Suben las tasas y la Bolsa titubea. Urge revisar manual de instrucciones del rally

Economía

El salto de un cuarto de punto en apenas seis ruedas tiene a maltraer a las Bolsas. Suma casi medio punto desde comienzos de año.

Todavía no se rompió nada, pero la suba veloz de las tasas largas abolló la confianza ciega en el rally de las Bolsas y su destino manifiesto. ¿Será que la corrida de los toros, con su exageración, nos condujo a una encerrona temprana? El salto de un cuarto de punto en apenas seis ruedas tiene a maltraer a las Bolsas. Suma casi medio punto desde comienzos de año. No incomoda el nivel -1,36%- sino la volatilidad, y desconocer, quebrados sucesivos rangos, dónde se estacionará, al menos, por un tiempo prudencial. Si la Bolsa no desensilló antes, por ejemplo, a principios de febrero, fue porque el presidente Biden maniobró su mega paquete fiscal con notable celeridad en el Congreso (este fin de semana podría aprobarse en la Cámara de Representantes). Pero también porque los bonos, a diferencia de las acciones, respondieron con placidez (hasta ahora) a cada señal de mejoría económica. Esa holgura, ¿se acabó? Acciones y bonos solían trepar juntos, ¿ya no más? Con tasas en alza, aun así, el rally de las Bolsas puede continuar a caballo de la recuperación de la actividad (que todavía no superó el umbral previo a la pandemia). ¿Dónde está el problema? En que los precios de las acciones ya cotizan una economía muy robusta, y las tasas, no. Si su sensibilidad se acentúa, levantarían una muralla no prevista. Recordar que los bonos eran los vigilantes de las presiones inflacionarias, ¿encienden una alarma de recalentamiento? ¿La Fed querrá poner paños fríos?

Dejemos que conteste su titular, Jerome Powell. Sobre la recuperación en sí, dijo que era despareja e incompleta. Su dinamismo se desaceleró por el covid. En el mercado de trabajo, los tres últimos meses, la creación neta de empleo se redujo a sólo 29 mil puestos mensuales, la tasa de desocupación permanece elevada en 6,3% (y bien medida, orilla 10%, como señaló en otra presentación), y hay millones (doce) de estadounidenses que buscan conchabo. La FED no logró aún ninguno de sus dos objetivos: ni el pleno empleo ni la inflación deseada. ¿Alguna duda sobre sus intenciones? No se moverá un ápice. ¿Sorprende? No debería. Hay que revisar el manual de instrucciones del rally, porque el primer ítem señala que la institución cambió su enfoque de política monetaria en 2020. Es más tolerante de la inflación de corto plazo. Dejará que exceda 2%. Y no endurecerá la política sólo porque aumente el voltaje del mercado laboral (y para eso hay que crear todavía más de diez millones de empleos). El punto dos del manual nos dice que la política monetaria ya no ocupa el asiento del conductor. Manda la política fiscal, y es la que eriza la sensibilidad de las tasas largas. Tras la inyección de 900 mil millones de dólares de diciembre, que le cambió la cara de fatiga a la economía actual, viene el plato fuerte de 1,5 billones de dólares, o quizás más, que Janet Yellen planea servir en marzo. La situación a media fuerza que describió Powell será reemplazada por una realidad de pujanza incomparable. No en vano avisó que la Fed izó su pronóstico de crecimiento 2021 a 6%. Tercer ítem del manual: el avance de la vacunación y la conformación de una masa crítica que alivie el peso muerto de las restricciones de movilidad. Sobre estos tres pilares, una política fiscal exuberante, la política monetaria ultra-acomodaticia y una vacunación exitosa que expulse al covid de la escena económica, descansa la lógica del rally vibrante. ¿Que Powell puede asustarse y abortar todo cuando recién la economía se apresta a ingresar en la rampa de lanzamiento? Las dudas de hoy de las Bolsas son un aperitivo. La pregunta del millón es si se puede empujar a la economía de EE.UU. a crecer a tasas chinas y no sucumbir en el intento. Wall Street ya metió en los precios que sí, pero nadie lo sabe a ciencia cierta. Que no se desanclen las expectativas inflacionarias será clave. Pero ya no hay marcha atrás. Biden y Yellen apretarán el botón nuclear. El mayor peligro, dicen, es no hacer lo suficiente.

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