¿Qué une a industriales argentinos y brasileños?: el terror que les provoca la «amenaza china». Ayer, como si hubiera estado concertado a la distancia, dos entidades (una local, la otra paulista) se pronunciaron en favor de imponer todas las barreras que permita la ley para impedir el ingreso de bienes chinos a ambos países. En Buenos Aires, la Cámara Argentina de la Máquina Herramienta (Carmahe) pidió la puesta en marcha de «controles arancelarios, cupos o barreras que impidan el ingreso indiscriminado de productos de bajo precio procedentes de China». En tanto en San Pablo, la poderosísima FIESP (Federación de la Industria del Estado de San Pablo) reclamó que su gobierno «haga efectivo un sistema de salvaguardias que limite la importación masiva de productos chinos».
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Los fabricantes argentinos agregaron que «el peligro no son los fabricantes orientales de esas mercaderías, sino los mercaderes argentinos que compran masivamente productos que en aquel país son para consumo interno». Sin embargo, admiten que la Argentina «necesita de las alianzas comerciales con China, ya que es hoy uno de los principales proveedores del mundo en materia de alta tecnología para algunos rubros de la industria en particular». Por su parte, la FIESP, cuyo titular, Paulo Skaf, ya había atacado duramente a China durante la reunión que hizo la Unión Industrial Argentina en Mar del Plata, divulgó ayer un estudio en el que asegura que de junio de 2004 a mayo de 2005 las importaciones de productos industrializados provenientes de China crecieron 71,33%. China «está ganando participación en el mercado brasileño y desplazando a los productores nacionales», repitió Skaf lo que dijo en Mar del Plata.
El gobierno brasileño admitió que están estudiando aplicar salvaguardias, «quepodrán ser sobretasas, cuotas o una combinación de ambas», según explicó el secretario de Comercio Exterior, Ivan Ramalho.
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