¿Es tiempo de llamar a la ambulancia, Gekko?

Economía

¿Hora de despachar la ambulancia? ¿O sería una exageración, Gekko?

Periodista: ¿Estamos al borde de un ataque de nervios?

Gordon Gekko: Estamos en medio de un ataque de nervios al borde de un mercado bear. Con una valuación más razonable. Pero ello no le gusta a nadie. Y con una economía en expansión, que se apronta sí a debilitarse, y tal vez mucho; pero todavía tiene margen para zafar del trance. No nos sobra nada, salvo la ansiedad.

P.: El problema es Wall Street y no Main Street.

G.G.: El problema es que hay que bajar la inflación y hacerlo sin rodeos. La Fed está tomada a pleno por esa necesidad. Y quiere ajustar pronto.

P.: No hay rescate en puerta.

G.G.: Primero tendría que haber un accidente. La política monetaria cambió en 2020. El enfoque dejó de ser preventivo y se tornó flexible.

P.: Sobre todo, en materia de inflación.

G.G.: Es mejor prevenir que curar. La flexibilidad sirvió para impulsar una recuperación rotunda en tiempo sumario, y no enturbiar el proceso. Pero ahora hay que curar una inflación demasiado alta. La idea es cuánto antes, mejor. La economía puede absorberlo. Lo dice el Gobernador Waller.

P.: ¿Y usted lo cree?

G.G.: Mi temor en un aterrizaje así (tardío pero que procede a toda prisa) es un percance crediticio. Nunca se sabe. Cuando uno desciende en picada no hay gran visibilidad. Y la destrucción de valor no es poca cosa. Con todo, los mercados establecidos funcionan bien, con fluidez y pocos incidentes, sin contagio de las criptomonedas. Descubrir que una stablecoin puede ser inestable era vivir en la Luna de Valencia. No está mal bajar a Terra.

P.: La propia caída de la Bolsa, ¿no puede precipitar el deterioro de la economía real?

G.G.: Por supuesto. Esa conexión ya se estableció vía expectativas. La idea de que vamos a una recesión global no sorprendería a nadie. Es materia principal de conversación. Y es curioso, sucede en paralelo con una suba muy pronunciada de las tasas de interés reales.

P.: Las tasas reales languidecieron cuando la recuperación de la economía levantó vuelo. Era imposible sacarlas del terreno negativo. Y ahora que se pone en duda la continuidad del ciclo, se despiertan y con fuerza.

G.G.: Con bríos crecientes. A 10, 20 y 30 años ya son positivas. La suba de tasas nominales, si se la desglosa, es en esencia un aumento de tasas de interés reales.

P.: Esto se acentuó desde que el QT -la reducción de la cartera de bonos del Banco Central- entró a tallar fuerte en la discusión. Y la poda empieza recién en junio.

G.G.: Sí. La tasa nominal a 10 años trepó 138 puntos base el último año. De los cuales, la tasa real aportó 126. Y el último mes, en el que la tasa nominal creció 28 puntos base, la tasa real aportó 52.

P.: Quiere decir que cayó la expectativa de inflación.

G.G.: Créase o no.

P.: Lo que hace falta es que la propia inflación pise el freno.

G.G.: Eso es muy probable que haya ocurrido en abril. Lo sabremos mañana (por hoy) cuando se publiquen los precios al consumidor.

P.: Deberían calmarse los nervios, entonces.

G.G.: Con tanto pesimismo, sí.

P.: ¿Cree que la Fed relajará su postura si es así?

G.G.: Powell nos dijo que medio punto de suba en junio y julio está en el tapete, y que la Fed no consideraba necesario estrenar la propuesta de Bullard de tres cuartos de punto. ¿Y por qué lo dijo? Porque anticipa una moderación. En parte, porque ya se esbozó en la inflación núcleo pese a la irrupción del shock de los commodities por la guerra de Ucrania. En parte, porque mediados de marzo fue el pico para muchos de ellos. Y también por un patrón de gastos que se sesgó por la salida de la pandemia y ahora se reacomoda para absorber el impacto del mayor costo de los combustibles, y debería empezar a mostrar una huella visible en la data. Los precios de los autos usados declinaron 1% en abril y 6,8% desde enero. Son los más módicos desde septiembre. Las ventas de usados cayeron 13% en abril a pesar de la estacionalidad favorable por las devoluciones impositivas.

P.: ¿Y no piensa que la Fed se va a tranquilizar si esta moderación se comprueba?

G.G.: La procesión va por dentro. La política monetaria por fuera tiene que recuperar su rezago. Qué mejores condiciones para seguir arrimándose a una tasa neutral que una inflación que acusa recibo y desacelera el paso.

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