida por anabólicos, desde ya. Y nutrida por una fe admirable que entonces no movía montañas pero sí cotizaciones. De ahí, la existencia de una “peligrosa brecha” entre los mercados y la economía real, al decir de otra tapa, la de The Economist.

Esa discusión se zanjó. En noviembre, el triunfo de la fórmula Biden-Pfizer le puso punto final. “Es la economía, estúpido”, hubiera apuntado James Carville, otrora asesor del presidente Clinton. Nada más reflacionario de la actividad que enterrar la incertidumbre electoral, sumar estímulo a mansalva y una vacunación eficaz. Subsistían, sin embargo, bolsones de escepticismo en el mercado de bonos del Tesoro (no en los corporativos, creyentes tempranos). El alza de las tasas largas es su tardía rendición. La pendiente de la curva de rendimientos entre los dos años y los treinta se empinó hasta casi los 2 puntos porcentuales. En un mundo de tasas (cortas) cero, en la tierra prometida de los bancos centrales hasta 2023, un diferencial así vaticina por fin una economía muy robusta. En definitiva, por extraño que haya sido, la Bolsa tenía razón, y no una agitación febril.

¿Qué saben los bonos que la Bolsa ya sabía? ¿Suben las tasas largas por el vigor que la economía presagia? ¿O por la inflación que acecha a la vuelta de la esquina? ¿No es acaso el mensaje de economistas como Summers y Blanchard, inquietos por el porte del megaplan fiscal que Biden empuja en el Congreso? Las tasas nominales del Tesoro a diez años se elevaron 20 puntos base esta semana, derecho a 1,34%, raudas y sin techo cercano aparente. Pero todo ello, más otros cuatro puntos base, puede atribuirse a un incremento de la tasa de interés real. La historia dejó de ser el aumento de las expectativas de inflación hacia niveles que de verificarse serían del agrado de la Fed, deseosa de una inflación que exceda su meta promedio de 2% por un buen rato (hasta recuperar, como mínimo, los diez millones de puestos de trabajo que se comió la recesión). Todavía la tasa real – negativa en 0,82% a diez años – es la variable cíclica más desalineada. ¿Podrá la economía crecer 9,5% interanual en este primer trimestre (cuando hubiera descarrilado sin el suplemento fiscal de 900 mil millones de dólares de diciembre)? Tras el salto de 5,3% en las ventas minoristas de enero, el pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta, altamente volátil, dice que sí. El consenso de los economistas vislumbra 3%, pero se revisará. Y quizás se arrime a 5%. Sin embargo, lecturas en torno a 6% o 7% no sorprenderán en los dos próximos trimestres si Biden se sale con la suya (que es lo más probable). ¿Qué sentido tendría una tasa real negativa? Los bonos le darán más la razón a la Bolsa, las tasas escalarán, y la duda será si el rally tiene más recorrido o debería rebobinar para incorporar un nuevo umbral de tasas de largo plazo. Cuando el Congreso apruebe el paquete de Biden, y ya no haya más estímulo que esperar, o sea, en marzo, la respuesta será urticante. Las presiones de costos son evidentes y se acentuarán. No afloran en la inflación minorista. Y hasta noviembre tampoco en la mayorista. En diciembre, sí; pero sólo en la canasta de bienes. Y en enero, su presencia se generalizó a bienes y servicios. Con la Fed de brazos cruzados, alentando el “siga, siga” pujante del ciclo a “tasas chinas”, los mercados deberán aprender a moverse conforme el nuevo chip. ¿Acertará la Bolsa otra vez? ¿Se empachará o corregirá primero? ¿Bastará con rotar de sectores y reacomodar duración y precios relativos? Serán por cierto tiempos interesantes.

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